Los bosques en el corazón de la zona maya

Página - 20 octubre, 2011
En el corazón de la zona maya, a 240 kilómetros de las playas turísticas de Cancún, se encuentra el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, al que sus antiguos pobladores llamaban Balam Nah, "La casa del tigre".

Al estar ahí, es fácil entender por qué le pusieron ese nombre. Basta con adentrarse en la selva para encontrar arañazos sobre la corteza de algunos árboles, rastros de la manera como el jaguar afila sus garras y de paso marca su territorio. De vez en cuando, su rugido pone en alerta a los pobladores.

Zona Maya, Quintana Roo. Greenpeace / Prometeo Lucero.

 

Aun cuando la Zona Maya de Quintana Roo no tiene protección legal (no es parte de ninguna zona federal protegida), Carrillo Puerto es una de las zonas boscosas mejor conservadas del país, está entre las reservas de la biosfera de Sian Kaán, en Quintana Roo, y Calakmul, en Campeche. De acuerdo con el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, en inglés) la selva mediana y baja de esa zona es una de las últimas fronteras forestales de nuestro país, es decir, uno de los últimos bosques primarios bien conservados que cuenta con especies nativas de árboles, y cuya extensión permite albergar poblaciones de animales que por su tamaño y comportamiento requieren grandes territorios, como es el caso del jaguar.

Ejido Naranjal Poniente

 

La actividad forestal en este ejido explica por qué, a nivel nacional, Quintana Roo es la entidad más importante en manejo comunitario de selvas.

Si bien en el camino hacia Naranjal Poniente se pueden ver algunas áreas boscosas convertidas en tierras de cultivo, todavía es posible disfrutar de los cenotes que se encuentran a 20 metros de la carretera. Cerca de la comunidad, unos metros selva adentro, quien mira con atención las copas de los árboles distingue monos araña balanceándose entre las ramas.

La gente de Naranjal Poniente sigue siendo pobre, vive en casas de madera con piso de tierra. Los abuelos aún recuerdan la hambruna padecida en los años treinta cuando una plaga de langosta arrasó con el maíz y hasta con las hojas de los árboles. Sin embargo, quienes ahí viven expresan con orgullo la certeza de tener su futuro en sus manos. Y es que, durante años, la explotación maderera estuvo bajo el control de la empresa Maderas Industriales de Quintana Roo (Miqroo), pero en la actualidad es la comunidad la que, con un gran esfuerzo técnico y de organización, aprovecha la madera y otros productos, como el chicle.

Naranjal Poniente tiene un aserradero y es una de las más de treinta comunidades certificadas por la Forest Stewardship Council (FSC, Consejo de Manejo Forestal en español) en nuestro país, debido al buen uso de su bosque, tanto ambiental como socialmente. Recientemente declararon como reserva las 2 mil hectáreas de selva adyacentes a la comunidad.

Betania

Los habitantes de Betania han mejorado su calidad de vida gracias al buen manejo que hacen de sus recursos forestales. Greenpeace / Hernán Pérez Aguirre.

 

El ejido Betania, que también se localiza en Carrillo Puerto, cuenta con 5 mil hectáreas en las que se hace aprovechamiento racional de los recursos forestales bajo un esquema de manejo comunitario desde 1996, cuando sus integrantes acordaron formar parte de la Organización de Ejidos Productores forestales de la Zona Maya S.C.

Posteriormente, Betania puso en marcha un proyecto denominado Plan Piloto Forestal. Esta iniciativa surgió con el apoyo de los agentes estatales y externos, en particular la Agencia Alemana de Ayuda al Desarrollo (GTZ), con el fin de proporcionar asistencia técnica y financiera para manejar sus propios bosques y alentar a sus habitantes a planificar las actividades de uso de la tierra, tanto para aprovechamiento maderable como para ganado y tierras de cultivo, sin poner en riesgo la conservación de la superficie forestal.

Con este proyecto, Betania logró que agregar valor a la madera y no sólo vender materia prima. Ahora, además de la caoba y el cedro rojo, aprovechan maderas blandas tropicales como la chaca, amapola, sacchaca y el paa`sak; maderas duras tropicales como el tzalam, chechen, chactetok y el chicozapote, entre otras.

Como resultado de este manejo, las tasas de deforestación en la Zona Maya fueron muy bajas o incluso insignificantes (-0,0004 por ciento) entre 1984 y 2000, y en realidad experimentaron una recuperación de sus bosques en el período 2000-2004 (0.002%).

Betania, Carrillo Puerto, Quintana Roo, 2010. Greenpeace / Hernán Pérez Aguirre.

 

Los habitantes de Betania saben que el bosque proporciona todo lo necesario para la vida sustentable de las comunidades mayas locales: las necesidades diarias como alimentos orgánicos para ellos y sus animales, material para la construcción de sus hogares, medicinas y la posibilidad de tener ingresos regulares mediante la extracción de la madera, chicle y miel. Además de los beneficios de la conservación, esto también tiene un impacto social, ya que se crean empleos, se ha evitado la migración y los beneficios son compartidos por todos los miembros de la comunidad.

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