"Esta miopía oficial ha dejado fuertes secuelas. El gobierno tiene que
abandonar esta práctica de promover el cambio de uso de suelo en las
zonas que tienen vocación forestal. Conservar nuestros bosques es la
mejor forma de minimizar los impactos de las lluvias y de garantizar el
abasto de agua, sólo por mencionar un par de temas fundamentales",
afirmó Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.
Aunque en su urgencia por salir de viaje el presidente Vicente Fox ha
declarado que la emergencia ya pasó y que todo está bajo control, la
realidad es que lo más grave apenas está comenzando y que es necesario
que se den soluciones de fondo a las causas reales de los fuertes daños
que el huracán Stan ha causado en diversos estados, principalmente
Chiapas.
"No importa que el presidente Fox declare que se destinarán millonarios
recursos a la reconstrucción. Mientras nuestro modelo de desarrollo
esté basado en la destrucción de los ecosistemas y en el uso de
combustibles fósiles, este tipo de situaciones, con las pérdidas
materiales y humanas que implican, se repetirán irremediablemente. Esto
apenas empieza", afirmó Calvillo.
Un desastre anunciado
Entre las razones de las intensas lluvias y los daños que provocaron en
la región destaca un factor que con voluntad y visión política es
posible corregir:
- la dramática deforestación y pérdida de cobertura vegetal. Esto
aumenta la vulnerabilidad a las lluvias, ya que uno de los servicios
que prestan los bosques y las selvas es infiltrar al subsuelo el agua
de las lluvias y regular la que llega a los ríos y arroyos, además de
impedir la erosión del suelo. La destrucción de los bosques debe
alertar a las autoridades estatales y federales ya que se vislumbran
fenómenos climáticos cada vez más fuertes y frecuentes en la región,
tal y como lo predicen los expertos sobre cambio climático.
No obstante, Chiapas es uno de los estados más deforestados de México
y, por tanto, uno de los más afectados: el 76 por ciento de su
cobertura vegetal está degradada, según estimaciones de especialistas.
De acuerdo con el Centro Agroecológico San Francisco de Asís (CASFA),
en la sierra de Chiapas, una de las más accidentadas del mundo, siempre
ha habido más de 3000 mm de precipitación pluvial por año, "lo cual es
bueno cuando la lluvia cae sobre suelos cubiertos de vegetación ricos
en materia orgánica", pero en suelos erosionados como los que ahora
tiene esta región las consecuencias son las que hoy se observan: el
agua de lluvia escurre superficialmente, sin infiltrarse al subsuelo,
destruyendo asentamientos humanos e inundando tierras costeras y
esteros de las regiones bajas.
El responsable de esta situación es el gobierno y está en sus manos el remediarlo.
"Lo primero que el gobierno tiene que hacer es asumir efectivamente que
los bosques y selvas son un asunto de seguridad nacional, y asignarles
un mayor presupuesto para que sean conservados como tales. Asignar
apenas el 0.11 por ciento del presupuesto 2006 a su conservación y
aprovechamiento sustentable, simplemente agravará la situación de los
bosques y, en consecuencia, nuestra vulnerabilidad. Se necesita por lo
menos cinco veces más ese presupuesto para el manejo forestal
sustentable y comunitario", afirmó Calvillo.
Políticas como el Procampo que se aplican en los accidentados terrenos
de la Sierra Madre de Chiapas favorecen la tala y el cambio de uso del
suelo de vocación forestal, cuando lo necesario es proteger los bosques
y hacer un aprovechamiento sustentable de los mismos.
Imágenes contundentes
Vea los impactos que prevalecían cuando el gobierno afirmaba que la emergencia había terminado:
Afectados por el huracán Stan
Calles convertidas en ríos
Destrucción y desolación