Preguntas frecuentes sobre Chernobyl

¿Qué ocurrió en el accidente de Chernobyl?
¿Cuáles fueron las consecuencias?
¿Por qué el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) anunció la muerte de solamente 36 personas en Chernobyl y estimó otras 4000 posteriormente?
¿Qué sucede en Chernobyl hoy en día?
¿Los nuevos reactores, de “tercera generación” no son más controlables y seguros que los reactores de Chernobyl y Fukushima?
¿Acaso la energía nuclear no es una buena alternativa para la producción de electricidad baja en emisiones de carbono?
¿Somos dependientes de la energía nuclear o podríamos independizarnos de ella?
¿Cómo podemos comparar los desastres de Fukushima y Chernobyl?

¿Qué ocurrió en el accidente de Chernobyl?

En abril de 1986, el reactor número 4 de la planta nuclear en Chernobyl, en Ucrania, explotó causando el accidente nuclear más grande en la historia del planeta. Los trabajadores de la planta estaban probando si las turbinas mantenían funcionando los condensadores mientras se activaba el generador de emergencia, en caso de una pérdida de electricidad. Por razones de ahorro en el consumo de energía, el experimento se pospuso para la noche y las medidas de seguridad fueron apagadas para prevenir interrupciones que pudieran afectar la electricidad del reactor. Sin embargo, los especialistas de la planta ya no estaban presentes y al poco tiempo de comenzar el experimento, el reactor se salió de control.

Los combustibles estallaron. Una explosión violenta sacó volando el techo del reactor, una pieza que pesaba 1,000 toneladas. La temperatura se elevó a más de 2,000 grados centígrados y fundió las barras de combustible. La capa de grafito alrededor del reactor prendió en fuego y se mantuvo así nueve días, liberando cientos de veces más radiación a la atmósfera que las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

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¿Cuáles fueron las consecuencias?

La mayor parte de la radiación fue liberada durante los primeros 10 días, afectando a millones de personas. Las variaciones climáticas causaron la contaminación de grandes partes de Escandinavia, Grecia, Alemania, Suiza, Inglaterra, Francia y otros países de Europa del Este.

Alrededor de 146,000 kilómetros cuadrados en Bielorrusia, Ucrania y Rusia fueron contaminados en niveles alarmantes que requerían la evacuación, así como la imposición de medidas y restricciones serias. El área afectada cubre casi en su totalidad la extensión de Grecia o Bangladesh, y cinco veces la extensión de los Países Bajos.

Casi 7 millones de personas residían dentro del área afectada, entre ellas 3 millones de niños. De éstos, solamente 350,000 fueron evacuados o redireccionados a otros lugares. El agente contaminante más significante del desastre fue el cesio-137. Éste desaparecerá completamente a los cien años del acontecimiento. Hoy en día, aún podemos encontrar niveles altos de cesio radioactivo en lugares tan lejanos como Escocia, Suecia y partes de Grecia.

Además de la continua contaminación, los impactos sanitarios aún se encuentran muy presentes. Un estudio reciente hecho por Greenpeace ha demostrado que la cadena alimenticia en poblaciones distantes a Chernobyl sigue contaminada. En el caso de la leche,  la contaminación era 16 veces mayor que lo permisible para el consumo infantil. El estudio, impulsado por Greenpeace en 2006, año del vigésimo aniversario de Chernobyl, estima que la cifra de mortalidad global causada por el accidente se acerca a las 100,000 personas. A un cuarto de siglo, la catástrofe continúa cobrando vidas.

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¿Por qué el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) anunció la muerte de solamente 36 personas en Chernobyl y estimó otras 4000 posteriormente?

Estos datos fueron publicados en un comunicado de prensa el 5 de septiembre de 2005 y son completamente falsos, pero se han utilizado una y otra vez. La información recopilada por la Organización Mundial de la Salud, con base en el reporte de Chernobyl, estima que las defunciones esperadas como resultado el accidente se acercaban a las 9000 personas, lo cual significa que la OIEA omitió más de la mitad de muertes en su comunicado. Un año después, en 2006, al incluir a la población afectada en otros lugares del mundo dentro del censo, los autores del reporte concluyeron que la cifra se acercaba a 16,000 muertes.

Existe un problema estructural en la OIEA. El organismo fue creado con dos ejes: fungir como organismo regulador de la energía nuclear y al mismo tiempo promover su uso. Es por esto que la OIEA no ha podido encarar y asumir la totalidad de consecuencias del accidente.

Existen otros estudios que estiman las cifras de mortalidad en Chernobyl en decenas de miles. Un estudio publicado por Greenpeace, en conjunto con 51 científicos sugiere que la totalidad de defunciones que aún provoca Chernobyl se acerca a 100,000.

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¿Qué sucede en Chernobyl hoy en día?

Para noviembre de 1986, ocho meses después del accidente, se había construido un sarcófago de acero de 410,000 metros cúbicos y 7000 toneladas alrededor del reactor. Se estimó que el tiempo de vida de este sarcófago sería de entre 20 y 30 años, pero su rápido deterioro eventualmente podría llevar a un colapso del reactor, lo que podría causar una segunda contaminación masiva.

Se planeaba construir un nuevo sarcófago con un costo de 1.6 billones de euros para 2005/2006, pero según el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), para terminar el proyecto aún faltan 600 millones de euros y es incierto de donde provendrán los fondos.

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¿Los nuevos reactores, de “tercera generación” no son más controlables y seguros que los reactores de Chernobyl y Fukushima?

Es cierto que ha habido algunos cambios en el diseño de los reactores. Sin embargo, en funcionamiento continúan siendo igual. Un error humano o un problema de diseño podría desembocar en un accidente. Además, los nuevos núcleos permiten una gama más amplia de sustancias radioactivas y esto puede llevar a una liberación radioactiva más grande en caso de un accidente.

Algunos de estos nuevos reactores ya muestran señales de deterioro, entre ellos Flamanville 3 en Francia y Olkiuloto 3 en Finlandia, que fueron diseñados y publicitados durante el último “boom” nuclear; ambos han sufrido problemas financieros y de construcción. Debido a los acontecimientos recientes en Fukushima, Francia está considerando frenar construcción en Flamanville para enfocarse a darle mayor mantenimiento a los reactores ya existentes.

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¿Acaso la energía nuclear no es una buena alternativa para la producción de electricidad baja en emisiones de carbono?

Aquellos quienes apoyan la energía nuclear buscan hacernos creer que es la única alternativa realista a los combustibles fósiles. Lo cierto es que incluso si multiplicáramos por cuatro el total de plantas nucleares alrededor del mundo, solamente reduciríamos 6 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) para el 2050.

Existe una gran diferencia entre aquellos países que apuestan por la energía nuclear y aquellos que prefieren energías limpias y renovables. Entre los últimos, Suecia y Alemania se han acercado mucho más a sus metas de reducción de gases de efecto invernadero (GEI) que países como Finlandia, que aún utilizan la energía nuclear como fuente principal de energía eléctrica.

En el documento global [R]evolución energética, elaborado por Greenpeace y el Consejo Europeo de Energías Renovables (EREC), explica que si tomamos el camino correcto y apostamos por recursos renovables, estos podrían cubrir hasta 40 por ciento de la energía global para 2030 y hasta 80 por ciento para el 2050. El mundo necesita de una revolución energética basada en eficacia energética, mejor uso de combustibles fósiles y centrales modernas y renovables.

Si juntamos todas estas soluciones, tenemos la capacidad de producir energía baja en emisiones de carbono, de manera rápida, segura, económica y globalmente aplicable.

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¿Somos dependientes de la energía nuclear o podríamos independizarnos de ella?

Nunca estaremos a salvo mientras sigamos exponiéndonos a posibles desastres nucleares y deshechos radioactivos. Hoy, en medio de la crisis que dejaron el terremoto y el tsunami en Japón, la granja eólica Kamisu, localizada a 300 kilómetros del epicentro del terremoto, está produciendo la energía. Las compañías eléctricas han solicitado a las granjas incrementar su producción al máximo nivel para cubrir la demanda eléctrica.

Apostar por la energía nuclear significa depender de unas cuantas compañías y estados para que éstos nos garanticen tecnología y combustible, en lugar de acercarnos más a una posible independencia energética.

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¿Cómo podemos comparar los desastres de Fukushima y Chernobyl?

La principal diferencia con Fukushima es que Chernobyl comenzó con una enorme explosión que liberó grandes cantidades de radiación, que en forma de una nube gigantesca se dispersó sobre la mayor parte de Europa. En el caso de Fukushima, la radiación se está liberando más lentamente y en un espacio mucho más reducido.

Aun así, Fukushima es un derrame nuclear serio. El Instituto de Protección Radiológica y Seguridad Nuclear de Francia (IRSN) estima que las emisiones representan ya el 10 por ciento de lo emitido en Chernobyl. La Administración de Regulación Nuclear en Austria estimó que las emisiones de cesio en Fukushima podrían aumentar entre 20 y 60 por ciento en comparación con las emisiones liberadas hace 25 años en Chernobyl.

Por lo menos 80 por ciento de los daños humanos causados por Chernobyl se le atribuyen al cesio radioactivo. El nivel de evacuación y las medidas preventivas que se han implementado en Fukushima sólo las podemos comparar con un desastre como el que ocurrió en Chernobyl. Y la situación podría empeorar. Sin embargo, aún en el caso de una nueva ola radioactiva, ésta se concentraría en un área reducida en vez de viajar miles de kilómetros a través de un continente, como lo hizo en ese gran accidente.

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