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Activistas de Greenpeace descuelgan una manta en el tradicional Parque 
Fundidora de Monterrey para demandarle a la empresa Maseca, originaria 
de esta ciudad, que se comprometa con los consumidores mexicanos a NO 
usar maíz transgénico en sus productos.

Activistas de Greenpeace descuelgan una manta en el tradicional Parque Fundidora de Monterrey para demandarle a la empresa Maseca, originaria de esta ciudad, que se comprometa con los consumidores mexicanos a NO usar maíz transgénico en sus productos.

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Monterrey, Nuevo León , México — Activistas de Greenpeace descolgaron una manta monumental sobre las chimeneas del Parque Fundidora en Monterrey con la leyenda "Maseca: mejor sin transgénicos". Y es que la empresa Maseca, originaria de esta ciudad y actualmente la mayor productora mundial de harina para tortillas, no se ha comprometido con los consumidores mexicanos a NO usar en su harina el maíz que ha sido genéticamente modificado en laboratorio y cuyos efectos a mediano plazo en la salud y el medio ambiente son inciertos.

Previo a una reunión de accionistas de Maseca que se celebrará en esta ciudad, Greenpeace reveló información contenida en el último Reporte anual del Grupo Industrial Maseca, en el que esta compañía reconoce como un factor de riesgo para sus inversionistas la eventual presencia de maíz genéticamente modificado no aprobado para consumo humano.

Esto "pudiera representar una recolección costosa y pudiera exponernos a potenciales demandas que pudieran tener un impacto negativo en nuestras ventas, nuestras utilidades y en el precio de nuestra acción", señala este reporte.

Riesgoso, para consumidores y empresas

Siete de cada 10 tortillas vendidas en México y la mitad de las tortillas consumidas en el planeta están hechas con harina de maíz Maseca. Maseca es una compañía mexicana fundada en 1949 que introdujo al mercado la harina de maíz nixtamalizada, lista para preparar tortillas con sólo agregar agua. Este práctico producto permitió a la compañía crecer hasta dominar el 73% del mercado mexicano de la masa y la tortilla, lo que le dio la oportunidad de expandir sus ventas a países como Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Holanda, Francia, Venezuela, Costa Rica, Honduras, Guatemala y el Salvador. Maseca vende su harina de maíz a cerca de 50 países en el mundo y actualmente está invirtiendo 100 millones de dólares al año para entrar al mercado de China.

De hecho, que Maseca asuma el compromiso de no incluir transgénicos es fundamental no sólo para los mexicanos, que comemos tortillas todos los días, sino también para el futuro de la empresa. Greenpeace China le escribió recientemente una carta al presidente de esta compañía, Roberto González, y a los demás accionistas de Maseca para informarles que 57 por ciento de los consumidores chinos rechaza el uso de transgénicos en sus alimentos. Este rechazo ha llevado a grandes compañías internacionales como Coca Cola, Danone y PepsiCo, entre otras 60 empresas de alimentos, a comprometerse a ofrecer sólo productos SIN transgénicos en China.

"En esta etapa de expansión hacia el mercado chino, la mejor decisión para Maseca será adoptar una política global de NO uso de maíz transgénico, en beneficio de sus clientes tanto en México como en China, así como de sus inversionistas y accionistas. Además, esta decisión podría significarle una enorme ventaja competitiva en el mercado", dijo Areli Carreón, coordinadora de la campaña de consumidores de Greenpeace México.

Carreón explicó que evitar el uso de organismos transgénicos en sus productos es una decisión completamente viable tanto técnica como económicamente para Maseca. En el 2005 Maseca sólo importó de los Estados Unidos 54,061 toneladas de maíz, únicamente entre el ciclo agrícola primavera-verano y otoño-invierno, ante la posibilidad de que la oferta nacional de maíz fuera insuficiente. Maseca podría comprar maíz mexicano libre de transgénicos o incluso maíz norteamericano sin modificación genética cuya oferta está garantizada, pues el 55% del maíz estadounidense NO es transgénico.

Para Greenpeace este tema es de la más alta prioridad pues la contaminación con maíces transgénicos no aprobados para consumo humano puede afectar a los consumidores y poner en peligro la biodiversidad del maíz en México, país que es centro de origen de este cultivo, lo que a su vez tendría impactos en la seguridad alimentaria mundial. Los costos directos e indirectos de semejante contaminación serían incuantificables.

Conozca la Guía roja y verde de alimentos transgénicos.

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