De vez en cuando algo bizarro sucede en mi labor diaria que me convence de que debo tener uno de los más trabajo más raros del planeta.

Y con frecuencia esos momentos vienen a mí en forma de preguntas.

Preguntas como “¿ese tuit de One Direction acaba de tumbar nuestro website?”. (Seguro ocurrió), o “¿crees que le puedas pedir a Lucy Lawless (actriz y activista que apoya a Greenpeace) si pudiera disfrazarse como Xena, la mujer Justiciera cuando escale la plataforma petrolera de Shell en el Ártico? (Al final ella se queda con una playera y su arnés, pero no antes de sacar todo tipo de disfraces de su baúl de trajes). O como la semana pasada, “¿Podremos llegar a tiempo al Polo Norte para reunirnos con el Consejo del Ártico? (Hasta ahora parece que sí).

Entonces, cuando mi jefe vino y preguntó “¿Cómo llevaremos tres millones de firmas de defensores del Ártico y las colocamos en el fondo marino del Polo Norte?” Bueno, ni siquiera titubeamos.

Lo que ella en realidad quería saber era cómo vamos a colocar tres millones de nombres dentro de una indestructible y no tóxica cápsula de tiempo que pueda ser llevada por un equipo internacional de embajadores hasta el Polo Norte, para colocarla a 4.3 kilómetros debajo del mar congelado, y plantarla en el lecho marino para recuperar la en el 2050. Así fue… sólo un día más en la oficina.

Entonces pusimos manos a la obra.

Primero mi colega Adam, quien hizo la mayor parte del trabajo de la cápsula y ahora va rumbo al Polo Norte con el equipo, tuvo que encontrar a alguien que pudiera crearla. Resulta que las personas indicadas para ello se encontraban en el  laboratorio Joris Laarman y en Artistproof, fortuitamente a la vuelta de la esquina de la oficina de Greenpeace Internacional, en Amsterdam.

Luego tuvimos que imaginar cómo hacer de esto una manifestación tangible de nuestro movimiento en desarrollo:  fuerte, elegante y lo suficientemente fuerte como para sobreponerse a las fuerzas que están en nuestra contra.

Luego también tuvimos que asegurarnos de que los nombres en la cápsula también fueran legibles para el 2050, algo difícil con la tecnología que no ha sido inventada al día de hoy. Pensamos un montón de ideas, una de  ellas tenía que ver con contar la historia mediante discos de vidrio impresos con platino. Cada disco sería de un milímetro de espesor y sería capaz de almacenar el equivalente a 10, 000 páginas de información.

Habríamos ido con esa opción pero caímos en cuenta de que tendríamos que considerar que nadie podría leer los discos sin antes acudir a algún museo y encontrar alguna tecnología obsoleta – de 2013- para poder leerlos. Además, esto no reflejaba el mensaje simple que buscábamos transmitir.

Seguimos imaginando diversos escenarios hasta que hallamos al ganador: grabamos cada nombre en discos de vidrio con una especial forma de nanotecnología. Usamos láser para colocar cada uno de los nombres. A simple vista, cada disco parece finamente decorado, pero con un microscopio los nombres individuales comienzan a aparecer. Sir Paul McCartney, Penelope Cruz, Thom Yorke, mi mamá, mi papá, mis hermanos y, por supuesto, el tuyo.

Los 2.7 millones de firmas son el contenido de los dos primeros discos, ambos colocados dentro de una especia de cassette. El tercero lleva una ilustración láser de cómo el nivel del hielo ha disminuido  desde 1979 hasta los mínimos e históricos niveles de 2012. El cuarto y el quinto disco incluyen el texto de nuestra declaración política para declarar el Ártico protegido. El sexto lleva los nombres de cada uno de los 16 miembros  del equipo Aurora, quienes justo ahora están cruzando el congelado Océano Ártico para llevar la cápsula. El séptimo cassette contiene un microscopio para leer los dos primeros discos, y una USB con los nombres escritos en unos 4,500 PDF, sólo como medida de seguridad.

Finalmente, cuidadosamente doblada dentro de un octavo cassette, una bandera de satín por el futuro, el mismo diseño de titanio que irá en la parte de arriba de la cápsula; una bandera que simboliza la paz, la esperanza y la comunidad mundial, obra de una niña de 13 años, de Malasia.

El toque final en la elegante esfera fue una banda de titanio, similar a la que encuentras alrededor de un globo terráqueo. Luego, elegimos una frase de nuestras autoras favoritas para grabar en la banda, de Arundhati Roy: “Otro mundo no sólo es posible sino que está en camino. En un día tranquilo, puedo escucharlo respirar”.

Le preguntamos a Arundhati su opinión, y su respuesta fue la bendición final para nuestra misión.

Queridos Renny, Kiera, Josefina, Ezra y todos los miembros de la expedición

Les escribo para enviarles mi amor. Están caminando por todos nosotros. Desearía poder ir con ustedes. Espero me puedan enviar fotografías de su jornada y de la cápsula. Vayan con bien”.

Juntos, con sus nombres, esta misión y su poder respaldándonos, la cápsula representa nuestro movimiento y simboliza nuestro compromiso conjunto por proteger este hermoso lugar de vida en la Tierra.

 Ahora mismo, la cápsula y sus guardianes están en su jornada en el Norte. La próxima semana, más o menos a estas horas, habrá encontrado ya su hogar en las profundidades del frágil hielo del mar del Ártico, y cada día podremos ver al Norte y saber que nuestros nombres están ahí, grabados cuidadosamente en un vidrio, fuerte, desafiante, intocable y sin inmutarse por la presión contra él; una declaración de nuestra pasión por la vida, nuestro compromiso por crear un futuro diferente para nuestros niños, nuestra determinación para contar una historia diferente.

Y ahí estará hasta que un día, dentro de algunas décadas, cuando mi jefa venga con otra loca pregunta… “¿Y ahora cómo diablos vamos a recuperar la cápsula?

(No se preocupen, tenemos un plan. Hay más detalles sobre la construcción de la cápsula aquí).

Jess Wilson es la manager de comunicación para la campaña del Ártico, trabaja para el equipo Aurora desde su base en Londres.