Al llegar a mi destino, me encontré con el Arctic Sunrise, ese imponente barco protagonista de tantas acciones. Verlo y subir en él me hizo comprender lo valioso de mis actos y de todos los que defienden la zona desde esas aguas árticas.

Creo que mis compañeros de viaje sintieron lo mismo. Yo podía ver la felicidad en el rostro de cada uno; estábamos realmente eufóricos disfrutando ese momento. Quería correr todo el barco, saltar al agua, vivir esta oportunidad con todos mis sentidos. ¡Cuando el barco salió del puerto y comenzó a moverse, sabía que la aventura estaba apenas por comenzar!

A la mañana siguiente, amanecimos en alta mar y pude experimentar la fuerza con la que se movía el barco estando ahí, el movimiento era tan fuerte que tuvimos que correr a la cocina a atar nuestros objetos personales para que no se rompieran. Siempre pensé que la gente que me contaba sobre las náuseas arriba de un barco estaba exagerando, pero realmente no es así, y después de darme cuenta de esto  no quise soltar mi cubeta hasta que estuve nuevamente  en tierra firme.

Fuera de eso, la vida en el Arctic Sunrise fue realmente genial, todos se ayudaban entre sí y cada quien tenía una obligación distinta en el barco; nadie se queda sin trabajar estando ahí. Ese compañerismo es el que hace  que la tripulación enfrente misiones tan difíciles como la del año pasado en las acciones contra Gazprom, una de las petroleras que intenta adueñarse del Ártico por su petróleo, o vivir momentos tan increíbles como la expedición científica que demostró que el Polo Norte, está pasando por situaciones tan graves  como el mínimo de hielo, que nunca antes se había visto. A pesar de esto, sé que la unión puede todo.

 

Por eso sé que entre todos podemos lograr que se declare  al Ártico un santuario mundial, porque  entendemos el importante papel que juega esta zona en el mundo. En Greenpeace hemos dado a conocer el problema y cómo podemos enfrentarlo, y muchas personas en todo el mundo se han unido con una firma o con un donativo para que así,  la defensa del Ártico pueda continuar. ¡Me siento agradecida y deseo que se sumen muchas más!

Si aún no eres socio donador de Greenpeace, ¡este es el momento de ayudar para seguir defendiendo el planeta!

Actuando en  esta campaña no sólo protegemos a las ballenas, a los osos polares y todos los animales árticos. Con tu apoyo se protege mucho más que hielo y con el trabajo de todos, demostramos que la gente tiene el poder de detener a las petroleras que quieren destruir un lugar tan maravilloso.

Este viaje ha cambiado mi vida y me ha dejado recuerdos que guardaré por siempre, como aquel día que jugábamos descalzos en el helipuerto del barco o cuando vimos la mejor puesta de sol de mi vida… ¡a las 11 de la noche, un espectáculo realmente increíble!

El frío, el viento o el mareo no importó, lo que realmente importaba es que estábamos ahí, siendo parte de un lugar que hoy peligra y que todos debemos defender.

Con este viaje he encontrado paz, y creo que cuando eso pasa entiendes cuál  es tu camino, te encuentras a ti mismo, sólo así puedes vivir sin afectar a los demás. Como les había dicho antes, éste fue, sin duda, el mejor viaje de mi vida.

 

 

*Daniela Lima, de 21 años, es estudiante de Ingeniería Ambiental de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y miembro del equipo de Diálogo Directo de Greenpeace México. Viajó a un campamento de activistas ambientales del 27 de julio al 4 de agosto en las Islas Lofoten, en Noruega, en cuyas costas el gobierno de este país analiza perforar por petróleo. Daniela fue la ganadora de una competencia global para reunir firmas para la petición por Salvar al Ártico.