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Activistas de Greenpeace intentan frenar la matanza de ballenas que 
lleva a cabo el barco japonés Nisshin Maru.

Activistas de Greenpeace intentan frenar la matanza de ballenas que lleva a cabo el barco japonés Nisshin Maru.

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DF, México — La opinión internacional ha dicho en forma mayoritaria NO a la caza de ballenas. No obstante, el gobierno de Japón decidió de manera unilateral duplicar la matanza de ballenas en aguas antárticas. Esto significa que en diciembre Japón cazará cerca de mil ballenas, incluidas especies amenazadas como el rorcual común.

El anuncio fue realizado al concluir la 57 reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), en la cual Japón esperaba alcanzar respaldo mayoritario a sus propuestas de reanudar la cacería comercial de ballenas. Al no encontrar consenso, Japón ha decidido actuar al margen de la CBI en tanto sigue fortaleciendo sus posturas en ese organismo mediante la compra de votos. Y es que poco a poco ha venido sumando a su causa a naciones pobres que, en conjunto, pronto podrían alcanzar la mayoría. Sólo el pasado viernes ingresaron a la CBI cuatro nuevos aliados de Japón: Camerún, Gambia, Nauru y Togo. Aunque se requiere el 75% de los votos para que cualquier resolución sea aprobada, un miembro de la delegación japonesa declaró: "el próximo año estos países participarán... el punto de inflexión, para darle la vuelta a la historia, está cerca".

Entre las propuestas que no fueron aprobadas estuvo el aumento en las cuotas de cacería de ballenas, anular el santuario austral y permitir la caza de ballenas minkes y rorcuales en la costa de Japón. En sentido opuesto, tampoco prosperó la iniciativa de Brasil, Argentina y Sudáfrica de crear un santuario en el Atlántico Sur. De haberse aprobado este santuario, quedarían protegidas las áreas de reproducción, migración y alimentación de las ballenas azul, rorcual tropical, rorcual común, rorcual de sei, jorobada, franca, franca pigmea, cachalote, minke y minke pigmea.

Por lo pronto, estas especies y varias otras seguirán amenazadas por los planes de cacería de Japón así como por las capturas incidentales en redes de pesca, la contaminación y los efectos del cambio climático. Estos problemas, que representan un riesgo para los cetáceos, se presentan incluso en los mares de aquellos países que votaron en contra de reanudar la caza de ballenas. (En México, por ejemplo, se requieren medidas de protección para garantizar que las ballenas estén a salvo de las redes de pesca, cosa que hasta ahora no ocurre).

Por otro lado, esta reunión de la CBI mostró la fragilidad de los acuerdos alcanzados para la conservación de las ballenas. Por ejemplo, el país anfitrión, Corea, justificó su decisión de construir una planta procesadora de carne de ballena argumentando que esto le permitirá detectar fácilmente el comercio ilegal de esta carne. Asimismo, Islandia, donde la tradicional cacería está siendo reemplazada por el avistamiento de ballenas, no se ha decidido a suspender la matanza "con fines científicos".

UNA VOTACIÓN DE MUESTRA: La propuesta de crear un santuario ballenero en el Atlántico Sur tuvo 29 votos a favor, 26 en contra y 2 abstenciones (requería 43 votos para ser aprobada). Entre los votos en contra estuvieron: Antigua y Barbuda, Benin, Camerún, Cote d'Ivoire, Dominica, Gabón, Grenada, Guinea, Kiribati, Mongolia, Nauru, Nicaragua, Palau, Islas Solomon, St. Kitts y Nevis, Santa Lucía, Senegal, Suriname y Tuvalú. Varios de estos países se han unido a la CBI a cambio de ayudas económicas de Japón y respaldan en bloque las propuestas niponas.

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