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Protesta contra la contaminación del maíz mexicano, durante la reunión 
de ministros de medio ambiente de Norteamérica.

Protesta contra la contaminación del maíz mexicano, durante la reunión de ministros de medio ambiente de Norteamérica.

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Montreal, Canadá — Greenpeace, con grupos campesinos y representantes sociales de todo el mundo, demandó implantar reglas estrictas para las compañías responsables de contaminación y daños causados por los transgénicos. Esta petición, elaborada ante los delegados que asisten a la segunda conferencia del Protocolo de Cartagena, fue acompañada de canola transgénica encontrada en Japón, la cual fue entregada a Stéphane Dion, ministro de ambiente de Canadá, quien preside la reunión.

Tal y como lo predijeron los movimientos ambientalistas, campesinos y sociales, las semillas transgénicas han contaminado los cultivos alimenticios alrededor del mundo desde su introducción en 1996. En esta década han ocurrido más de 50 incidentes de contaminación ilegal con transgénicos, en 25 países de los cinco continentes, aunque se teme que haya más casos no documentados.

Entre estos casos de contaminación transgénica ilegal se cuentan los ocurrido con cultivos tradicionales de maíz en México, arroz en China, soya en Brasil, papaya en Tailandia, algodón en India, canola en Canadá, y el más reciente, de canola en Japón.

"Se han encontrado transgénicos en campos de agricultores que nunca sembraron ni querían cultivos transgénicos cerca de sus campos. En lugar de compensación, los productores agrícolas se han visto obligados a pagar regalías a las compañías agroindustriales por el "uso" de sus patentes", dijo Doreen Stabinsky, de Greenpeace.

Maíz transgénico capaz de desarrollar alergias (Starlink) ha contaminado productos alimenticios en dos continentes, en tanto que los granos manipulados genéticamente con fines farmacéuticos han sido descubiertos en silos de cultivos cosechados en Estados Unidos. Mientras, Estados Unidos continúa con la siembra de campos de experimentación y el cultivo comercial de transgénicos que van desde vacunas de cerdo hasta plásticos industriales.

La reunión del Protocolo de Cartagena, que arrancó hoy, concluye el próximo 3 de junio. Greenpeace, como otras organizaciones, estará en esta reunión vigilando las discusiones y señalando aquellos pasos que constituyan un retroceso en las discusiones sobre bioseguridad.

La delegación ¿mexicana?

Por parte de México asiste una delegación que produce más incertidumbre que confianza. Integrada por siete secretarías de estado (Sagarpa, Ssa, Economía, SHCP, SEP, SRE y Semarnat), se negó a hacer pública la postura que el gobierno mexicano defenderá en esta reunión. Más aún, incorporó comop parte de la delegación a Víctor Manuel Villalobos Arámbula, encargado de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Agricultura, quien se encuentra sometido a procesos tanto administrativo como penal por haber excedido sus funciones en encuentros internacionales, donde entre otras cosas firmó un "TLC transgénico" en un intento por evadir los compromisos ya contraídos en el Protocolo de Cartagena.

Además, en la primera reunión del Protocolo boicoteó en nombre de México los consensos alcanzados, los cuales exigían mayor rigor en la comercialización de los transgénicos producidos en países como Estados Unidos y Canadá.

Sobre la posición de México, organizaciones campesinas y civiles han demandado la defensa de estos puntos: establecer un régimen de responsabilidad obligatorio para las empresas basado en el principio de "quien contamina, paga"; que se establezca un fondo de compensación y reparación de daños; que se especifique qué es un daño, quiénes son los responsables y cuáles son los estándares de responsabilidad; que todo ciudadano tenga acceso a las instancias judiciales para demandar la reparación del daño.

Si bien en esta reunión los países no miembros del Protocolo y promotores de los transgénicos presionan para que el etiquetado sea ambiguo, es necesario que los países miembros, destacadamente México, establezcan mecanismos para que los países importadores cuenten siempre con información básica: si el producto es o contiene OGM; si el OGM ha sido prohibido o aprobado bajo la legislación nacional del exportador; identificación clara de modificaciones transgénicas que contengan o puedan contener los bienes procesados importados; información sobre la posible presencia accidental de OGM en embarques, entre otros.
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