A los tres años Wu Xiaotian empezó a tener tos crónica y la nariz congestionada. Sus síntomas empeoraban cada invierno, cuando el smog aumentaba a niveles históricos al norte de China.

Para aminorar sus molestias le limpian los senos nasales todas las noches con agua salada y casi nunca lo dejan salir, y cuando lo hace, lleva un cubrebocas.

Lo anterior lo contó su madre, Zang Zixuan, al diario español El País.

La situación en el gigante asiático es preocupante ya que los niveles de agentes contaminantes mortales en el aire, que  han ido subiendo hasta 40 veces el límite de exposición recomendado en Beijing y en otras ciudades, desató el miedo entre padres y madres. .

A los niños y niñas  los encierran en casa, aunque eso signifique mantenerlos alejados de sus amigos, y de todas las actividades que conlleva disfrutar de la infancia y tener un desarrollo óptimo.

Las escuelas suelen cancelar las actividades al aire libre y las excursiones; los padres y madres con ingresos altos eligen las escuelas en función de los sistemas de filtración del aire, y algunos institutos han llegado a construir enormes cúpulas sobre los patios para garantizar un aire “más limpio”.

 

Sólo para que nos demos cuenta de los estragos que genera este problema en ese país, conforme a la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud Breathelife2030.org, un millón 32 mil 833 personas mueren a causa de una enfermedad relacionada con la contaminación del aire cada año.

¿Nosotros vamos a esperar a que la salud de nuestros hijos se vea afectada de esa forma para actuar?

¡Claro que no!

Apoya la petición en la que niñas y niños solicitan a la COFEPRIS que haga más estrictos los índices con los que se mide la calidad de aire en México.  Fírmala y con ello, demos un paso para que su niñez la vivan sin temor al aire que respiran.

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