El fracaso de Copenhague

En 2005, los gobiernos iniciaron nuevas negociaciones dentro del Protocolo de Kioto, con el objetivo de acordar metas de reducción más ambiciosas para los países desarrollados. Dos años más tarde, se acordó el Plan de Acción de Bali y se abrieron nuevas discusiones dentro de la Convención Marco de la ONU, que incluyen la protección a las selvas y bosques tropicales y la búsqueda de elementos y recursos que refuercen las acciones de los países en desarrollo para reducir sus crecientes emisiones y para enfrentar los desafíos de la adaptación al cambio climático.  

Este proceso tenía que concluir en Copenhague, en diciembre de 2009. Sin embargo, las negociaciones no fructificaron y el fracaso fue rotundo: el acuerdo global justo, ambicioso y obligatorio que el clima, la gente y el mundo necesitan no vio la luz, debido a la falta de liderazgo y visión de largo plazo de los políticos ahí reunidos.  

En Copenhague surgió un Acuerdo de Copenhague, hasta ahora refrendado por 124 países. Dicho acuerdo es apenas una declaración política que señala, en el mejor de los casos, el interés de los países en continuar buscando una salida a la crisis climática que enfrentamos. De ninguna manera dicho acuerdo sustituye la necesidad de generar un nuevo acuerdo global que aleje al mundo de un cambio climático catastrófico. La cita para lograrlo es en Cancún, México, en diciembre próximo.