Durante los más de treinta años que he pasado en la mar, he disfrutado del placer de navegar por todos los océanos. He tenido el privilegio de disfrutar la vida marina como muy pocos pueden hacerlo. He contemplado la magia y el misterio de algunas de las criaturas más grandes y más pequeñas, más bellas y más extrañas que habitan este planeta: desde la ballena azul a los diminutos caballitos de mar.

 

Para mí, cada día es el día de los océanos.

He pasado la mayor parte de mi vida en la mar a bordo de barcos de Greenpeace, atraída por la organización tras trabajar en barcos de captura de cangrejos y salmón en Alaska, y después en cargueros comerciales durante los años 80, en ese momento, incluso fui testigo de cómo se agotaban las zonas pesqueras. La gota que derramó el vaso, fue navegar en 1989 cerca del lugar donde poco antes el Exxon Valdez había arrojado su pestilente carga de 38 mil toneladas de petróleo en Prince William Sound.

A finales de ese año, ya estaba navegando con Greenpeace, determinado a hacer todo lo que estuviese en mis manos para proteger nuestros océanos y nuestra Tierra.

Ya sea en tierra o a bordo, no me canso del sonido de los océanos: las olas rompiendo en una playa lejana o el choque de los truenos de una tormenta salvaje lejos de la orilla, son ritmos que no han cambiado en millones de años.

Pero los océanos y sus ritmos están cambiando ahora. El cambio climático está calentando nuestros mares, derritiendo los casquetes polares; los científicos alertan de que con estos cambios, alterará las grandes corrientes marinas. Nuevas tecnologías permiten a las grandes flotas industriales agotar las zonas pesqueras a una velocidad aterradora. El vertido del Deepwater Horizon, ha superado al del Exxon Valdez como el peor en aguas estadounidenses. Pero ni los vertidos, ni las frecuentes advertencias sobre el colapso de pesquerías y la destrucción de hábitats, han frenado el impulso de perforar, extraer minerales, sobreexplotar las pesquerías y explotar todas las áreas de los océanos, desde el ya apenas helado Océano Ártico al Mar de Ross en la Antártida.

Lo que estamos haciendo con los océanos es insostenible. Ellos cubren el 70 por ciento de nuestro mundo, sin embargo, más del 70 por ciento de las poblaciones de peces están sobreexplotadas o bien en recuperación. Otras especies marinas son capturadas sin necesidad, contaminadas y sus hábitats son destruidos. Y no es sólo una locura hacia esas especies: es una locura para nosotros. 

Nuestro origen está en los océanos.

La mitad del oxígeno que respiramos proviene de los océanos, que gobiernan el clima y nos proveen de alimento, trabajo e incluso medicamentos. Y nos proporcionan ocio y placer. Si continuamos destruyendo nuestros océanos, estaremos acabando con los fundamentos de la vida del planeta.

Los océanos producen la mitad del oxígeno que el planeta necesita para sobrevivir. Mantienen la vida del planeta. Sólo por esta razón tenemos la obligación de proteger su salud.

Te pedimos que hoy concedas a los océanos unos minutos de tu tiempo. Tómate un momento para escuchar su sonido, imaginando la abundante vida que bulle bajo sus olas y en la vida que mantienen en la Tierra.

Devolvamos a los océanos la vida que nos han dado. Únete a Greenpeace y a otras organizaciones que trabajan para lograr que se establezca una red global de reservas marinas; dicho de forma simple, ayúdanos a crear santuarios marinos en los que la industrias extractivas como la pesquera no puedan acceder y en los que la vida pueda prosperar.


Captain Joel Stewart, Greenpeace CaptainJoel Stewart ha sido marinero toda su vida y es capitán de Greenpeace durante los últimos 25 años. Él fue el primero en tomar las riendas del nuevo Rainbow Warrior cuando fue lanzado el pasado año 2011. No hay mucho que él y la tripulación de Greenpeace no lo he visto desde las cubiertas de los buques y en la actualidad se reflexiona sobre lo que significa el Día Mundial de los Océanos para él.