DF, México —
Las políticas públicas que han favorecido la destrucción de ecosistemas, como los bosques, las selvas y los humedales costeros, han aumentado significativamente la vulnerabilidad de amplias regiones del país a eventos climáticos. El aumento de vulnerabilidad en México se agrava dado el escenario de fenómenos climáticos de mayor intensidad debido al cambio climático global, dio a conocer Greenpeace México.
Las políticas públicas que han favorecido la conversión de bosques y
selvas en campos de cultivo o pastoreo contribuyeron, de manera
significativa, al desastre ocurrido en ciudades como Motozintla y
Tapachula. Por otro lado, la destrucción de los humedales costeros, en
especial los bosques de manglar del estado de Quintana Roo, y en
particular en la zona turística de Cancún, aumentaron la vulnerabilidad
frente al huracán Wilma. La destrucción de humedales costeros y su
relación con el aumento de la vulnerabilidad quedó demostrada tanto en
Nuevo Orleáns frente al huracán Katrina como en Asia frente al Tsunami.
Ahora la constataremos nuevamente en Cancún.
La
única alternativa para mitigar los impactos de este tipo de fenómenos
climáticos es la protección y recuperación de los ecosistemas y la
disminución en las emisiones de CO2, de acuerdo con estudios realizados
por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas
se estarán agudizando. De acuerdo con la Declaración de Hyogo (ONU) se
"presagia un futuro de amenaza creciente de los desastres para le
economía mundial, la población del planeta y el desarrollo sostenible
de los países en desarrollo". Cabe decir que en México, de acuerdo con
el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), si bien el
costo de los daños ocasionados por desastres naturales varía año con
año, hay una tendencia al alza que llegó a los 1,200 millones de
dólares en 2002.
1. Stan y la deforestación en Chiapas
México
perdió la mitad de sus bosques en los últimos 50 años y presenta la
quinta tasa de deforestación a nivel mundial (1). Chiapas es uno de los
cuatro estados más deforestados, con una cobertura forestal degradada
en 76% (2). Este estado presenta una de las geografías más
accidentadas, lo que agudiza el proceso de erosión de suelos en áreas
deforestadas. La ciudad de Motozintla se encuentra a una altitud de
1,260 metros sobre el nivel del mar. Es una cuenca en forma de olla,
rodeada por montañas. Por su parte, Tapachula que se encuentra cercana
al nivel del mar, tiene a unos 30 kilómetros una sierra que alcanza una
altitud de 2,000 metros snm. La cuenca del río Coatán presenta también
un alto grado de deforestación.
Las políticas públicas, como el
actual programa Procampo, y la falta de apoyo para el aprovechamiento
forestal comunitario sustentable, ha provocado que las comunidades sólo
puedan acceder a apoyos convirtiendo la selva y los bosques en tierras
de cultivo o pastoreo. En Motozintla esto ha provocado que más de 50
mil hectáreas de las laderas de montaña que rodean a esta ciudad hayan
sido deforestadas y que con las lluvias torrenciales de Stan, la
erosión hídrica de los suelos desnudos enterrara gran parte de la
ciudad.
La reducción de la capacidad de los suelos deforestados
para infiltrar agua al subsuelo y en regiones con pronunciadas
pendientes como Chiapas, provoca uno de los procesos más agudos de
erosión de suelos que puede comprobarse en el sepultamiento de parte
importante de Motozintla y Tapachula por sedimentos arrastrados por el
agua.
2. Manglares en Quintana Roo
En
Cancún, los bosques de manglar han sufrido un proceso paulatino de
degradación, como consecuencia de la expansión de actividades como
ganadería, agricultura, pesquerías y, principalmente, del
establecimiento de centros de población y el desarrollo de complejos
turísticos. En el Caribe mexicano se registra la tasa anual de
deforestación de manglares más alta del país con casi 12% (3),
principalmente por la construcción de desarrollos turísticos.
El
propio José Luis Luege, secretario de Medio Ambiente, reconoció el
pasado 4 de octubre que "a los manglares, en años pasados y todavía en
esta administración no se les había reconocido la importancia que
tienen, que sirven de contención ante tormentas, pero también para la
conservación de las especies, porque ahí desovan muchas".
Recientemente, al referirse a lo que ha ocurrido en Quintana Roo, el
funcionario culpó a las administraciones priistas, que desde hace 30
años permitieron desarrollos turísticos en la zona de dunas y de
mangle, con lo que provocaron que el impacto de "Wilma" fuera más
fuerte y se inundaran más zonas de los hoteles (4).
La
realidad es que tanto PRI como PAN han incentivado esta destrucción. La
actual Semarnat promueve la destrucción de los manglares, pues durante
la gestión de Alberto Cárdenas de manera ilegal modificó la
NOM-022-Semarnat-2003 relativa a la protección de humedales costeros
precisamente por la presión de los desarrolladores turísticos en
Cancún. Esta modificación establece que mediante el pago de una
compensación económica es posible ignorar las medidas con que se
protegía el manglar. De no modificarse estas políticas y establecer
programas de rehabilitación de suelos, restauración de ecosistemas y
control de la erosión a lo largo de las cuencas, los daños en toda la
zona costera y marina serán irreversibles.
Entre las razones por
las que es necesario proteger los manglares está el hecho de que
atenúan las inundaciones y minimizan los efectos del oleaje provocado
por huracanes y tsunamis. Con el cambio climático se espera que se
incremente el riesgo de inundación de tierras bajas, la erosión de los
litorales blandos, el riesgo de intrusión salina y la frecuencia del
daño causado por tormentas (5). Sin manglares la vulnerabilidad aumenta
exponencialmente y con ella la pérdida de vidas.
Los mismos
desarrolladores turísticos han propiciado esta vulnerabilidad. Además,
irónicamente, con la promesa de ofrecer empleo han afectado la pesca
comercial de los pobladores locales deforestando los manglares, zonas
que utilizan muchas especies de valor comercial.
3. Cambio climático
Las
más recientes investigaciones del Panel Intergubernamental para el
Cambio Climático y los análisis del Centro de Ciencias de la Atmósfera
de la UNAM han encontrado una relación directa entre el cambio
climático y la intensidad de huracanes, lluvias e inundaciones. El
cambio climático ya provocó un aumentó de 0.6 grados centígrados en la
temperatura media global y un aumento del nivel del mar de 10 a 20 cm.
solamente en el último siglo. La temperatura y las concentraciones de
CO2 en la atmósfera (debidas a la quema de hidrocarburos y tala de
bosques) se han incrementado como nunca antes en los pasados 400 mil
años.
La temperatura media en el Atlántico en la pasada década
es de las más altas desde que se empezó documentar, en 1930: en julio
de 2005 se observó que estaba 1.1 grados por encima de lo normal.
También se ha documentado que el porcentaje de huracanes categoría 4 y
5 ha aumentado durante los pasados 30 años (6). De hecho, el pasado 19
de octubre, Wilma pasó a la historia como el huracán más intenso desde
que iniciaron estas mediciones, en 1851.
En lo que se refiere
a Chiapas, las lluvias provocadas por Stan entran dentro del rango de
lo atípico para la entidad: en 4 días hubo precipitaciones equivalentes
a lo que normalmente llueve en dos meses. Estas son las precipitaciones
registradas del 3 al 6 de octubre en diversas estaciones: de la región:
Novillero, 818mm; Tapachula Observatorio, 516mm; Tonalá, 648mm;
Despoblado, 741mm.
Además, huracanes y lluvias torrenciales
contribuyen a la desertificación. El huracán Gilberto en 1988 destruyó
distintos ecosistemas en Quintana Roo y al siguiente año los restos de
hojarasca, troncos y ramas sirvieron de combustible para los incendios
que cubrieron una gran extensión. Las lluvias que impactaron Chiapas en
1998 sobre terrenos de fuerte pendiente, erosionados y deforestados
causaron deslizamientos y flujos de lodo, sepultando con bastantes
sedimentos e inundando cultivos de frutales, lo que provocó la muerte
de árboles por asfixia y anegamiento.
"Greenpeace ha venido
denunciando los riesgos de la destrucción de los ecosistemas como los
manglares, los bosques y las selvas y así mismo ha advertido sobre la
amenaza que representa el cambio climático para nuestro país. La
protección que brindan los bosques y los manglares contra huracanes,
inundaciones y otros fenómenos cobra cada vez mayor importancia ya que
éstos se agudizarán debido al cambio climático. Es necesario que la
reconstrucción de los estados afectados considere los factores
ambientales que agudizaron los impactos y los corrija. No basta, como
ha declarado el secretario de medio ambiente José Luis Luege, con
establecer plantaciones forestales comerciales que no son bosques ni
brindan los beneficios de éstos. Es necesario restaurar los ecosistemas
característicos de la zona y esto aplica para todo el país, pues de lo
contrario, la afectaciones seguirán incrementándose", finalizó
Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.
Ante esta emergencia y sus razones, Greenpeace demanda al gobierno mexicano:
1.-
Adoptar una política nacional e internacional coherente en materia de
cambio climático e impulsar el desarrollo de las energías renovables.
2.
Incluir en la autorización de cualquier proyecto y de los ordenamientos
urbanos la identificación de riesgos frente a eventos climáticos.
3.
Un ordenamiento ecológico del territorio en las zonas afectadas que
impida el aumento de la vulnerabilidad y promueva la restauración de
los ecosistemas como forma de mitigación frente a eventos climáticos.
4.
Derogar la modificación a la norma 022 de protección de humedales,
introducida por la actual administración, que permite la destrucción de
manglares.
5. Incrementar de manera significativa el presupuesto
para el manejo comunitario forestal sustentable, actualmente fijado en
la ridícula cantidad de 0.02% del presupuesto total, a pesar de que las
comunidades son propietarias de 80% de los bosques del país.