Elegir comida sana es un acto político sin trámites burocráticos ni engorrosos. Las grandes marcas de alimentos y el gobierno necesitan entender que para sostener los negocios de mercado necesitan: consumidores y si éstos eligen comida sana tienen que ofrecerla.

Cuando elegimos qué comer podemos cambiar la forma en la que se hace política en México y restarle poder al gobierno y las empresas que falsamente creen que la toma de decisiones solo está en sus manos.

Los mexicanos estamos hartos de oír y hablar de política porque nuestro referente inmediato es funcionarios corruptos, gastos excesivos en banalidades, prepotencia, impunidad, destrucción del medio ambiente y un contexto lleno de frustración y desesperanza. Pero juntos podemos eliminar el tan molesto: “¡Uy! No joven; ¡Uy! No señorita, no se va a poder”. 

El comienzo está en saber qué contienen y cómo se producen los alimentos que nos venden grandes marcas y elegir comida sana para nuestro cuerpo y para el planeta, de esta forma estamos deteniendo la gran mancha que deja la comida que las empresas nos venden.

Al preferir comida sana, además, contribuimos a recuperar el suelo, reducir las emisiones de agrotóxicos, conservar el agua limpia, frenar la deforestación, la obesidad y la diabetes, entre otras enfermedades causadas por la comida procesada que dejó de ser alimento para convertirse en mercancía.

Cada uno de nosotros puede hacer la diferencia. Hagamos del comer una una acción política que nos ayude a tener un planeta sano con bosques verdes y fuertes, agua limpia, mariposas, abejas, comida sana y gente sana.