No oigo, no veo, no hablo. Ese parece ser el lema de los gobiernos respecto al tema de la contaminación genética del maíz mexicano.
Ver imagenUn grupo asesor corporativo
Varios miembros del grupo asesor tienen antecedentes u ocupaciones que les impiden adoptar una posición neutral que reconozca los impactos de la contaminación genética del maíz. Estos personajes son Andrew Baum, José Luis Solleiro, Luis Herrera-Estrella y Peter Raven.
Andrew Baum. Es presidente y director general de SemBioSys Genetics, Inc., una compañía canadiense de biotecnología. Es miembro del consejo directivo de la Organización de la Industria Biotecnológica (BIO, por su sigla en inglés), una asociación de comercio industrial. Anteriormente fue director de desarrollo de negocios para Monsanto, actualmente es presidente del consejo de BIOAlberta y miembro del consejo de BIOTECanada.
José Luis Solleiro. Es director técnico de AgroBio México, asociación de comercio industrial fundada en 1999 y financiada por Aventis, Dupont, Monsanto, Savia (del Grupo Pulsar) y Syngenta. Hasta mediados del 2002, Solleiro fue director general de AgroBio México.
Luis Herrera-Estrella. Como investigador de la Universidad de Gante en Bélgica, Herrera-Estrella colaboró en la fundación de Plant Genetic Systems, una de las primeras compañías de biotecnología, y participó en el equipo que desarrolló la primer planta transgénica en el mundo. Una búsqueda simple en la base de datos de Patentes y Registros de los Estados Unidos descubre cinco patentes de invenciones biotecnológicas hechas por él. Ha sido miembro de los comités consultivos del Grupo Pulsar y Paradigm Genetics. Es miembro del consejo consultivo del Centro Danforth (ver Peter Raven) y era coordinador de investigación en el Cinvestav-Irapuato en 1991, cuando dicho instituto firmó su primer acuerdo de investigación con Monsanto. Hoy es director e investigador de dicho instituto.
Peter Raven. Director del Jardín Botánico de Missouri. Tiene vínculos cercanos con Monsanto, incluso relaciones personales. El jardín botánico recibe exorbitantes cantidades de financiamiento por parte de Monsanto. En 1996, la empresa le donó 2 millones de dólares para financiar un centro de investigación que en agradecimiento recibió el nombre de Centro Monsanto.
Monsanto iguala las contribuciones de sus empleados para el Jardín (225 mil dólares en 2003) y contribuye al fondo de operaciones (25 mil dólares el año pasado), además de que sus miembros directivos aportan recursos de manera privada. De hecho, en años pasados, el Jardín ha tenido en su consejo directivo a los siguientes miembros de Monsanto: el CEO, Robert Shapiro; el vicepresidente, Tom K. Smith, y el director de Investigación y Desarrollo, Howard Schneiderman. Actualmente, el Jardín colabora con el sector de nutrición de Monsanto para organizar una biblioteca de alimentos, recolectando muestras de todas las plantas usadas en el mundo como alimento y medicina. De hecho, el Instituto de Recursos Mundiales tiene a Monsanto en su lista de bioprospectores desde 1989 y considera al Jardín Botánico de Missouri como su recolector desde 1993.
El sitio de internet del Jardín se ufana: "la mayor parte de la investigación que hacemos nos convierte en un valioso recurso para la industria biotecnológica, la cual promete usar plantas para nuevos productos y nuevos tratamientos para enfermedades. El Centro Monsanto pondrá el programa del Jardín a la vanguardia".
Monsanto también aportó un terreno y una importante parte de los 146 millones de dólares que recibió para su arranque del Centro de Ciencias para Plantas de Danforth. El Jardín Botánico de Missouri es un socio original y Peter Raven está en el consejo directivo del Centro Danforth.
El "contrapeso"
Se podría argumentar que mientras el grupo estuviera balanceado, no importaba cuántas personas de la industria fueran parte del proceso, pero tantos representantes de la industria no tuvieron un contrapeso real. No fueron incluidas organizaciones no gubernamentales o indígenas, tampoco grupos como Consumers Policy Institute o la Union of Concerned Scientists, de Estados Unidos, o alguna organización de especialistas en maíz.
Ante los cuestionamientos se agregaron dos integrantes al grupo asesor: Mindahi Bastida-Muñoz y Lilia Pérez-Santiago.
El primero es miembro del Consejo Mexicano para el Desarrollo Sustentable y del Comité Consultivo Público Conjunto de la CCA, mismo que lo nombró para formar parte del grupo asesor como su representante. Es el único representante de una ONG ambiental y tiene una perspectiva crítica sobre la ingeniería genética.
La segunda forma parte de la Unión de Comunidades Zapotecas-Chinantecas de Producción Forestal. Fue agregada al grupo asesor ante la insistencia de los peticionarios de que estuviera un representante de las comunidades indígenas. Ella tiene un limitado conocimiento del inglés y todas las conferencias del grupo asesor se hicieron en ese idioma, por lo que su participación fue limitada.
Autores cuestionables
Además de la problemática composición del grupo asesor, algunos de los autores "independientes" elegidos para escribir los capítulos del informe también tuvieron conflictos de interés. Aquí mencionaremos sólo a dos de esos autores: Ariel Álvarez y Don Doering.
Ariel Álvarez. La relación de Álvarez con la industria de la ingeniería genética data desde la temprana colaboración entre el Cinvestav-Irapuato y Monsanto. Él ha sido un promotor incesante de los cultivos transgénicos desde entonces. En 2003, viajó a Washington, D.C., para participar en una reunión con el representante de Comercio y ministro de Agricultura de los Estados Unidos, Robert Zoelick. En esta reunión manifestó el apoyo de México al caso legal que EUA presentó ante la OMC en contra de la Unión Europea en el tema de los organismos genéticamente modificados.
Su capítulo final para el informe es tan tendencioso e incompleto que Greenpeace pidió que fuera desechado.
Don Doering. Si bien es miembro de Winrock International, organización no gubernamental que trabaja en agricultura y desarrollo rural, también forma parte del Consejo de Directores del Instituto para la Biotecnología Forestal, financiado por la industria de este sector y establecido para promover el uso de la biotecnología en los bosques. Por si fuera poco, es miembro del Consejo Consultivo Biotecnológico de Monsanto.
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