Al participar en el foro
El Bosque de Agua y su problemática,
organizado por los linces de Greenpeace que desde el domingo 5 de marzo
realizan una expedición por esta región, autoridades y académicos
señalaron la necesidad apremiante de enfrentar los problemas que
amenazan al Gran Bosque de Agua, como son el cambio de uso de suelo, el
avance de la mancha urbana, los asentamientos irregulares, la
fragmentación de las áreas forestales, la tala ilegal y la cacería
furtiva.
"Es necesario que el gobierno federal y los gobiernos locales hagan de
este tema una prioridad, que en el corto plazo lo conviertan en un tema
de atención permanente, como lo hicieron con la contaminación del aire.
Ese es el primer paso para abordar lo fundamental: un ordenamiento
territorial integral, con la inclusión de los pobladores de la región,
que considere la vocación de uso de suelo de cada uno de estos bosques
y los servicios ambientales que brindan", señaló Adrián Fernández,
presidente del Instituto Nacional de Ecología (INE).
Los linces de Greenpeace recorren el Gran Bosque de Agua, el corredor biológico Ajusco-Chichinautzin.
Por su parte, Miguel Ángel Cancino, subprocurador de Ordenamiento
Territorial de la Procuraduría Ambiental del DF, reconoció: "El cambio
de uso de suelo es lo que mayor impacto provoca en esta zona. El suelo
de conservación está siendo fuertemente degradado debido al proceso de
urbanización".
Precisó que en el Gran Bosque de Agua hay 88 mil hectáreas de suelo de
conservación (en la parte que corresponde al DF). Ahí existen 804
asentamientos irregulares que ocupan el 10 por ciento de la superficie
y están en expansión.
“Esta región ha sufrido un proceso de fragmentación por el crecimiento
de la mancha urbana. Esto ha provocado que diversas especies queden
aisladas, lo cual afecta sus posibilidades reproductivas y las debilita
como especie. Eso ha colocado en un estado crítico a más de 200
especies endémicas de esta zona”, afirmó Francisco J. Romero, el mayor
experto en la biodiversidad de esta región y director del Laboratorio
de Fauna Silvestre de la UAM-Xochimilco.
Mencionó otras actividades “hormiga” que afectan a la región, como la
tala que realizan los asentamientos irregulares, la extracción maderera
clandestina, la cacería furtiva y la extracción ilícita de zacatonal,
alimento y refugio de especies, para elaborar productos comerciales que
requieren fibra.
Romero advirtió que la degradación del Gran Bosque de Agua ha provocado
una diminución en la recarga de los mantos acuíferos, por lo cual esta
región está perdiendo su capacidad productiva, como se aprecia en el
baja producción agrícola en la zona de chinampas (60 por ciento ya no
producen).
“Traer agua a la ciudad de México tiene un elevado costo energético,
social y ambiental que además afecta a las regiones de las que se
extrae el líquido. Por eso, es indispensable proteger las zonas de
recarga de los mantos acuíferos”, afirmó Patricia Romero, especialista
en agua y académica de la UAM.
Por su parte, Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques y
selvas en Greenpeace y uno de los linces que realiza la expedición por
el Gran Bosque de Agua, señaló: “Es urgente la conservación del Bosque
de Agua, de su existencia depende la viabilidad y la seguridad de la
población del centro del país”.
Mapa animado del Gran Bosque de Agua.
Weblog: los linces conparten contigo sus experiencias.