DF, México —
Es probable que usted, sin saberlo, esté consumiendo un maíz transgénico que es dañino incluso para las ratas. Se trata del Mon863, producido por la corporación Monsanto y autorizado en México para consumo humano. Los efectos de este transgénico fueron establecidos en un estudio realizado por la propia empresa Monsanto, que intentó ocultar los resultados, de la misma manera que se ha ocultado a los consumidores mexicanos información acerca de qué alimentos utilizan transgénicos como ingredientes.
El estudio fue revelado en Alemania por una orden judicial. En México
significa un escándalo ante el cual deberá responder la Secretaría de
Salud, que obsequió la autorización al Mon863 el 7 de octubre de 2003,
sin realizar ninguna evaluación seria, confiando ciegamente en los
datos que le proporcionó Monsanto. La dependencia responsable de este
permiso fue la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos
Sanitarios (Cofepris), que estableció: "no inconveniente de
comercialización para consumo humano".
Por ello, Greenpeace presentó este día una acción popular para que la
autoridad aplique medidas de seguridad inmediatas y evite el consumo de
este maíz en México. Esto incluye la cancelación del permiso de
comercialización.
"Exigimos saber en qué productos alimenticios está presente este maíz
para que los consumidores podamos evitar comerlo y así prevenir daños a
la salud de nuestras familias. Es inaceptable que no se etiqueten los
productos transgénicos: sin etiquetado ni las autoridades sanitarias
pueden saber qué productos deben retirar inmediatamente de los
mercados. Esto pone en evidencia la irresponsabilidad gubernamental",
dijo Areli Carreón, coordinadora de la campaña de consumidores de
Greenpeace México.
La fe ciega
Greenpeace ha advertido en diversas ocasiones a las autoridades que no
pueden basar sus decisiones sobre la comercialización de transgénicos
tomando como base la información provista por las corporaciones
interesadas en obtener permisos de venta, no en proteger la salud
pública.
El caso del Mon863 demuestra la falta de transparencia de Monsanto, su
nulo compromiso con los consumidores y pone en evidencia lo inaceptable
del procedimiento con el que la Secretaría de Salud autoriza la
inclusión de transgénicos en alimentos. Hacen falta rigurosas pruebas
clínicas y epidemiológicas con plazos suficientemente largos y con
total independencia de las corporaciones biotecnológicas, a fin de
identificar posibles riesgos a la salud. Por ello, es urgente una
reevaluación adecuada de los 31 transgénicos ya autorizados para
consumo humano en México.
¿Qué pretendían esconder?
El
estudio de Monsanto da cuenta de un experimento, realizado en el 2002, en el que se
alimentó a un grupo de ratas de laboratorio con maíz convencional y a otro grupo con
maíz transgénico Mon863. En este último se detectó un incremento de
glóbulos blancos en la sangre de los machos, así como escasez e
inmadurez de los glóbulos rojos en hembras; un incremento significativo
de azúcar en la sangre de las hembras; mayor frecuencia de
deformaciones en los riñones de los machos, además de peso reducido e
inflamaciones.
Monsanto pretendió ocultar los efectos negativos del maíz Mon863
realizando referencias y comparaciones inadmisibles en los protocolos
de investigación. El científico Gilles-Eric Séralini, responsable de la
Comisión francesa que evalúa los riesgos de las plantas genéticamente
modificadas, calificó los resultados de "impactantes" y señaló: "Este
maíz transgénico no debe ser permitido ni como alimento humano ni como
forraje". Desafortunadamente, los mexicanos lo estamos comiendo.