Los talamontes operan sin control dentro del Gran Bosque de Agua. Greenpeace demanda acciones urgentes para proteger este valioso corredor biológico.
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Ciudad de México, México —
El asesinato de un guardabosque del gobierno estatal en Xalatlaco, Estado de México, dentro del Gran Bosque de Agua, evidencia el alcance de la tala ilegal en esa entidad y la necesidad de que este problema sea combatido desde el gobierno federal.
“Greenpeace lamenta profundamente el enfrentamiento entre inspectores
de Probosque y talamontes de Xalatlaco y, sobre todo, el saldo de
inspectores muertos y heridos. Este no es un hecho aislado. Desde 1991,
al menos 30 inspectores forestales han muerto en el país por cuestiones
relacionadas con su trabajo (en promedio dos inspectores asesinados
cada año). Es decir, en 15 años se ha asesinado al equivalente a
10% del total de la plantilla de inspectores en todo el país. Es
urgente que el gobierno federal, a través de la Profepa, asuma el
control del combate a la tala ilegal y para hacerlo necesita recursos y
atribuciones suficientes”, explicó Héctor Magallón, coordinador de la
campaña de bosques y selvas de Greenpeace México.
Cabe señalar que Probosque, la instancia involucrada en el
enfrentamiento del jueves 29, surgió de un convenio entre federación y
gobierno mexiquense para delegar las labores de inspección y vigilancia
forestal, pero Probosque ha sido ineficaz en su cometido. En los casi
tres años que lleva funcionando, la tala ha aumentado: en la parte
mexiquense de lo que Greenpeace llama el Gran Bosque de Agua es donde
se presentan los más graves problemas de deforestación (el Gran Bosque
de Agua se extiende por 120,000 hectáreas de Estado de México, Morelos
y Distrito Federal).
“La tala se ha agravado, como lo muestra la deforestación de 250
hectáreas en el Parque Nacional Lagunas de Zempoala y en zonas del
Izta-Popo”, dijo Magallón.
De acuerdo con la Profepa, en México se producen 7 millones de metros
cúbicos (m3) de madera proveniente de la tala clandestina realizada
principalmente en 15 zonas críticas, 3 de las cuales están en Estado de
México, una de ellas en el Bosque de Agua.
Actualmente, la Profepa carece de autonomía, recursos y facultades
suficientes para hacer su trabajo. Tiene alrededor de 300 inspectores
para vigilar los 56 millones de hectáreas de bosques y selvas del país.
Es decir, a cada inspector le corresponden más de 180 mil hectáreas, lo
que equivale a la mitad del estado de Tlaxcala. Actualmente, los
inspectores carecen de equipo y de atribuciones para investigar o
portar armas para su defensa, pese a que generalmente se enfrentan a
bandas de talamontes.