Por Eduardo Andrade Iturribarría*
Publicado en el diario El Economista
En el mundo moderno y en particular en México, hablar de energía nos hace pensar en PEMEZ, CFE o LUZ Y FUERZA DEL CENTRO, éste es el lado de la oferta energética y, como ciudadanos, sobre ellos tenemos mínima influencia. Son monopolios económicos, aunque no lo sean legalmente porque así lo dice la Constitución.
Esta condición de proveedores únicos de energía hacia la ciudadanía nos pone en una aparente vulnerabilidad absoluta. Mas los diseños modernos de política energética hacen énfasis en el otro lado de la moneda: la administración de la demanda energética.
A esto generalmente se hace referencia como eficiencia energética. La hay a nivel generalizado, al medir la intensidad energética. La hay a nivel generalizado, al medir la intensidad energética de la economía nacional. Lo que se explica por la cantidad de energía que nos toma producir una unidad del Producto Interno Bruto, y que en lo general se trata de disminuir. Menos energía para hacer lo mismo quiere decir ser más competitivo, pero también más amigable al medio ambiente y a los demás.
En nuestro caso el más reciente salto positivo en este índice lo dimos al implementar el horario de verano; sin embargo, cada año se observa progreso pero más gradual.
Estos avances nacionales se componen de las mejoras que los distintos usuarios de energía logren en su ámbito. Más logran los más grandes, como el programa de rehabilitaciones mayores de las plantas termoeléctricas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Pero todavía más lograría la colectividad de la ciudadanía o la pequeña y la mediana industria, si esto fuera un gran objetivo nacional.
A nivel residencial va desde el reemplazo de electrodomésticos antiguos, la sustitución de focos incandescentes por ahorradores y hasta elementos conductuales básicos como verificar que la presión del aire de los neumáticos de los autos sea la correcta.
¿Sabe usted que se calcula las llantas mal infladas causan una pérdida de eficiencia en el consumo de combustible de al menos 2 por ciento? Con el simple hecho de verificar la presión del aire, el efecto en la cartera del gasolinazo del 2007 hubiera sido evitado.
Si bien la producción de electricidad es una gran área de oportunidad para mejorar, tal vez la mayor de ellas este en el transporte en general.
El costo logístico de la economía mexicana es fácilmente superior a 10% del PIB, mientras que la electricidad no llega ni a 2.5 por ciento. Obviamente la mejor oportunidad entre las dos radica en la logística.
El gobierno de la República creó el FIDEICOMISO PARA LA TRANSICION ENERGETICA, al cual se le deben aportar 3 mil millones de pesos por año. Uno de sus objetivos ha sido el programa de reemplazo de refrigeradores antiguos por modernos. Loable y exitoso, pero en aras de avanzar realmente en la eficiencia energética nacional, el Fideicomiso deberá encontrar como promover y apoyar las medidas que mejoren el transporte en general.
Un programa como éste sería mucho más oneroso que el de los refrigeradores, pero también más rentable en lo individual y en lo agregado.
La escasez presupuestal siempre será un obstáculo. Pero la evidente falta de liquidez del erario público tendría que reemplazarse por programas que apostaran a que la eficiencia energética no solo es buena para el medio ambiente, sino también para la competitividad y el consecuente crecimiento económico.
El presidente FELIPE CALDERON dio una señal positiva del Día del Medio Ambiente al acompañarse del Secretario de Hacienda, AGUSTIN ARSTENS, haciéndolo solidario de la importancia de su participación en la implementación de políticas públicas como estas.
La eficiencia energética es uno de los pilares de combate al cambio climático. Es indispensable que los gobiernos la pongan en su lista de prioridades.
A nivel residencial la eficiencia energética va desde el remplazo de electrodomésticos, la sustitución de focos y hasta elementos conductuales básicos.
*Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros.