La tecnología Terminator provoca que las semillas transgénicas sean estériles, propiedad que alterará radicalmente los métodos de producción agrícola en beneficio de unas cuantas corporaciones.
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DF, México —
Estudios realizados en Estados Unidos señalan que las condiciones necesarias para desarrollar cultivos transgénicos con aplicación farmacéutica son prácticamente inviables desde el punto de vista financiero. Esto porque su producción exige severas medidas de seguridad ya que amenaza la producción de alimentos, que fácilmente podrían ser contaminados y en tal caso pondrían en riesgo la salud de los consumidores.
Aprendiz de brujo
Desde hace 15 años, las empresas que desarrollan y aplican la
biotecnología a la agricultura vienen experimentando con una nueva
generación de transgénicos, conocidos como cultivos farmacéuticos o
"farmacultivos".
Los "farmacultivos" son cultivos tradicionales de maíz, soya o tabaco
que han sido modificados genéticamente para producir medicinas y
químicos industriales. Según los promotores de este tipo de
transgénicos, con ellos se busca producir proteínas terapéuticas y
vacunas para tratar la diarrea, paros cardíacos, cáncer o sida. Además,
se usarían como materia prima para fabricar plásticos, detergentes o
pinturas, entre otros productos.
Sin embargo, a pesar de década y media de experimentación con ellos, la
Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por su
sigla en inglés) no ha aprobado aún ningún producto derivado de
"farmacultivos" para su venta al público. No obstante, eso no significa
que la producción de alimentos sanos y seguros esté a salvo de ser
contaminada por estos cultivos.
Supuestos beneficios
En un reciente informe de la Unión de Científicos Críticos de Estados
Unidos (UCS, por su sigla en inglés), titulado "La economía de los
cultivos farmacológicos" (ver www.ucsusa.org), se analizan los riesgos
potenciales y presuntos beneficios de estos transgénicos para los
productores y las comunidades rurales.
El documento señala que el principal beneficio -según los
investigadores que desarrollan la tecnología- es abaratar los costos de
la producción de medicinas. En segundo término, se incrementarían las
ganancias de quienes siembren este tipo de maíz. Sin embargo, como los
"farmacultivos" aún están en una fase muy temprana de desarrollo se
carece de datos suficientes para asegurar que esos beneficios son
reales.
"Porque la industria de los farmacultivos está en su infancia, los
beneficios potenciales deberían ser considerados como proyecciones
tentativas y deberían ser balanceados con los riesgos inherentes a la
provisión de alimentos (seguros), ya que los mismos cultivos se usan
tanto para propósitos farmacológicos o industriales que para alimentos".
Demasiada incertidumbre
La preocupación principal de diversas asociaciones de la industria
alimenticia, grupos ambientalistas y de consumidores, así como del
Consejo Nacional de Investigación de EU se refiere a los riesgos a que
se sometería la seguridad de los alimentos. Esta llamada de atención
tiene su razón de ser en el hecho que los "farmacultivos" se sembrarían
en las mismas regiones que se siembran granos para consumo humano y
animal. De llevarse a cabo, esto implicaría altas posibilidades de que
el maíz transgénico que produce medicamentos se mezcle o contamine
aquellos maíces producidos para alimentación humana o animal. Si esto
sucede, maíces no aptos para el consumo humano podrían entrar a la
cadena productiva de alimentos y estar presentes en nuestra comida. Los
consumidores podrían desarrollar resistencia a los antibióticos, por
ejemplo, lo cual los pondría en riesgo ante enfermedades e infecciones.
Por ello, el informe sugiere que se debe garantizar el "riesgo cero" a
la hora de plantar "farmacultivos". Esto significa adoptar las medidas
adecuadas de confinamiento y aislamiento de los "farmacultivos" para
evitar la contaminación o mezcla accidental con los cultivos
convencionales. Garantizar esas condiciones de seguridad implica
fuertes inversiones, lo que dejaría poco margen de ganancia a quienes
opten por cultivar maíz transgénico para producir medicinas.
Además, el reporte de la UCS estima que los costos asociados con la
contaminación de cultivos incluyen pérdidas de ganancias de
exportación, devolución de granos contaminados, valor reducido para los
cultivos no farmacéuticos contaminados, retiro de productos de los
supermercados, descontaminación de elevadores de grano y plantas
procesadoras, costos por análisis de ADN, pérdida de mercados a largo
plazo y posibles daños a la salud de personas y animales.