DF, México —
"La negativa de la administración Bush -subordinada a la industria petrolera- de reconocer el cambio climático y sus posibles impactos provocó que no se tomaran medidas preventivas en zonas altamente vulnerables a fenómenos climáticos, como Nueva Orleáns, Louisiana, para mitigar los daños de los huracanes de alta categoría. Paradójicamente, la industria petrolera también es víctima de esa misma política, ya que 95 por ciento del petróleo y 98 por ciento del gas producido en la plataforma continental se obtienen en la zona del Golfo de México, región en la que además cuentan con un gran número de refinerías. Hoy todo esto también se encuentra paralizado debido a los impactos del huracán Katrina", señaló Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.
Un documento elaborado en 2001 por la Ecological Society of America y
la Union of Concerned Scientists establecía: "las predicciones de
huracanes severos (categoría 3-5) señalan que olas de gran altura
(entre 3 y 5 pies) podrían entrar tierra adentro hasta Nuevo Orleáns".
En el reporte Confronting Climate Change in the Gulf Coast Region,
estas dos prestigiadas organizaciones científicas de los Estados Unidos
advirtieron al gobierno de ese país acerca de la vulnerabilidad de sus
costas en el Golfo de México a huracanes y eventos climáticos.
El reporte señala: "Es importante para los sistemas de las costas del
golfo la posibilidad de que el calentamiento de la superficie del mar
tropical y extratropical incremente el potencial de huracanes más
intensos, con velocidades mayores de viento y mayores precipitaciones".
La soberbia de un presidente
El reporte también menciona que el Panel Intergubernamental de Cambio
Climático reconoce la posibilidad de que se incremente la intensidad de
los vientos, las precipitaciones, los ciclones y huracanes como parte
del cambio climático. En 2001 advertían que "frentes de tormenta
podrían aumentar los niveles de agua más de tres pies en el delta del
Río Mississippi".
A pesar de estas previsiones, el gobierno de Bush tomó la decisión de
reducir el presupuesto destinado a infraestructura de protección de
Nuevo Orleáns, tal como diques y otro tipo de barreras. Esta región es
habitada por población mayoritariamente demócrata, negra y pobre.
La experiencia demuestra que los estados de Louisiana, Mississippi,
Florida y Texas son los más vulnerables a estos eventos climáticos. De
los 15 mayores desastres naturales ocurridos en los Estados Unidos,
nueve han sido en esos estados de la costa del Golfo de México. Los
estados con mayores daños por huracanes, inundaciones y tornados han
sido Florida, Louisiana y Texas, seguidos por Mississippi en el séptimo
lugar.
Hasta hace unos días, el huracán con mayores impactos económicos había
sido el Andrew, de 1992, que dejó daños estimados en 27 mil millones de
dólares, seguido por el huracán Hugo con daños por 5.8 mil millones de
dólares. Aquellos desastres han sido superados por el huracán Katrina
que -se estima- provocó daños por 50 mil millones de dólares.
Como necesaria medida preventiva, la UCS y la ESA sugirieron tres
estrategias básicas: mitigación, minimización y adaptación. Aunque un
evento climático particular no puede asegurarse que es causado por el
cambio climático, las medidas sugeridas de minimización y adaptación
resultaban indispensables para todos los casos. Entre las medidas
importantes que proponían está la de reducir las alteraciones y la
destrucción de los ecosistemas y la preparación de las comunidades
costeras para responder al aumento del nivel del mar y a tormentas
severas como huracanes.
George Bush se ha negado a firmar el Protocolo de Kioto y a reconocer
la amenaza del cambio climático, esto lo ha llevado a negarse a tomar
medidas preventivas que mitiguen los impactos ocasionados por fenómenos
meteorológicos extremos. Hoy son lamentablemente visibles las
consecuencias de esta política.