Un oso polar a lo lejos del arctic sunrise

Un ruido indescriptible me despertó a las 2 de la mañana, era algo que nunca había escuchado.

Nuestro barco, el Arctic Sunrise irrumpía entre el hielo, rompiéndolo para abrirse paso.

Cerré los ojos y volví a despertar a las 6 am, entonces me levanté,  “merezco vivir este amanecer, el frío ya no es impedimento”, me dije. En invierno, la temperatura en esta zona puede llegar hasta 45º bajo cero.

Habíamos navegado durante 17 horas y llegamos a un punto del Océano Ártico, entre Svalbard y Groenlandia. Pude ver el hielo flotando sobre el mar, muchos bloques de diferentes tamaños, formas y espesores, y si observaba fijamente podía ver el fondo traslúcido del hielo en el agua.

“Es re bonito”, me dijo Ignacio María. El hielo es hermoso, es como las nubes; uno puede imaginar y encontrar formas en ellas, lo mismo pasa en hielo, sólo que es más cercano, más tangible.

Justo cuando pensaba que ya era suficiente belleza, apareció una manchita color café claro en la lejanía y comenzó a moverse hasta que cobró forma: ¡Era un oso polar! Andreas, el guía experto nos explicó que en la región del Mar de Barents se calculan alrededor de 3,000 osos polares y tan solo 1,500 en la zona que estábamos atravesando. En todo el Ártico hay más o menos 25,000 ejemplares distribuidos en 20 poblaciones.

Los osos polares pueden medir hasta 2.6 metros, son la especie más grande de osos que existe en el planeta. Pueden pasar varios días en el agua helada y viajar grandes distancias. Son solitarios, excepto las hembras, que siempre viajan con sus crías. La caza de osos polares fue prohibida en Svalbard en 1973, después de 100 años de intensa explotación. Hasta hoy yo no había visto ningún oso polar en vivo. Lo más cercano fue ver al viejo oso polar del Bosque de Chapultepec y el oso de peluche que compré hace unos días.

Es precisamente aquí, en esta zona cubierta de hielo y donde abundan las poblaciones de osos polares, donde las empresas petroleras Shell, Gazprom, Statoil y Cairn Energy planean hacer perforaciones para extraer crudo y gas. Todas quieren ampliar sus fronteras sin importar la vulnerabilidad del Ártico. Aunque hasta ahora, Gazprom y Shell hayan anunciado que se retiran temporalmente, pero es probable que no quiten el dedo del renglón y vuelvan a intentarlo el próximo año.

En tanto, me quedo pensando en lo que dice el estudio canadiense “Short state of the Art Report on Oil Spills In Ice-Infested Waters”: las consecuencias ambientales de un derrame de crudo en el Ártico podrían ser mucho más serias que las que puedan ocurrir en el Golfo de México. Las bajísimas temperaturas, la lejanía de la zona y la inaccesibilidad en invierno son condiciones que harían prácticamente imposible la limpieza de un derrame de crudo en esta zona.

¿Qué pensarán las petroleras que se quieren aventurar a perforar el Ártico? ¿Realmente creerán que podrían limpiar un derrame en el Ártico como lo hace Pemex en México, a cubetazos?