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Greenpeace descubre en un afluente del Ebro niveles de DDT 3,000 veces por arriba de los objetivos de calidad.
Ver imagenTanto el DDT como las sustancias en las que se degrada son compuestos muy persistentes en el medio ambiente. Todos ellos tienen una alta tendencia a la bioacumulación en los seres vivos y la exposición a estas sustancias se ha relacionado con efectos sobre el feto, con la disrupción hormonal, con impactos a largo plazo en el sistema nervioso y con algunos tipos de cáncer. El DDT es, además, muy tóxico para los organismos acuáticos, las aves y los mamíferos.
Con esta acción Greenpeace quiere sacar a la luz que el entorno del Cinca y, por extensión, del Ebro están sufriendo la contaminación con este peligroso tóxico ante la pasividad del gobierno de Aragón y la Confederación Hidrográfica del Ebro, encargados de velar por la salud pública y del medio ambiente.
"Clausurando las tuberías de vertido al río evitamos que sea la ciudadanía la que tenga que soportar este coste ecológico y sanitario cuando la contaminación por DDT es consecuencia sólo de los intereses económicos de esta empresa. Greenpeace cree que así lo deberían entender también las dependencias responsables de velar por los intereses de la ciudadanía y la protección del medio ambiente", ha declarado Sara del Río, responsable de la campaña de tóxicos de Greenpeace España.
El río Cinca está sufriendo una alta contaminación desde que en 1987 Montecinca, S.A. comenzó a funcionar. Tal y como revelan los datos hechos públicos ayer por Greenpeace, las concentraciones de DDT en los sedimentos del Cinca son 3,000 veces superiores a los que recomienda la propia Confederación Hidrográfica del Ebro. El DDT se ha incorporado en la cadena trófica con el agravante de que a medida que se asciende en la cadena alimentaria (de los microorganismos de los sedimentos a los mamíferos) la concentración aumenta hasta llegar al ser humano, el último eslabón de la cadena.
El fin de la producción de dicofol desencadenará muchos más beneficios que problemas. El dicofol, hoy por hoy, no es un acaricida imprescindible, ya que existen en el mercado alternativas mucho más seguras, por lo que es un claro ejemplo en el que se podría aplicar el Principio de Sustitución. Además, aunque España ratificó en mayo el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, debe dar un paso más en su compromiso por la eliminación de estos peligrosos contaminantes y prohibir completamente la producción de dicofol, un pesticida ya denostado que sólo se produce en Israel, China, India, Brasil y en la planta española de Montecinca.