Eli and Leo. Photo (c) Marizilda Cruppe / Greenpeace

¿Qué es lo que más necesitas cuando has estado más de 24 horas en la cadena de ancla en medio del  Atlántico, y está lloviendo a cántaros? Muffins.

Recién horneados por nuestro chef, Walter, y cuidadosamente colocados en latas a prueba de agua, listas para ser cargadas en lanchas rápidas. Speedmuffins. Panquecitos veloces. Dos jóvenes brasileñas –Leonor y Elissama- esperan, atravesando el mar, después de haber pasado despiertas la mayor parte de la noche, y estas pequeñas cosas hacen toda la diferencia. La fruta es genial, pero nada conforta mejor que esa bondad esponjosita, recién salida del horno.

Ocupar la cadena de un ancla por más de un día es una operación bastante complicada. Tan sólo bajar del Rainbow Warrior a las lanchas rápidas es difícil: las olas hacen que bajar del barco al bote en movimiento sea como jugar Súper Mario Brothers, pero en la realidad. Después un paseo en bote de diez minutos a través del agua salada con agua salada en spray empapando todo lo que está a la vista: el equipo de la cámara, las gafas de sol y los tesoros horneados.

Una vez que Leonor llega a escena, recibe la señal del conductor del barco y se sube a una pequeña escalera colgante (otra vez Súper Mario) antes de trepar hacia la plataforma. Bueno, yo digo plataforma, pero es más bien una pequeña tabla que en la parte de abajo dice “Greenpeace”. Todo esto se hace con seguridad y cuidado, pero eso no impide que el corazón se acelere cuando uno ve la altura a la que está ella.

Y entonces… bueno, no mucho en realidad. Horas de estar sentada ahí, verificando que está segura, y esperar. No hay una multitud de seguidores animándola, sólo un bote de seguridad con un conductor mostrándole los pulgares arriba de vez en cuando. Es un poco como David Blane, pero sin el ego. Cuando yo estaba ahí traté de darle mi mejor sonrisa ganadora y de tener pensamientos positivos, pero no estoy seguro de que estaba ayudando mucho.

Lo que realmente mantiene a estas chicas son los mensajes de apoyo que estamos recibiendo, no sólo de Brasil, sino del resto del mundo. Esta no es una protesta tipo “zona gris” donde hay dos puntos de vista válidos: estamos exponiendo cosas como el trabajo en condiciones de esclavitud y la destrucción ilegal de selvas que son el hogar de pueblos indígenas que viven aislados como los Awa. Estas son cosas que los brasileños, así como las personas alrededor del mundo, han decidido que son inaceptables en nuestra sociedad.

Es bastante difícil explicar el vínculo con barcos como este en palabras, pero trataré. Si Elissama y Leonor no lo hubiesen detenido, el Clipper Hope estaría descargando lingotes de mineral de hierro para llevarlo a Estados Unidos. Este mineral de hierro se utiliza para producir acero para la fabricación de coches, pero aquí en Brasil está provocando un nivel de deforestación enorme, y a veces se elabora haciendo uso de mano de obra en condiciones de esclavitud.

La presidenta de Brasil y compañías como Ford, General Motors y BMW, tienen un importante papel que jugar para detener todo este proceso pero por el momento se están haciendo de la vista gorda frente al problema. ¿Lo ven? Es más fácil cerrar los ojos, pensar en las chicas brasileñas e imaginar el olor de los muffins recién horneados.

Traducción Paloma Neumann (@PLmita), Campañista de Bosques de Greenpeace.

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