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Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

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Ciudad de México, México — Mientras en nuestro país la industria transgénica y los biotecnólogos aprovechan la crisis del precio de la tortilla para promover las siembras de maíz transgénico, en el mundo aumenta el rechazo a esta tecnología por parte de agricultores, campesinos, consumidores y gobiernos.

"La industria biotecnológica pretende engañar a la sociedad mexicana y convencer a las autoridades para que aprueben la siembra de transgénicos, prometiendo altos rendimientos y disminución en el uso de agrotóxicos, lo que no han logrado ni siquiera en Estados Unidos, de acuerdo con el reporte 'The First Decade of Genetically Engineered Crops in the United States', publicado en abril de 2006 por el Departamento de Agricultura de ese país", dijo Areli Carreón, de la campaña de transgénicos de Greenpeace México.

“Los transgénicos no son una solución para la producción de maíz en México porque no contamos con las condiciones de producción que requieren: amplias extensiones de monocultivo altamente tecnificado, con riego y con el uso de un paquete tecnológico que los campesinos mexicanos no pueden costear. Para que se cumpliera la promesa de elevar los rendimientos de maíz a los niveles de los Estados Unidos tendríamos que modificar nuestra orografía, nuestra disponibilidad de agua, la tenencia de la tierra y cambiar nuestra cultura agrícola”.

La verdadera solución para mejorar la producción del maíz requiere de un cambio de fondo en las políticas públicas para el campo y la producción de alimentos, como han señalado ambientalistas, organizaciones campesinas, indígenas y sociales, y científicos e investigadores. Antes que permitir la siembra de transgénicos, el gobierno de México debe proteger nuestra biodiversidad de maíz que está perfectamente adaptada para resistir a plagas, sequía, inundación, viento, alcalinidad o acidez de los suelos. Esta riqueza genética es un patrimonio exclusivamente mexicano que debemos proteger y aquilatar.

Los transgénicos, en cambio, son propiedad privada de pocas corporaciones transnacionales que cobran regalías por su uso, incrementan el uso de agrotóxicos dañinos, contaminan a las variedades nativas y son rechazados por los consumidores de mercados globales tan importantes como Europa, China, Japón y Australia.

Dos reportes, una realidad

Hoy aparece el reporte anual de la asociación internacional que promueve la biotecnología dando cifras inverosímiles sobre el supuesto crecimiento del uso de los transgénicos en el mundo. Estos datos se sustentan sólo en información provista por las propias compañías dueñas de esta tecnología. Las promesas falsas, el engaño y la falta de información sobre los transgénicos son las herramientas con las que las corporaciones biotecnológicas pretenden hacer jugosos negocios en México, poniendo en peligro de contaminación irreversible nuestro país, centro de origen y biodiversidad del maíz.

En cambio, el informe "Reacción global contra los transgénicos en 2006", publicado hoy por Greenpeace Internacional, documenta el rechazo global de agricultores, consumidores y gobiernos a la siembra de transgénicos. La reacción de los mercados globales al reciente escándalo de contaminación del arroz con transgénicos, por ejemplo, llevó a algunos países a prohibir el cultivo de todos los transgénicos en sus territorios. Rumania, que tenía 85 mil hectáreas sembradas con soya transgénica en el 2005, reducirá este año esa superficie a cero.

El resumen del informe 2006, aquí.


¿Qué son los transgénicos? Los transgénicos son nuevas formas de vida creadas en laboratorio con una técnica que permite alterar la estructura molecular del alimento insertando genes ajenos (de bacterias, otras plantas o incluso de animales). Por ejemplo, el maíz transgénico que México importa de Estados Unidos contiene genes de una bacteria que le hace producir una sustancia insecticida, característica que el maíz nunca tendría de manera natural. El problema es que hasta la fecha no se han estudiado los efectos a largo plazo del consumo de transgénicos. Lo que se ha documentado es el riesgo de contaminación para las especies nativas por el cultivo de transgénicos, lo cual entraña graves amenazas para la riqueza biológica del maíz mexicano y para millones de campesinos. Más información.
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