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Las redes de deriva utilizadas en la pesquería de tiburón por barcos de alta mar tienen hasta dos kilómetros de largo y las de la pesca ribereña hasta kilómetro y medio de largo. Estas redes son murallas de muerte ya que no son selectivas en cuanto a los organismos marinos que capturan y miles de mamíferos marinos (ballenas, zifios, delfines) y tortugas son capturados en ellas cada año. Estudios recientes realizados en Sonora demuestran que 52% de los enmallamientos de ballenas, delfines y lobos marinos se presentan en redes tiburoneras, en tanto que otro 24% se presenta en redes agalleras.
Asimismo, el decreto de creación del santuario ballenero mexicano establece que, en un plazo máximo de dos años, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) elaboraría programas de protección regionales. Ese plazo se vence hoy y la Semarnat no ha cumplido con esta obligación.
"En la protección de las ballenas, las buenas intenciones plasmadas en nuestra legislación están siendo coartadas por la irresponsabilidad y desdén de la Semarnat. Resulta indignante que mientras México ha mantenido una postura clara en favor de la protección y conservación de las ballenas en foros internacionales, como la Comisión Ballenera Internacional, en nuestro país se haga caso omiso de las obligaciones establecidas por la ley para la protección de las ballenas en mares mexicanos", denunció Héctor Magallón, coordinador de la campaña de biodiversidad en Greenpeace México. "A dos años de haberse decretado la creación del Santuario Ballenero Mexicano le exigimos a la Semarnat haga valer las leyes nacionales y cumpla con su obligación de proteger a las ballenas y los cetáceos de México".
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