CuetzalanLos días se hacen muy cortos cuando estás en un lugar como Cuetzalan. Llegó el domingo y antes de regresar a la vida citadina, lo obligado fue hacer una visita a la plaza principal, en el centro del pueblo. Mientras caminaba por las calles empedradas se mezclaban en mi nariz los aromas de vainilla, pimienta, café, tabaco seco, limas, miel o maracuyá. Cientos de pequeños agricultores ofreciendo sus productos recién cosechados, frescos, a precios inimaginables en la capital y… ¡sin agroquímicos!

Después de estar tres días en contacto con el bosque y ver con mis propios ojos todos los productos que se pueden obtener sin necesidad de talar el bosque, no puedo evitar preguntarme. ¿Qué hemos hecho en las últimas cuatro décadas? Desde que nací este país no ha parado de talar bosques, de convertirlo en enormes campos de cultivo y en potreros para el ganado. Y es casi el mismo tiempo que lleva Cuetzalan cambiando el paradigma de agricultura agresiva y monocultivos por una economía que a esta gente le da sustento seguro ¡todo el año!

Mientras sigamos empleando recursos en destruir más bosques y selvas, y millones de pesos más en lavar la culpa reforestando por acá y por allá, en vez de reconocer que sólo conservando y manejando de manera sostenible nuestros bosques y selvas podremos obtener los recursos básicos para hacer estas actividades también primordiales para el país. Seguiremos perdiendo más de medio millón de hectáreas al año, modificando el clima, erosionando la tierra, acabando con la biodiversidad y comprando paquetes tecnológicos con la ilusión de que resolverán el problema de origen, la falta de bosques.

Como Cuetzalan existen otras comunidades dispuestas al cambio, buscando sus propios modelos de manejo forestal sustentable en los que el bosque es el eje. Ellos saben que si el bosque o la selva no existen tampoco habrá agua y no podrán cosechar ni una sola fruta que comer a mordidas. Pero necesitamos que cada vez sean más, porque en este país hace 70 años existían mucho más bosques y selvas de los que hoy nos quedan. La gente de Cuetzalan no tiene que emigrar por falta de empleos, está muy ocupada en hacer más productiva a su cooperativa y cada vez son más. Yo quiero que sean más en todo el país… ¿y tú?