Una causa peligrosa

En años recientes, nombres como los de Ildefonso Zamora, Aldo Zamora, Rodolfo Montiel, Teodoro Cabrera, Isidro Baldenegro y Wilfrido Álvarez se han hecho tristemente célebres. Ellos, al lado de comuneros de diversas regiones del país, decidieron defender sus bosques. Esta labor loable tuvo una lamentable respuesta: represión, tortura, encarcelamiento y en algunos casos la muerte, sólo por oponerse a quienes se dedican a cortar árboles por negocio, aun cuando haciéndolo ponen en riesgo el futuro de sus propios hijos. Ildefonso, Aldo, Rodolfo, Teodoro, Isidro y Wilfrido son ejemplo claro de lo que en México significa defender los bosques.

Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, sin cometer más delito que impedir la tala desmedida realizada por caciques locales y empresas transnacionales en la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, en Guerrero, fueron detenidos sin orden judicial el 2 de mayo de 1999 por miembros del ejército mexicano. Después de ser incomunicados y torturados durante cinco días, se declararon culpables de portar armas de uso exclusivo del ejército, cosechar marihuana y estar vinculados al Ejército Popular Revolucionario (EPR). Tras permanecer dos años y medio en prisión, fueron liberados por "razones humanitarias", es decir, no se ha reconocido su inocencia a pesar de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos denunció las irregularidades del caso y las violaciones de sus derechos elementales. Más aún, Rodolfo Montiel recibió el Premio Goldman, máximo reconocimiento internacional a la defensa ambiental.

A pesar de este precedente, la historia se repitió en Chihuahua. El 29 de marzo de 2003 la Policía Judicial del Estado detuvo al dirigente rarámuri y miembro del grupo Fuerza Ambiental, Isidro Baldenegro y a Hermenegildo Rivas. Acusados de poseer marihuana y armas de uso exclusivo del ejército, ambos indígenas fueron llevados a la cárcel federal de Chihuahua. La organización Amnistía Internacional los declaró presos de conciencia, ya que fueron detenidos de modo arbitrario y con pruebas fabricadas. Permanecieron en prisión hasta junio de 2004, cuando fueron liberado porque la PGR desistió debido a la falta de pruebas.

Tanto querías tu bosque...

Tan sólo unos días antes, el 26 de marzo del mismo año, Wilfrido Álvarez, inspector forestal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), recibió un balazo en la cabeza cuando se encontraba en los alrededores de Chilpancingo investigando operaciones de tala ilegal en la zona. Para borrar las evidencias, los asesinos colocaron el cuerpo del funcionario dentro de la camioneta en que viajaba y le prendieron fuego. Se tomaron el tiempo de hacer un letrero en el que se leía: "Tanto querías tu bosque, pues quémate con él". La única reacción que el hecho produjo en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fue otorgarle al ingeniero Álvarez el premio al Mérito Ecológico 2003, de manera póstuma.

Estos no son hechos aislados. Se calcula que desde 1991, treinta inspectores forestales han muerto por cuestiones relacionadas con su trabajo y un número mucho mayor ha sufrido golpes y amenazas.  

Otro caso extremo de la violencia que padecen los defensores de los bosques, fue el asesinato del indígena Aldo Zamora, hijo de Ildefonso Zamora, el 15 de mayo de 2007, en represalia a las actividades de esa familia para defender los bosques de San Juan Atzingo, que estaban siendo arrasados por los talamontes.

A más de tres años de ocurridos los hechos, sólo han sido detenidas dos personas que participaron en la emboscada, sin que hasta la fecha se les haya dictado sentencia. Sin embargo, los autores materiales de este asesinato, los hermanos Luis y Alejo Encarnación Neri, continúan en libertad pese a que están plenamente identificados y existen órdenes de aprehensión en su contra desde el 24 de mayo de 2007.  
 
En su momento, el día 12 de julio de 2007 el presidente Felipe Calderón hizo un compromiso público de que haría justicia en el caso... y hasta la fecha no lo ha cumplido.
 
Estos crímenes evidencian que en México los defensores del medio ambiente han sido perseguidos por empresas trasnacionales y caciques o talamontes con la complicidad del gobierno.

Su lucha es por todos

La lucha por los bosques es una lucha por la vida de todos. Al desaparecer los bosques perdemos un elemento indispensable para la vida: el agua. Del líquido que utilizamos diariamente, dos terceras partes son captadas en las zonas boscosas. La deforestación agrava la escasez de este vital recurso, propicia la erosión del suelo y provoca deslaves de tierra e inundaciones.

Además, los más afectados por la deforestación son las personas que viven en bosques y selvas. En su mayoría son pobres y dependen de los recursos forestales para subsistir. Al desaparecer los bosques, la gente se ve obligada a emigrar o a defender su entorno.

Por ello, no es difícil entender por qué la gente se arriesga y decide enfrentar los intereses de unos pocos depredadores, aún a costa de su libertad, su integridad física o su propia vida.

Mientras el gobierno federal no tome en serio el problema de la deforestación en nuestro país y establezca políticas públicas congruentes en este sector, seguirán habiendo asesinatos y ataques contra quienes deciden afrontar este problema con la urgencia y el compromiso que se requiere.