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Agricultores orgánicos deciden quemar sus cosechas de maíz tras 
descubrir que habían sido contaminadas por transgénicos sembrados en 
parcelas vecinas.

Agricultores orgánicos deciden quemar sus cosechas de maíz tras descubrir que habían sido contaminadas por transgénicos sembrados en parcelas vecinas.

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DF, México — Una evaluación luego de siete años de sembrar transgénicos en España revela que, de manera inevitable, estos organismos genéticamente modificados terminan contaminando a los demás cultivos. Esto acarrea pérdidas económicas a los productores orgánicos y genera incertidumbre entre los consumidores respecto a la calidad de los alimentos que consumen. Es una lección para México.

El informe Coexistencia imposible - Siete años de transgénicos contaminaron al maíz orgánico y convencional: casos de estudio en Cataluña y Aragón, publicado por Greenpeace, demuestra que la siembra de transgénicos en España –el único país europeo donde se cultivan transgénicos a gran escala– ha reducido la biodiversidad agrícola. De 40 parcelas de maíz orgánico y convencional (no transgénicas) analizadas, 12.6 por ciento resultaron contaminadas con variedades transgénicas, lo cual las devaluó.

"Este reporte es una señal de alarma para las autoridades ambientales de México sobre el peligro de pretender que coexistan cultivos de maíz transgénico con cultivos de variedades convencionales y criollas. Como centro de origen y diversidad de este grano, México debe extremar las medidas de bioseguridad mediante un régimen de protección especial que garantice que el maíz no se va a contaminar con transgénicos", advirtió Gustavo Ampugnani, coordinador de la campaña de transgénicos de Greenpeace México.

En México, la coexistencia de cultivos es una idea contemplada tanto en la Ley de Bioseguridad como en la política de la Secretaría de Agricultura para impulsar el uso de transgénicos en la producción agrícola. Con el concepto de coexistencia se busca dividir al país en dos regiones: una donde sí estaría permitido sembrar maíz transgénico (Sinaloa, Sonora y Tamaulipas) y otra -el sur cultural y de alta diversidad biológica- donde no.

La muestra de que tal división es ficticia la ofrece el caso de los campos españoles donde la siembra comercial de transgénicos ha evidenciado diversos problemas (algunos de los cuales ya se dan en México), como son:

  • deficiencias en los sistemas de segregación y etiquetado hacen imposible rastrear transgénicos dentro de un país en caso de accidente (así ocurrió con el descarrilamiento de un tren con maíz transgénico en Veracruz, en marzo pasado);
  • no existen sistemas independientes de detección e investigación de los casos de contaminación, cultivos ilegales, irregularidades administrativas o efectos negativos de los transgénicos. La inmensa mayoría de las contaminaciones no se detecta nunca;
  • el costo que supondría el control riguroso por parte de las autoridades hace que este tipo de tecnología sea social, ambiental y económicamente inviable;
  • la industria transgénica influye sobre el poder político y hace prevalecer sus intereses por encima de los del medio ambiente o la sociedad;
  • los costos económicos y los daños sociales deben ser asumidos por los campesinos contaminados.
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