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Sobre las tuberías colocadas en el predio de Sempra/Shell, Greenpeace 
expresa su rechazo a las plantas de regasificación.

Sobre las tuberías colocadas en el predio de Sempra/Shell, Greenpeace y organizaciones de Baja California expresan su rechazo a las plantas de GNL.

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DF, México — La Comisión Federal de Electricidad (CFE) realizó un anuncio poco esperanzador. En su más reciente anuncio de proyectos a desarrollar dejó en claro que para generar electricidad seguirá quemando combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). En otras palabras, seguirá generando contaminación y contribuyendo al cambio climático, a pesar del enorme potencial que tiene nuestro país en energías renovables.

La tendencia expresada por la CFE coincide con lo ocurrido en Baja California, en las islas Coronado y en la zona de Costa Azul (Ensenada), donde el gobierno mexicano ha decidido someterse a los directrices de grandes transnacionales (Chevron-Texaco, Shell y Sempra), aunque con ello ponga en peligro al medio ambiente y a la población al apoyar proyectos de gas natural licuado (GNL). Esto mismo está ocurriendo en el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde la empresa Repsol YPF pretende construir otra planta regasificadora de GNL.

Es tan claro el comportamiento gubernamental que ahora la empresa belga Tractebel, luego de perder una licitación con Repsol YPF, está presionando para que se abra una licitación más para construir otra planta de regasificación de GNL en Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Tanto en Michoacán como en Baja California, se pretende desarrollar estos proyectos en forma atropellada, sin ningún tipo de planeación ni estudios previos, como lo demuestra el hecho de que las plantas de gas natural licuado no estaban contempladas en la Prospectiva del Sector Eléctrico 2002-2011. Queda claro que estas plantas no eran ni son necesarias para abastecer la demanda energética de México, solamente responden a los intereses económicos de las transnacionales.

A ello debe agregarse que los proyectos de GNL representan un grave riesgo para el medio ambiente y la población, debido a la elevada explosividad de este combustible. Esto sin mencionar la probabilidad de que estas plantas sean centro de atentados terroristas, como lo han documentado las autoridades estadounidenses.

Producción sucia, no renovable

La CFE, por otra parte, pretende construir una planta carboeléctrica que utilizaría de seis a siete millones de toneladas de carbón importado cada año. Así, esta dependencia opta por una grave contaminación (y sus consecuentes impactos en la salud), como si ignorara que nuestro país cuenta con un gran potencial de generación de energía eléctrica mediante fuentes renovables, limpias y seguras, como son la fuerza del viento, del sol, de las mareas, de la biomasa y las minihidraúlicas.

Por ejemplo, en el estado de Oaxaca, solamente la zona de La Ventosa podría generar con energía eólica hasta 33,000 Mwatts, es decir, 60% del consumo eléctrico nacional actual (Recurso Energético Eólico-Atlas de Oaxaca, publicado por el National Renewable Energy Laboratory de Estados Unidos). No obstante, el gobierno mexicano promueve proyectos de energía sucia, con lo cual agrava el deterioro ambiental en nuestro país y propicia una dependencia energética del exterior que vulnera nuestra soberanía.

(Para mayor información, consulte el informe Gas natural licuado: fin de las independencia energética, en la campaña de Energía y cambio climático, en la sección Documentos.)

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