"La capa vegetal de bosques y selvas retiene el suelo con sus raíces,
disminuye la fuerza del agua de lluvia y promueve su infiltración hacia
el subsuelo (de hecho, capturan tres cuartas partes del agua que se
consume en nuestro país); impide la erosión y el deslave de los suelos,
regula el flujo de agua a los arroyos y ríos y evita que los cuerpos de
agua y las presas se azolven. Cuando se destruye la cobertura vegetal
el agua se lleva el suelo, éste cubre el cauce de los ríos y provoca su
desbordamiento, acrecentando las inundaciones. Proteger los ecosistemas
reduce las posibilidades de que ocurran inundaciones graves en las
tierras bajas como consecuencia de los huracanes, tal como está
ocurriendo en Chiapas, que es uno de los cuatro estados más
deforestados de México", explicó Héctor Magallón, coordinador de la
campaña de bosques y selvas de Greenpeace.
La ciudad de Tapachula y sus alrededores. Ahí se observa las zonas agrícolas que rodean a esta ciudad, zonas que nacen en las faldas de la sierra y se extienden hasta la costa. Hace años, todo esto era bosque. Al poniente de la ciudad se observa el río Coatan, que se desbordó la semana pasada.
Desastres como el provocado por el huracán Katrina en la ciudad de
Nueva Orleáns en agosto o los que vivió Chiapas en 1998 (y ahora),
corroboraron en forma dramática los impactos que produce la destrucción
de los ecosistemas. No es casual que estados como Chiapas y Oaxaca
estén siendo fuertemente impactados por un huracán de importancia
relativamente menor, ya que la mayor parte de la cobertura vegetal de
esos estados se encuentra degradada (76 por ciento y 83 por ciento,
respectivamente). Sin bosques y selvas la vulnerabilidad aumenta
exponencialmente y con ella la pérdida de vidas.
No hay presupuesto para lo prioritario
Región de la sierra de Chiapas, en las inmediaciones de Motozintla, donde se observa la fuerte deforestación (zonas en café).
México tiene la quinta tasa de deforestación más grave del planeta y
esta situación es alentada por el gobierno federal, a pesar de que
supuestamente considera los bosques y el agua un asunto de seguridad
nacional. En los hechos, apenas destina el 0.11% del presupuesto a la
conservación de los recursos forestales (propuesta de presupuesto
federal para 2006), lo que mantiene en el abandono 36 millones de
hectáreas de bosques (65 por ciento de los recursos forestales del
país), que son susceptibles de ser degradados por la tala ilegal o de
ser convertidos en pastizales o tierras de cultivo. Esto incrementa las
posibilidades de deslaves e inundaciones en las tierras bajas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) estima que el valor total de todos los beneficios
ambientales que brindan los bosques y selvas de nuestro país
-incluyendo captación de agua, regulación del clima, biodiversidad,
prevención de inundaciones y deslaves, entre otros- asciende a 136 mil
770 millones de pesos por año. Esta cifra equivale a casi 70 veces el
presupuesto que el gobierno federal ha propuesto que se destine al
sector forestal en 2006 (y de estos recursos muy poco se destina al
manejo forestal sustentable y al apoyo a comunidades y ejidos
forestales).
Vista panorámica de la región. La línea amarilla es la frontera con Guatemala. La zona deforestada se extiende en ambos lados de la frontera.
"Aunque oficialmente existen 886 mil 760 hectáreas de manglares en
México, éstos desaparecen a un ritmo de casi 10 mil hectáreas por año.
A pesar de su importancia, en mayo de 2004 la Secretaría de Medio
Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) modificó de manera ilegal la
NOM-022-Semarnat-2003 relativa a la protección de humedales costeros en
zonas de manglar, dejándola sin efecto. Esta modificación establece que
mediante el pago de una compensación económica es posible ignorar las
prohibiciones que establecía la norma con el fin de proteger al
manglar. ¿Cómo se van a compensar los daños materiales y pérdidas
humanas que ocasionan los huracanes e inundaciones y que los manglares
pueden ayudar a mitigar?", cuestionó Alejandro Olivera coordinador de
la campaña de océanos de Greenpeace.
Ciudades como Ensenada, Cabo San Lucas, La Paz, Guaymas, Campeche,
Ciudad del Carmen, Manzanillo, Acapulco, Zihuatanejo, Puerto Vallarta,
Lázaro Cárdenas, Cozumel, Cancún, Mazatlán, Tampico, Coatzacoalcos y
Veracruz, que se encuentran a menos de cinco kilómetros de la costa,
son susceptibles de sufrir huracanes y su vulnerabilidad aumenta con la
destrucción de los manglares y humedales. Las actuales inundaciones de
Chiapas muestran que las ciudades y poblados ubicados en las orillas de
los ríos también se encuentran en grave riesgo.
"Los hechos demuestran, una vez más, que los bosques (y el agua) sí son
un asunto de seguridad nacional. Si Vicente Fox y su gobierno quieren
ser congruentes, deben pasar del discurso a los hechos. Por eso, el
presupuesto destinado a apoyar el manejo forestal sustentable se debe
incrementar en al menos 8 mil millones de pesos y la Norma Oficial
Mexicana 022, que protege los humedales costeros, debe regresar a su
redacción original. De no hacerlo así, todos los mexicanos pagaremos
con pérdida de vidas humanas, de biodiversidad, escasez de agua,
pérdida de suelos, deslaves e inundaciones", concluyó Magallón.