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Con un Arca de Noé, Greenpeace demandó a los gobiernos que consideren 
a los millones de personas que están en riesgo ante el cambio 
climático.

Con un Arca de Noé, Greenpeace demandó a los gobiernos que consideren a los millones de personas que están en riesgo ante el cambio climático.

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Buenos Aires, Argentina — El próximo 16 de febrero se pondrá en marcha el Protocolo de Kioto, el mayor esfuerzo mundial para combatir el cambio climático. Para precisar estrategias y futuras etapas se han dado cita en Buenos Aires delegados de 190 países, así como representantes de sectores industriales y energéticos, que asisten a la X Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 10). Estados Unidos, el mayor responsable de este problema global, no ha querido asumir su responsabilidad.

Durante diez días serán analizados los impactos del cambio climático, las reducciones de emisiones de gases de invernadero por parte de los países industrializados, las opciones energéticas, como las energías renovables, y la definición de pautas para un segundo periodo de compromisos, en el que deberán establecerse nuevas metas de reducción para el mundo industrializado y la incorporación de nuevos países en el sistema de reducción de emisiones de gases invernadero.

Para algunos actores, esta será una oportunidad para buscar la manera de convencer a países como estados Unidos para que se adhieran al Protocolo de Kioto. Otros actores, como los sectores productivos, aún forcejean en torno a los términos del acuerdo pues se resisten a reducir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas que contribuye en mayor medida al incremento de la temperatura planetaria.

Una refinería de la petrolera Exxon.

Una refinería de la petrolera Exxon.

En su primera etapa, el Protocolo de Kioto establece que en el periodo 2008-2012 se reduzcan las emisiones de los países industrializados hasta alcanzar una disminución de 5.2% respecto a lo que emitían en 1990. Faltan por negociar las nuevas metas de reducción que se aplicarán en la segunda década de este siglo, aunque se estima necesario bajar la generación de gases en un 50% para mediados del siglo XXI.

Y es que un incremento de 2 grados centígrados (situación que podría ocurrir en este siglo) provocaría efectos desastrosos en los ecosistemas, por ello es urgente recortar el total de emisiones de gases de invernadero. Esto implica que economías que hoy tienen una rápida industrialización, como China, India, Brasil y México, necesitan reducir sus emisiones de CO2 de manera urgente.

"Desde una perspectiva moral, legal y práctica, los costos iniciales de la reducción de emisiones deben recaer en los países industrializados. Se requiere que alcancen reducciones de al menos 30% con relación a los niveles de 1990 (año base de referencia elegido en el Protocolo de Kioto) para el 2020 y se fijen metas de reducción de 75% para mediados de siglo", explicó Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.

"Para lograr esas metas será necesario un cambio radical en materia energética. Esto significa cambiar nuestra actual dependencia de los combustibles fósiles por la generación de electricidad mediante las fuentes renovables de energía, aspecto en el que México posee un enorme potencial que está desaprovechando", advirtió Arturo Moreno, coordinador de la campaña de energía y cambio climático de Greenpeace México.

De México asiste una delegación integrada por personal de las secretarías de Medio Ambiente, Energía y Relaciones Exteriores, así como legisladores.

Al iniciar la COP 10, Greenpeace instaló un "Arca de Noé" para refugiados climáticos y pidió a los gobiernos de todo el mundo que consideren que son millones de personas las que están en riesgo por la amenaza del cambio climático, de ahí la necesidad de adoptar medidas inmediatas.

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