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Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

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DF, México — A fines de enero, el gobierno de Grecia decidió prohibir los cultivos de maíz modificado genéticamente o transgénico, en particular la variedad de Monsanto MON810, para evitar daños al ambiente. En contraste, en México la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) está acelerando los trámites para permitir la siembra "experimental" de esa variedad. Con ello, las empresas agrobiotecnológicas Monsanto, Pioneer y Dow darán el primer paso en su proyecto de sembrar en México maíz transgénico a gran escala.

Según el Proyecto Maestro de Maíz que anunció Sagarpa a principios de 2006, el MON810 se sembraría en los campos experimentales del INIFAP Valle del Yaqui (Sonora), Valle de Culiacán (Sinaloa), Sur de Tamaulipas y Río Bravo (Tamaulipas).

El maíz transgénico MON810 fue alterado en su estructura genética con la intención de producir una proteína que actúe como insecticida y así repeler algunos insectos. Para ello, se insertó en la planta de maíz genes extraídos de la bacteria Bacillus thuringiensis (Bt).

Una de las principales preocupaciones para la agricultura es que con este tipo de maíz los insectos desarrollen resistencia a los insecticidas. Varios estudios científicos han corroborado que la exposición continua a esta planta fomenta la supervivencia de los insectos, que adquieren inmunidad genética al Bt como resultado de la la producción continua de la toxina por la planta de maíz transgénico, su alta concentración y su acumulación a lo largo del tiempo. De esta manera, el Bt pierde su eficacia como controlador de insectos.

Respecto a los efectos en la salud por la ingestión de este maíz transgénico, es poca la información disponible y enorme la incertidumbre. Como el proceso de inserción de genes es impreciso, los efectos no deseados son un riesgo que enfrentan los consumidores. Por ello, la Unión Europea y Suiza sólo han aprobado esta variedad para consumo animal.

No obstante, la Secretaría de Salud aprobó en México el MON810 para consumo humano. Dado que el etiquetado de transgénicos no es obligatorio, los consumidores no tiene herramientas para identificar en qué productos se encuentra este transgénico.

A lo anterior se suman los peligros que entraña la siembra de este maíz en México. Al ser nuestro país el centro de origen del maíz, permitir la siembra del transgénico abre las puertas para una futura contaminación genética a gran escala de la diversidad de maíces mexicanos.

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