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La actuación de Greenpeace fue definitiva para frenar esta matanza. Atrajo la atención pública sobre este problema al obstaculizar las labores de las embarcaciones balleneras. En alta mar, los activistas han interpuesto sus cuerpos, sus lanchas y sus barcos para evitar el disparo de los arpones balleneros. También han protestado pacíficamente ante las embajadas y los gobiernos de Japón y Noruega para que desistan de seguir cazando ballenas.
Estas acciones crearon un ambiente propicio para la suspensión definitiva de la caza de ballenas e incluso el establecimiento de santuarios balleneros.
En este sentido, desde julio de 1999, Greenpeace solicitó al gobierno de México la creación de un santuario ballenero en todos nuestros mares patrimoniales, a fin de proteger a las especies que habitan en nuestras aguas y resguardar su hábitat. Esta petición fue acompañada por una intensa campaña que incluyó la recolección de 125 mil firmas de personas que apoyaban la conformación del santuario.
Finalmente, el 24 de mayo de 2002, el gobierno mexicano decretó la constitución del santuario ballenero mexicano en todos los mares patrimoniales de México. Abarca aproximadamente tres millones de kilómetros cuadrados en aguas de los océanos Pacífico y Atlántico y del Mar Caribe. Es el más extenso santuario nacional del mundo. En él, 21 especies de cetáceos encuentran protección. Fue un gran triunfo de todos los mexicanos.
La defensa de las ballenas ha sido una ardua y difícil labor. Se han obtenido logros importantes, pero aún falta mucho por hacer. Las poblaciones de estos cetáceos apenas comienzan a recuperarse y no es posible garantizar que ya se encuentren fuera de peligro. Pese a ello, algunos países insisten en cazarlas para abastecer mercados suntuarios y procesos industriales que bien podrían emplear otra clase de insumos. Además, intentan convencer a otras naciones para que actúen de la misma manera. Asimismo, las pesquerías no selectivas siguen atrapando en sus redes a las ballenas mientras la sobrepesca trastoca el ecosistema marino y las cadenas alimenticias.
En Greenpeace seguimos de cerca estas amenazas y exigimos a las autoridades responsables que actúen conforme a las diversas disposiciones legales que protegen a las ballenas.
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