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Por mucho tiempo, la decisión de si se debía cazar ballenas o no, ha impedido la discusión de diálogos relevantes acerca de cómo modernizar la CBI para que ésta responda a la realidad de nuestros océanos en el siglo XXI

Con el establecimiento de la moratoria sobre caza comercial de ballenas en 1982, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) se mostró como líder mundial en la aplicación del principio precautorio.


Desde entonces, la CBI se ha convertido en ejemplo internacional del embotellamiento en la toma de decisiones, en un foro en donde el ver hacia atrás amenaza el camino a seguir. 

Por mucho tiempo, la decisión de si se debía cazar ballenas o no, ha impedido la discusión de diálogos relevantes acerca de cómo modernizar la institución en sí, para que ésta responda a la realidad de nuestros océanos en el siglo XXI. Debe hacerse algo para venga un cambio real en la CBI, el cual es necesario para asegurar el futuro bienestar de las poblaciones de ballenas en los océanos del mundo.

La CBI se creó en el año 1940 porque el uso insostenible había llevado a la sobreexplotación de poblaciones de ballenas en los océanos del mundo. Esto ha sido reconocido en la Convención:

"Reconociendo el interés de las naciones del mundo para salvar a futuras generaciones de grandes recursos naturales representados por las reservas de ballenas. Considerando que la historia de la caza de ballenas ha sido testigo de la sobreexplotación pesquera de un área tras otra y de una especie de ballenas tras otra, a tal grado que es esencial proteger a todas las especies de ballenas de una próxima sobre pesca".

En 2008, a pesar de que el mundo pueda ser un lugar muy diferente a aquel del año 1940, la preocupación expresada en el preámbulo de la Convención sigue siendo la misma.

Abundantes poblaciones de ballenas y delfines se han visto reducidas. Grandes ballenas, como la ballena gris del Pacífico Occidental y la ballena Franca de Norte tambalean al borde de la extinción, así como la vaquita. Aún aquellas poblaciones que se están recuperando permanecen debajo de sus niveles precomerciales.

Sesenta años después de la entrada en vigor de la Comisión Internacional en la Regulación de la Caza de Ballenas (ICRW), todavía hay poblaciones de ballenas recuperándose de los impactos de caza excesiva que enfrentan nuevas amenazas. Estas amenazas indirectas y directas como el cambio climático, la contaminación auditiva, colisiones con embarcaciones, contaminación tóxica, destrucción de hábitats y enmallamiento con redes pesqueras, amenazan tanto a individuos como a ecosistemas enteros.

Se calcula que anualmente 300 mil cetáceos mueren como resultado del enmallamiento en las redes. Estas amenazas, y las interacciones entre ellas, deben tomarse en cuenta si es que la CBI desea asegurar la futura supervivencia de estas especies.

La CBI debe en efecto convertirse en la Comisión Ballenera Internacional, debe formar un acuerdo ambiental verdaderamente multilateral que aplique la ciencia, el principio precautorio, un enfoque ecosistémico para la seguridad de los cetáceos del mundo.

A continuación se enumeran cinco “puntos de acción” para un cambio en la CBI que puedan empezar a asegurar el futuro de las ballenas en todos los océanos:

1. La CBI necesita reformar su constitución y procedimientos para incorporar todos los elementos de gobernabilidad moderna internacional y legal, incluyendo los procesos de toma de decisión eficientes y participativos. La CBI necesita tener la capacidad de asegurar la conformidad y reforzar las decisiones, los mecanismos de cooperación internacional entre Estados y entre agencias internacionales; debe asegurar la transparencia, la consulta, la participación y mecanismos de resolución en las disputas.

2. Para avanzar, la CBI necesita sostener en su núcleo uno de los principios fundamentales acordados por varias naciones en numerosos foros multilaterales: el principio precautorio. Está escrito claramente en el Principio 15 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992) y ha sido aplicado en el contexto marino, entre otros, Artículo 6 del Acuerdo de Pesca de Alta Mar de las Naciones Unidas de 1995.

En lugar de seguir con el camino actual de desacuerdo y estancamiento, la CBI deberá cambiar su dirección para llevar hacia la recuperación a las poblaciones de cetáceos en peligro y asegurar que más poblaciones de cetáceos no corran este mismo riesgo.

3. La CBI debe adoptar y aplicar el enfoque ecositémico (el cual reconoce las interrelaciones de especies asociadas y dependientes) como parte del proceso de toma de decisión. Los miembros de la CBI deben reconocer que en el núcleo de su desacuerdo yace una diferencia de valores: la manera en la que se ven las ballenas. En vez de una discusión interminable sobre las diferencias de las partes sobre los valores, todas las partes deberían ser capaces de llegar a un acuerdo y aplicar el enfoque ecosistémico y el principio precautorio.

4. Las ballenas se han visto atrapadas en una discusión más amplia sobre el manejo de los océanos y mucho se discute que las decisiones sobre las poblaciones de ballenas repercutirán en otros asuntos de manejo pesquero, que aquello que se decida sobre las ballenas será aplicado ahora como la base de las decisiones en otros asuntos a posteriori de pesca.

Se podría beneficiar la discusión y romper el actual estancamiento si, mientras se toman en cuenta las numerosas amenazas que nuestros océanos enfrentan, se acordara que las decisiones de cómo asegurar el futuro de las ballenas no establecerán necesariamente un precedente para la gobernabilidad de otras especies marinas.

5. La comisión se mantiene profundamente dividida sobre su más reciente plan administrativo, el RMP, y existen dos interpretaciones muy diferentes del “uso sustentable”, cada una alega que lo que están predicando es toda la verdad. La CBI debe expandir el concepto del uso sustentable para que así concuerde con su aplicación moderna y reconozca que el uso sustentable ahora incluye un uso no letal (como se acordó en la reunión número 59) que lo que es “sustentable” debe basarse en las necesidades del ecosistema como un todo, que debe tomar en cuenta el total de las amenazas que enfrentan tanto las especies como el ecosistema.

Los días en los que se consideraba en aislamiento el aprovechamiento de la vida salvaje han quedado atrás. El uso letal, si es que sucede, debe diferirse hasta que todas las poblaciones de ballenas se hayan recuperado totalmente.

La propuesta de Greenpeace

Con estos puntos de acción en mente, Greenpeace propone que la Comisión acuerde detener todo futuro estudio letal y explotación de las ballenas y dedicar todos sus esfuerzos al estudio no letal de poblaciones de ballenas, e implementar estrategias para la recuperación de todas las poblaciones de ballenas en niveles de pre explotación en un ciclo de RMP de 100 años.

Esta no es una solicitud excesiva. Las naciones que cazan ballenas están pidiendo cuotas bajo el RMP, el cual opera en un periodo de más de 100 años; y el tiempo de vida de las ballenas grandes, como los rorcuales que actualmente han sido cazadas en la Antártica, es de 80 a 90 años.

La industria de caza de ballenas en el siglo 20 devastó sus poblaciones, bajando la biomasa de ballenas en la Antártica en un  5%-10% de su nivel óptimo. La CBI falló en la prevención de esto y de hecho supervisó algunos de los peores excesos de la era de caza de ballenas.

El siglo XXI debería ser un siglo de recuperación. Si la CBI puede entregarles a los ciudadanos del siglo XXII una población mundial de ballenas cerca de su abundancia óptima, entonces nuestros descendientes podrían decidir qué tipo de uso sustentable desean conseguir, y la Comisión entraría a la historia como un cuerpo previsor que asegure el futuro de las ballenas.