A mí me dijeron: las mujeres tienen que estar en su casa; no saben nada del monte y tienen que obedecer a los hombres. Yo les digo: las mujeres sí podemos; tenemos derecho a demostrar nuestra capacidad de tomar decisiones y generar cambios.

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No “me tocó” ser líder…

Yo lo elegí y no puedo ir para atrás porque soy la voz de otras mujeres,

del pueblo maya y es por su futuro que estoy en luchando.

No importa que me cuestionen…

No importa que me señalen…

No importa el miedo… 

Leydy Pech

Mujer maya, apicultora y activista

 

Pararme en una Asamblea frente a hombres me daba miedo, me hacía sentir vulnerable. Que tus propios compañeros te insulten, duele. Duele que te digan “reconozco que lo que estás diciendo es cierto, es verdad… pero eres mujer y no te puedo hacer caso”. Duele que te digan que como mujer no sabes nada del monte, de la milpa y ver cómo mientras, nos están despojando de nuestra tierra. Pero el dolor me llenó de fuerza para luchar.

Tengo claro que antes que nada, soy una mujer maya que está luchando por la defensa de su territorio y por el futuro de los niños y las niñas mayas. Al principio me preguntaba ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no puedo ser una mujer “normal”? ¿Por qué me tocó a mí? Luego me di cuenta que no me tocó, yo lo elegí y no puedo ir para atrás porque soy la voz de otras mujeres, del pueblo maya y es por su futuro que estoy  luchando. Las mujeres líderes tenemos mucha responsabilidad porque somos el ejemplo de otras y lo que me mueve es una mezcla entre valor y responsabilidad…

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Me impulsó la injusticia contra los indígenas, los mayas, y las mujeres porque me he dado cuenta que para las autoridades, la opinión de los indígenas no importa, ellos toman las decisiones y nos están despojando…como mujer es muy triste y lamentable que es más hacia nosotras.

Como mayas, estamos luchando  contra el modelo de desarrollo, contra la pérdida de nuestra selva, contra la siembra de soya transgénica, y como mujeres mayas tenemos al mismo tiempo una lucha contra la cultura, una lucha por espacios de poder y de toma de decisiones que siempre han sido de los hombres.

En este proceso de lucha estamos demostrando que las mujeres jugamos un papel muy importante porque tenemos conocimiento, porque las mujeres somos más sensibles, las mujeres somos proveedoras también, queremos que nuestros hijos tengan comida, tengan aire limpio, un ingreso digno, las  mujeres mayas podemos contribuir, somos capaces y cuando te paras con la frente en alto segura de lo que estás defendiendo es tu vida, la vida de tu compañera que no ha podido salir de casa pero que cree en la misma lucha que tú, cuando todo eso se ve amenazado agarras valor aunque te des cuenta que el monstruo es cada vez más grande: primero eran solo los hombres de mi  comunidad, luego las asambleas, luego las autoridades, los políticos.

Yo sé que la lucha por mi territorio es larga, pero en el camino hay logros y quizá el más grande que he tenido es demostrar que la lucha no solo es de hombres sino de las mujeres también, ver surgir otras líderes locales y darme cuenta que a las mujeres no nos corrompen tan fácil porque estamos convencidas y cuando defiendes algo con seguridad y con el corazón saben que no nos pueden comprar.

A mi me dijeron: las mujeres tienen que estar en su casa; las mujeres no saben nada del monte y las mujeres solamente tienen que obedecer a los hombres. Yo les digo: las mujeres sí podemos; las mujeres tenemos el derecho a demostrar nuestra capacidad de tomar decisiones, capacidad de defender nuestro derecho al trabajo y generar cambios.