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Nuestro planeta es de agua. En los mares habita una gran diversidad de especies, desde diminutos organismos hasta criaturas colosales, en una milenaria convivencia que la actividad humana ha puesto en riesgo. De este extraordinario entorno se ocupa la campaña de Costas.

La franja marina más rica, productiva y diversa es la más cercana a la costa. Esta riqueza ha sido aprovechada por el ser humano desde tiempos inmemoriales para desarrollar su modo de vida. Pero el mal uso realizado por el hombre ha puesto nuestras costas en una situación de amenaza y destrucción.

En México, los más de 11 mil kilómetros de costas acogen a casi un tercio de la población, a lo que hay que añadir los miles de turistas que visitan los destinos de playa cada año. Esto provoca una fuerte presión sobre los ecosistemas costeros, generando problemas de perdida de hábitat y contaminación.

La ocupación física del litoral se ha resuelto con la urbanización masiva y descontrolada de la franja costera a la que hay que sumar la alarmante proliferación de hoteles e instalaciones portuarias (marinas y puertos comerciales), que han sembrado este espacio de espigones, muelles y diques de abrigo, desdibujando el perfil de la costa y alterando irreversiblemente la dinámica litoral.

La mala planificación de muchas actuaciones llevadas a cabo en la costa y la deficiente previsión de sus efectos es una realidad en nuestro litoral, debido por lo general a la masificación turística. Una de las consecuencias más directas de esta alteración es la erosión costera, que afecta principalmente al Golfo de México y Mar Caribe, y cuya expresión más visible es la alarmante desaparición de las playas en la riviera Maya.

A esta erosión hay que sumar los efectos provocados por el cambio climático, como lo es el aumento en el nivel medio del mar, que se magnifican con los graves impactos sobre los manglares, dunas y sobre los sistemas ecológicos relacionados.

México ya ha perdido el 65 por ciento de los manglares, por lo que únicamente quedan 655 mil 667 hectáreas. El Instituto Nacional de Ecología (INE) estima que se está perdiendo el ecosistema de manglar a una tasa promedio de 2.5 por ciento anual, lo que representa poco más de 4.43 hectáreas cada día, equivalente a una extensión de seis campos de futbol al día.

La contaminación del mar comienza en las costas. Ésta es otra de las grandes amenazas a la que se enfrentan las costas mexicanas: los vertidos de aguas residuales urbanas e industriales sin depurar que siguen produciéndose. En México solo se trata el 36.1 por ciento de las aguas residuales. Y lo más preocupante es que no se actúa decididamente para solucionarlo.

Esta situación no se ha revertido. Nuestro privilegiado litoral es patrimonio común de todos y así debe ser entendido por los gobiernos, hoteleros y sectores relacionados con él si queremos conservarlo y seguir disfrutándolo.

Tú puedes hacer la diferencia en la protección de las zonas costeras mexicanas. Únete a Greenpeace y participa.

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