Santuario mexicano para ballenas: un refugio en nuetros mares

Desde julio de 1999, Greenpeace solicitó al gobierno de México la protección de las especies de ballenas que habitan en nuestras aguas -al igual que su hábitat-, mediante la creación de un santuario en todos nuestros mares patrimoniales.

Durante tres años, Greenpeace realizó una intensa campaña en defensa de estos colosos. Realizó protestas por la matanza de los barcos balleneros y por las ilegalidades que cometían en zonas protegidas. Denunció las maniobras de Japón con la intención de quebrantar la moratoria a la cacería, la falsedad de los argumentos que pretendían justificar la caza con fines "científicos" y documentó la presencia de carne de ballena gris en los mercados japoneses.

Asimismo, llevó por distintas zonas de la República Mexicana a Lupita, la ballena azul inflable de tamaño natural (30 metros de largo). Con asombro, la gente pudo constatar la belleza y magnificencia de estas criaturas. Eso reforzó su convicción colectiva de que vale la pena mantenerlas a salvo de la cacería comercial.

Otra de nuestras labores fue la recolección de firmas a favor de crear un santuario ballenero mexicano. Se lograron recabar 125 mil firmas, 125 mil mexicanos que respaldaban esta iniciativa. Las firmas fueron entregadas a la Presidencia de la República.

Finalmente, el 24 de mayo de 2002, el gobierno mexicano decretó la protección de las ballenas en todos los mares patrimoniales de México, es decir, quedaba constituido el santuario ballenero mexicano. Un gran triunfo de todos los mexicanos.

A salvo y en casa

El santuario ballenero mexicano abarca aproximadamente tres millones de kilómetros cuadrados, repartidos en los océanos Pacífico y Atlántico y en el Mar Caribe. En este gran refugio, 21 especies de cetáceos mexicanos encuentran protección: las ballenas azul, minke, de bryde, de sei, de aleta, gris, jorobada, franca y piloto, el cachalote, cachalote pigmeo, cachalote enano, los mesoplodontes pigmeo, japonés y antillano, los zifios de cuvier, de baird, la orca, orca falsa, orca pigmea y el calderón pigmeo.

En 1972, México fue el primer país en crear un santuario para ballenas al declarar la laguna Ojo de Liebre, en Baja California Sur, santuario para la ballena gris. Treinta años después se colocó nuevamente a la vanguardia de la conservación de ballenas al decretar el santuario nacional para ballenas más grande el mundo.

Con este decreto, México se compromete a salvaguardar el área de refugio, a fin de mantener las condiciones ambientales necesarias para garantizar las funciones biológicas de las ballenas, tales como: reproducción, nacimiento, crianza, crecimiento, aprendizaje, migración y alimentación. Ahora es responsabilidad de todos los mexicanos vigilar y exigir que tales condiciones se cumplan.

Asimismo, queda aún mucho por hacer ya que países como Japón están cazando ballenas en estos momentos en el Pacífico y mantienen su intención de levantar la moratoria que impide la cacería comercial de ballenas. Greenpeace no dejará de luchar para que algún día todos los mares del mundo se conviertan en un santuario y termine para siempre la caza comercial de ballenas.