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Acción de Greenpeace Italia para detener la descarga de 40 mil toneladas de soya transgénica.
Ver imagen"El mercado está prácticamente libre de productos que contengan transgénicos", dijo Eric Gall, de la Unidad Europea de Greenpeace. "Esto es una gran victoria para los consumidores. Su rechazo a los organismos genéticamente modificados en los alimentos ha hecho que los grandes productores y comercializadores de comida mantengan sus almacenes libres de transgénicos".
Sólo es un primer paso
Tres productos con ingredientes transgénicos fueron encontrados en Bélgica, 12 en Holanda, ninguno en Suecia y Grecia, y uno en Dinamarca que fue retirado de la venta. Aunque ninguno fue encontrado en España, Greenpeace ha criticado a las autoridades españolas que han fallado en la implementación de la legislación y en la supervisión adecuada de las compañías.
Los productos derivados de los animales, en contraste, no tienen que ser etiquetados aunque hayan sido alimentados con cultivos genéticamente modificados.
Esto es una laguna importante en la ley, pues los OGM son procesados en grandes cantidades para alimentar gallinas, vacas y cerdos. "Los consumidores son dejados en la obscuridad sobre esto y están financiando el cultivo de transgénicos cuando compran leche, huevos y salchichas", dijo Eric Gall.
El cultivo de alimentos genéticamente modificados está causando estragos en países como Argentina en donde 100 millones de hectáreas han sido devastadas para cultivar soya transgénica y se planea destruir un área boscosa del tamaño de Alemania, para aumentar las plantaciones transgénicas. La gente que vivía en estos bosques fue expulsada por la fuerza y privada de sus formas de vida.
Argentina es el tercer productor de soya en el mundo y el mayor exportador de este cultivo. Exporta más del 90% de su cosecha, 98% de la cual es transgénica. Sus principales compradores son los Estados Unidos (11.5 millones de toneladas) y China, en donde la semilla es usada para alimentar cerdos, vacas y gallinas.
"La Comisión Europea debe abordar la falta de etiquetado en alimentos para animales y respaldar el derecho público a decir NO a los OGM. En lugar de ello, está aprobando a toda prisa nuevos productos genéticamente modificados, a pesar de la falta de apoyo de países miembro. El ejemplo de la producción de soya en Argentina expresa los impactos devastadores de la agricultura insustentable y el apoyo de la Comisión a la industria de ingeniería genética", expresó Eric Gall.
¿Y México?
En México, ninguna ley ni regulación garantiza el derecho de los consumidores a saber si los alimentos industrializados contienen o están hechos a partir de transgénicos. Los consumidores mexicanos, a diferencia de los europeos, australianos y japoneses no tenemos manera de decidir si queremos comer o no transgénicos, pues ninguna ley obliga a los productores de alimentos a especificar esto en sus etiquetas.
En México se está violentando impunemente el derecho humano a saber y decidir lo que cada persona quiere comer.
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