Habitantes de la comunidad de Capoacán, en Minatitlán, Veracruz, viven bajo la contaminación provocada por la refinería de Pemex, Lázaro Cárdenas, la cual almacena coque al aire libre que luego el viento se encarga de llevar hasta los hogares de los vecinos.El papel estratégico de Pemex en las finanzas públicas es incuestionable. Más de la tercera parte del presupuesto público se genera a partir de los recursos petroleros, sin embargo, pese a que los ingresos de la renta petrolera son una de las principales fuentes de las cuales el gobierno obtiene dinero, esto no se refleja en un mayor desarrollo social y económico en los estados como Tabasco, Campeche o Veracruz que ocupan un papel central en la industria petrolera mexicana, los cuales, además de lidiar con los conocidos impactos negativos sobre el medio ambiente, cuentan con altos índices de marginación y exclusión social.

Campeche concentra 79.4% de la producción nacional de crudo y 31.4 % del gas; Tabasco reúne 16.3% de crudo y 27.7% de gas, y Veracruz concentra 94.5% de la producción nacional de petroquímicos en su territorio. Sin embargo, las poblaciones de estos tres estados están expuestas a desechos y gases contaminantes provenientes de la industria petrolera, entre ellos metales pesados como plomo, cadmio, níquel, mercurio, vanadio, cobre, cobalto y cromo. Los habitantes de las antiguas comunidades pesqueras y agrícolas han sido, desde hace ya más de 70 años, testigos de la destrucción de suelos, agua y atmósfera por las actividades de Pemex.

Poco a poco han perdido sus modos tradicionales de subsistencia y han tenido que adaptarse a la dinámica de la industria, a pesar de las afectaciones a su salud. Enfermedades como distintos tipos de cáncer, leucemia, problemas respiratorios, de la vista y de la piel, entre otras, son comunes en las zonas contiguas a las instalaciones de la paraestatal. Prueba de ello son las comunidades de Capoacán y Jáltipan en Veracruz, ambas cercanas a la refinería Lázaro Cárdenas y aledañas al río Coatzacoalcos, uno de los más contaminados en el país.

Ambas poblaciones hacen frente a los impactos que el coque, -un residuo peligroso derivado del petróleo producto de la industria petrolera- está provocando en su salud y en el medio ambiente.

Ante una exposición aguda a los hidrocarburos, los humanos pueden presentar síntomas transitorios y de corta duración, a menos que las concentraciones de los compuestos sean altas. El petróleo o sus componentes entran en contacto con el cuerpo a través de tres rutas: absorción por la piel, ingestión de comida y bebida, y por la respiración. Las personas pueden presentar irritación de la piel o de ojos, náusea, vértigo, dolores de cabeza o mareos.

Si bien la población cercana a los campos de explotación petrolera es la más expuesta a los estragos de la contaminación, varias investigaciones han corroborado que los componentes más pesados del crudo tienden a depositarse en sedimentos rocosos, desde donde pueden contaminar las fuentes de agua o ser consumidos por organismos factibles de entrar en la cadena alimenticia del hombre. Los componentes más ligeros se evaporan en cuestión de horas facilitando la posibilidad de ser depositados a gran distancia de su lugar de producción, a través del aire o del agua.

Desde Veracruz, habitantes de Capoacan afectados por la actividad petrolera de la zona, piden un alto a las empresas petroleras como Pemex y Shell, esta última que prentende contaminar el Ártico, hogar de comunidades indígenas que durante milenios han recurrido a los recursos marinos de los mares de Beaufort y Chukchi para sus necesidades de subsistencia, culturales y nutricionales.

Las comunidades afectadas por la industria petrolera exigen: Ni en el Ártico ni en México, alto a la explotación petrolera y a sus peligrosos impactos.