México es el segundo país del planeta con más ecosistemas diferentes. Sólo China, que es cinco veces mayor en tamaño, supera a México en cantidad y variedad de cadenas biológicas. Uno de los sistemas más frágiles es el de los manglares, terrenos costeros cubiertos casi todo el año por agua, en los que brotan árboles de mangle, se crían peces y anidan aves. Ante la destrucción del 65 por ciento de los manglares de México, en febrero de 2007 se reformó la Ley General de Vida Silvestre, para prohibir absolutamente la destrucción de manglares, en su artículo 60 Ter. Ahora la SEMARNAT afirma que la redacción de la Ley provocará una lluvia de amparos y los legisladores se encuentran ante la disyuntiva de flexibilizar la ley, a costa de acusaciones de los ambientalistas, o dejarla y frenar proyectos de inversión.
Seguramente cuando el Senador Guillermo Tamborrel, del PAN, se puso frente a las cámaras de televisión una camiseta negra con la leyenda “Ciudadanos en defensa del manglar”, sintió el peso y la estrechez que pueden generar los compromisos verbales.
Era 13 de febrero. Diez minutos antes, Tamborrel sujetaba discreta pero firmemente el codo de Beatriz Bugeda, representante del Observatorio Ciudadano de Vigilancia Ambiental (OCVA), quien acompañada de miembros de Greenpeace y la Unión de Grupos Ambientales de México abandonaron el auditorio Sebastián Lerdo de Tejada, del Senado, en protesta porque no se les había otorgado la palabra en un foro convocado para discutir sobre el futuro de los manglares.
--Compartimos su punto de vista, también queremos proteger el patrimonio del país. Te concedo que no te envié una invitación escrita para participar en el foro, te pido que me concedas la posibilidad de subsanarlo dándote la palabra en cuanto acabe la exposición que está en este momento—. Decía el legislador a la ambientalista sujetándola para que no saliera con otras 30 personas rumbo a la calle de Donceles.
--Están trabajando sin transparencia. Se invitó a hablar al foro solamente a las partes que apoyan la reforma, como el representante de los hoteleros. Es un foro a modo—. Subrayaba Bugeda. –No es correcto que se diga que nos invitaron sólo porque se anunció el foro en una conferencia de prensa—.
-- Bueno, les estoy ofreciendo el uso de la palabra en cuanto termine este ponente. Yo también busco la protección de los manglares. Hasta me pongo una de tus camisetas— Fue la frase con la el senador los devolvió al salón. Y tuvo que cumplir, se vistió con la propaganda del OCVA después de que Bugeda leyó un comunicado en el 120 grupos ambientalistas solicitando que no se modifique el artículo 60 Ter de la Ley de Vida Silvestre, que prohíbe absolutamente la tala de manglares, pero que tiene imprecisiones y errores de redacción que han permitido que se interpongan 50 amparos contra ella.
El artículo en controversia entró en vigor en febrero de 2007, ante la evidencia de que el 65 por ciento de los manglares mexicanos ya habían sido destruidos por los desarrollos inmobiliarios en las costas. La principal debilidad de ese artículo es que exige al gobierno mantener la “integralidad” del ecosistema, siendo que ni en castellano ni en las leyes mexicanas existe la palabra integralidad, por lo que no se puede medir si una obra afecta o no ese concepto.
El primer efecto colateral de esa restricción fue el freno a inversiones turísticas por 900 millones de dólares, de acuerdo con el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), pero también se detuvieron proyectos públicos, como la regasificadora de Manzanillo, a la que se propone invertir 2 mil millones de dólares, pero que no puede tener salida al mar por la imposibilidad de talar 0.8 hectáreas de manglar en el predio donde se planea.
Entre las ruedas de esas dos carretas se metió el senador Tamborrel cuando, en octubre de 2007 presentó ante el Senado una iniciativa de reforma al artículo 60 Ter, planteando flexibilizar la normatividad vigente y permitir que se pudieran talar manglares siempre y cuándo se hubieran desarrollado “previamente” proyectos de restauración en otros terrenos.
La idea le explotó en las manos. Como dice el refrán, no quedó bien ni con Dios ni con el diablo. La iniciativa, que ya había reunido el apoyo de otros senadores de la Comisión de Medio Ambiente, fue bajada de la tribuna y Tamborrel ahora aparece en la página de organizaciones como Greenpeace en letreros con la leyenda “Se busca, por querer acabar con el manglar”.
Aunque el 13 de febrero se puso la camiseta del OCVA, nadie puede asegurar qué destino tendrá en este momento el proceso legislativo para proteger al manglar
Los riñones de un país
La palabra anfibio se refiere a organismos que pueden vivir en el agua y en tierra. Comúnmente al escuchar esta palabra se piensa en el mundo animal, con las ranas, salamandras y sapos, pero existen también vegetales que tienen características acuáticas y terrestres. El más famoso de esos vegetales es el mangle, un tipo de árbol que puede a llegar a medir 20 metros de altura y cuyas torcidas raíces se hunden entre el agua dulce y salada que se mezcla en las lagunas costeras.
Por muchos años se tuvo la concepción de que el manglar no tenía valor económico, pero estudios y experiencias recientes, como los huracanes que han golpeado las costas de México han demostrado que esa cubierta vegetal costera amortigua el impacto de los huracanes, además de que está documentado que esos lugares son la “guardería” de numerosas especies de peces que abastecen a la industria de pesquerías.
Además de proporcionar servicios al ser humano, los manglares son como los “riñones” de un país, según los ha definido el ex director del Instituto Nacional de Ecología, Exequiel Ezcurra, pues a ellos llegan los escurrimientos de agua dulce del continente y realizan procesos biológicos para purificar el agua y liberar nutrientes aprovechados por moluscos y otros organismos.
Existen diferentes diagnósticos sobre la salud actual de los manglares en México, el más reciente fue presentado el 2 de febrero pasado. Ese día la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales presentó un estudio sobre Manglares de México que la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) coordinó y publicó. El estudio, que puede ser bajado de la página www.conabio.gob.mx, contiene información factual y técnica de 655 mil hectáreas de manglares. Fue elaborado con la participación de más de 60 especialistas y 55 instituciones.
El diagnóstico reconoce la pérdida de manglares por actividades acuícolas, crecimiento de las manchas urbanas y desarrollos turísticos. El impacto de esa destrucción en las pesquerías no se ha medido.
Nos vamos a los extremos: Sarhukán
José Sarhukán fue rector de la UNAM, pero a nivel mundial es reconocido como fundador del Instituto de Ecología de la UNAM y de la Conabio. A lo largo de los últimos seis meses se ha reunido tres veces con los senadores para ofrecer sus opiniones sobre la reforma a la ley. Su punto de vista es contundente, la ley actual no funciona bien, pero las ideas que se han planteado para restituir el manglar no tienen lógica, no son realizables.
Argumenta Sarhukán, miembro también de las academias de ciencias de México, Gran Bretaña y Estados Unidos, que las experiencias de restauración en nuestro país son las que hemos aprendido desde los años 30 con las campañas de reforestación, pero acota “Si la mitad de los árboles que se han plantado en México en reforestaciones vivieran, viviríamos en un bosque cerrado. Cómo podemos entonces garantizar la restauración del manglar, que es mucho más complejo”.
En el mismo foro convocado por el Senado, el subsecretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Mauricio Limón, opinó que la redacción de la ley “no es buena”, porque “pone en conflicto a la autoridad, por lo que hay que mejorarla, pero con los criterios de protección a los mangles”.
El funcionario detalló que de febrero a la fecha se han presentado 49 proyectos de construcción, tanto de centros hoteleros como de instalaciones de Pemex, de los que se han desechado cuatro, autorizado 15 y 30 están en estudio. La condición de la autoridad es que no se afecten manglares “o se puedan recuperar en áreas adyacentes”.
En entrevista, José Sarhukán dice que la legislación mexicana está moviéndose pendularmente, entre dos extremos.
“La primera ley aprobada en 2007 fue muy restrictiva, no puede ser. Pero luego se vino un campanazo hacia el otro lado, con una serie de cosas muy vagas que no ayudan a nada y que alimentan mucho esta situación controversial, interesante para los medios, pero que no es útil para el país”
-- ¿Técnicamente es posible la restauración del manglar? Hay quien argumenta que tomaría 25 o 30 años desarrollar una plantación sana.
-- No es fácil porque son sistemas que están muy sujetos a la acción marina. Hay que aprender de esto. Yo no dudo que se pueda restaurar un manglar, lo que pasa es que hay que hacerlo de tal manera que realmente ocurra esa restauración y no sólo que lleguemos a poner 150 bolsitas de plástico negro con una planta y luego dejarlas e irse.
-- En estas iniciativas de reforma que se han presentado ¿cuáles son los puntos que ponen en más peligro al manglar
-- Uno de los puntos cuestionables es la idea de de dar permisos con una condición de una restauración previa, cuando la restauración toma años. Yo quiero ver qué ley puede funcionar para alguien que quiere hacer un desarrollo y que se compromete a restaurar 50 hectáreas a cambio de utilizar diez. Quién va a esperar seis años o siete años para ver si se estableció o no la restauración. La respuesta es nadie. Eso no es lógico, no es realista. Yo no tengo cifras del tiempo que requiere un mangle rojo para crecer diez metros de altura, pero son varios años y el tiempo cambia según la costa. Hay que cambiar las cosas que están mal de esta ley, hacerla realista para proteger los ecosistemas, pero también inteligente para dejar ciertos tipos de uso disponibles.
El ex rector de la UNAM comenta que actualmente hay organizaciones ejidales de Campeche, Tabasco y Veracruz que han logrado restaurar zonas de manglar mediante un sistema de canales que permiten la entrada de agua de mar. “Han obtenido crecimientos de mangle de siete metros en cuatro años. Desafortunadamente son apenas decenas de hectáreas, frente a la devastación de miles”
No obstante, existe otro problema: restaurar la parte vegetal no asegura la recuperación de la fauna. “Ese es el péndulo en el que se mueve en este momento la iniciativa para cambiar una ley mal redactada pero que afecta a un ecosistema complejo y frágil y cuyo manejo sustentable afecta a intereses de millones de personas y dólares”.
-Antimio Cruz (Publicado originalmente en el número 107 de la revista emeequis, correspondiente a la semana del 18 al 24 de febrero de 2008).