El día de ayer recibimos de la corporación petrolera Shell una carta que trata de detenernos para defernder el ártico. La carta, firmada por su vicepresidente ejecutivo y consejero general Curtis R. Frasier, salió del departamento de Servicios Legales de la compañía ubicado en Houston, Texas. Sorpresa la mía cuando al leerla noto un sentido de intimidación de esta compañía hacia nuestros compañeros de Greenpeace Estados Unidos usando una herramienta legal llamada en inglés injuction. 

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La carta de Shell notifica que interpuso una especie de principio precautorio a favor de la empresa y en contra Greenpeace Estados Unidos (GPEU), y que entiende que si cualquier oficina de Greenpeace se traslada a Alaska para impedir pacíficamente la perforación del Ártico se las verá con los tronados músculos del Servicio Legal de la petrolera.  En los hechos, previene a cualquiera relacionado con GPEU de acercarse a sus plataformas, pozos petroleros, barcos o cualquier infraestructura utilizada en la extracción de petróleo. 

¿Por qué esta carta intimidatoria? Sin duda Shell está sintiendo lo tupido de la campaña global de Greenpeace para evitar que esta corporación perfore el Ártico en busca de más petróleo. No quieren que Greenpeace realice protestas que puedan “amenazar sus derechos, intereses e inversiones en la exploración de gas o petróleo en los Estados Unidos”. Una vez más las grandes empresas esgrimen su derecho a realizar inversiones en proyectos industriales sin tener en cuenta el derecho de terceros que buscan prevenir más desastres ambientales, sean locales, regionales o mundiales. 

Como Pemex en el Golfo de México, Shell le apuesta a más “oro negro” –tesorito se lo llamaba en el 2008, en la campaña publicitaria de Pemex y el gobierno mexicano- para mantener la economía de los países anclada a los combustibles fósiles. Petróleo de difícil acceso y de alto costo en paraísos naturales con ecosistemas muy frágiles. Ecosistemas que no pueden resistir las olas negras generadas por los derrames de crudo. Shell, como Pemex, no aprendieron mucho de lo ocurrido con la plataforma de British Petroleum en abril de 2010. Los gobiernos mucho menos pues sólo buscan la forma de garantizar que estas empresas sigan extrayendo un combustible sucio y que, al quemarlo, se convierte en el origen de otro problema ambiental de dimensiones planetarias: el cambio climático.

Shell no da marcha atrás en sus planes que ponen en riesgo el Ártico, sus especies y el clima del planeta. Pemex está en las mismas pero en el Golfo de México, encabezando las perforaciones en aguas profundas. El volado industrial más costoso para México. 

La oficina mexicana de Greenpeace no fue la única en recibir la carta. Shell la mandó a nuestras sedes de Bélgica, Canadá, Francia, Grecia, Hungría, Japón, Polonia, Reino Unido y República Checa.Por eso, si aún nos has participado en esta campaña global, te invito a que te unas en el reclamo a Shell para que deje de lado sus planes de convertir el Ártico en un queso gruyere.

Participa  por el ártico y junto a Greenpeace salva uno de los ecosistemas más frágiles de la Tierra.

Gustavo Ampugnani director de campañas de Greenpeace México.

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