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Una fuerza y una belleza que sólo se entienden en libertad.

Una fuerza y una belleza que sólo se entienden en libertad.

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DF, México — Por fin, se publicó en el Diario Oficial de la Federación (26 de enero) el decreto que prohíbe la importación, exportación y reexportación de mamíferos marinos y primates. Esta iniciativa, que beneficiará a las poblaciones silvestres de delfines, ballenas, lobos marinos y otros mamíferos marinos, permaneció atorada más de dos años en el Senado debido al intenso cabildeo de la industria de los delfinarios.

Así, finalmente se frena el tráfico "legal" de delfines, ballenas, lobos marinos y otros mamíferos en nuestro país. En México existen delfines en cautiverio desde la década de 1970; de hecho, México es el tercer país con más delfines en cautiverio, después de Estados Unidos y Canadá. Algunas organizaciones se han dado a la tarea de documentar y denunciar las irregularidades en que incurren los 21 delfinarios en México, debido a que el gobierno mantiene escaso control sobre estas empresas.

La prohibición al comercio de delfines complementa la política de conservación de mamíferos marinos de México, ya que se habían prohibido las capturas en 2002, pero había un vacío legal que permitía la  importación. Esto legalizaba las capturas en otros países, como sucedió con los 28 delfines traídos de las islas Solomon en julio de 2003 (el mayor embarque "legal" realizado en la historia), que provocó un escándalo internacional y la destitución de varios funcionarios mexicanos.

Delfines "desechables"


Los delfines y lobos marinos utilizados en los parques acuáticos y delfinarios siempre han sido tratados como animales "desechables" ya que, al morir en cautiverio por las malas condiciones de manejo, los propietarios simplemente importan más ejemplares. Un estudio sobre 286 delfines cautivos en Estados Unidos reveló que en 4 años habían muerto 39 ejemplares (14%). En México esa tasa de mortalidad podría ser superior, debido a la baja calidad de muchas instalaciones.

En los acuarios, se maneja al delfín con fines exclusivamente económicos, aunque se disfrace como educación o conservación. Los espectadores nunca se enteran de la realidad del cautiverio: la forma de captura, las condiciones del "condicionamiento operante" (entrenamiento), que no es más que un aprendizaje a base de hambre, la situación insalubre y artificial de los estanques de concreto y lo agresivo de las medidas de tratamiento del agua que daña los ojos y la piel de los animales.

Como lo explicó el célebre explorador marino Jacques-Yves Cousteau: "Ningún acuario, tanque o marina no importa que tan espacioso sea podrá duplicar las condiciones del mar. Y ningun delfin que habite en estos acuarios podrá describirse como un delfìn normal. Por lo tanto, las conclusiones extraídas al observar el comportamiento de ellos frecuentemente conducirán al error al aplicarse a los delfines en general".