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Natasha Popova, de 12 años, nació con microcefalia; Vadim Kuleshov, de 
8 años, padece retraso mental y problemas en los huesos. Desde el 
desastre nuclear de Chernobyl en 1986 se ha registrado un incremento 
de niños con afecciones de salud, especialmente en Belarus, la región 
más contaminada.

Natasha Popova, de 12 años, nació con microcefalia; Vadim Kuleshov, de 8 años, padece retraso mental y problemas en los huesos. Desde el desastre nuclear de Chernobyl en 1986 se ha registrado un incremento de niños con afecciones de salud, especialmente en Belarus, la región más contaminada.

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El peor accidente de la historia nuclear sucedió la noche del 26 de abril de 1986. El reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl, en la exURSS, estalló y provocó una catástrofe cuyas consecuencias aún afectan severamente a la población y al medio ambiente.

El accidente en Chernobyl fue producido por fallas en los sistemas de control del reactor y la ineficaz actuación de los operadores ante la emergencia. Una lamentable combinación de factores que ocasionó dos explosiones que liberaron al ambiente cerca de ocho toneladas de combustible radioactivo. Las brigadas especializadas y los bomberos trataron de sofocar los incendios y neutralizar las fugas radioactivas. Por lo menos, 30 personas fallecieron en el momento por exposición a la radiactividad.

En un radio de 30 kilómetros fueron evacuadas cerca de 40 mil personas, poco después del accidente.

Inicialmente, el gobierno de Rusia -al que en ese entonces pertenecía el territorio de Ucrania- quiso ocultar el accidente. Sin embargo, las autoridades debieron reconocer la tragedia cuando la nube radiactiva se desplazó fuera de sus fronteras y afectó a otras naciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que el accidente emitió 200 veces más radiactividad que la liberada por todas las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945 (el gobierno de Ucrania afirma que fue 500 veces más).

Secuelas hasta por mil años

10 años después. Cuando se cumplieron diez años de la catástrofe, la revista científica Nature publicó un estudio coordinado por Yuri Dudrova, del Instituto Vavilov de Genética General con sede en Moscú. El estudio demostró que la radiactividad había causado graves daños al ADN de las células germinales, las responsables de transmitir la información genética, por lo que las secuelas de Chernobyl perdurarán durante varias generaciones. Diversos estudios realizados en la zona, tanto por instituciones gubernamentales como por varias organizaciones sociales, han concluido que los efectos de la explosión se seguirán manifestando en las generaciones venideras hasta por los próximos mil años.

Según la OMS, en 1995 el cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285 veces más frecuente que antes de la catástrofe, y las enfermedades de todo tipo en Ucrania eran 30 por ciento superiores a lo normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico causado por las radiaciones.

15 años después. En 2001, la evaluación de víctimas totales por contaminación directa o por consecuencias indirectas de la catástrofe ascendía a 20 mil personas muertas o con pronóstico fatal, debido a las afecciones contraídas a consecuencia de la radiación. Además de que se habían contabilizado a cerca de 300 mil personas, muchas de ellas niños, aquejadas por distintos tipos de cáncer.

En febrero del 2002, un informe de la ONU titulado Las consecuencias humanas del accidente nuclear de Chernobyl: una estrategia para la recuperación señalaba que al menos dos mil personas sufrían de cáncer de tiroides provocado por el yodo radioactivo liberado por la explosión. También se calculaba que en los siguientes años habría ocho mil o diez mil personas con cáncer de tiroides.

Las Naciones Unidas señalan que un área del tamaño de Holanda quedó inutilizada permanentemente para uso agrícola, debido a que está contaminada con sustancias radiactivas.

La ciudad de Pripiat, que contaba con 50 mil habitantes antes del accidente, está abandonada. En la llamada zona de exclusión, un radio de 30 kilómetros alrededor de la planta de Chernobyl, habitan menos de mil personas que no tienen otro lugar a donde ir o no se han adaptado a vivir fuera de sus pueblos de origen.

Un costo impagable


De acuerdo con un estudio oficial del gobierno ruso, dado a conocer por el Wall Street Journal en 2000, los costos por la explosión superan los 250 mil millones de dólares. Tan sólo las tareas de limpieza en los tres primeros años alcanzaron los 190 mil millones de dólares.

El gobierno de Bielorrusia estima que sólo en su país, en 2015, el accidente habrá costado más de 230 mil millones de dólares. El costo total, según el Research and Development Institute of Power Engineering, alcanzará los 358 mil millones de dólares, cifra resultante de sumar los costos del tratamiento médico, descontaminación, traslados y realojamiento de la población afectada, electricidad que se ha dejado de producir y limpieza de las zonas afectadas.

Pese a la gravedad del accidente, hasta el 15 de diciembre del año 2000, catorce años después de la explosión, el gobierno de Ucrania decidió cerrar la central nuclear de Chernobyl, la cual contaba con cuatro reactores nucleares. La central dejó de operar, pero sus amenazas persisten.

Más información:
Documento: La amenaza nuclear, el caso de México.
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