Skip navigation.
Estudios realizados por Greenpeace encontraron PCBs, DDT, 
hexaclorobencenos y otros tóxicos en siete ballenas varadas.

Ballenas, delfines y otros mamíferos marinos dependen de su oído, el cual es reventado por sonares de alta potencia.

Ver imagen

DF, México — Mientras las autoridades mexicanas evalúan si autorizan el uso de sonares de alta potencia en nuestros mares, llegan desde España y Hawaii evidencias que cuestionan el uso de esta tecnología.

El fin de semana pasado, al menos tres zifios de Cuvier (Ziphius cavirostris) aparecieron varados en las islas españolas de Lanzarote y Fuerteventura. Los varamientos sucedieron tras unas maniobras militares en las que tomaron parte las fuerzas armadas españolas.

A día de hoy existen sobradas evidencias científicas sobre la relación entre este tipo de maniobras y los varamientos atípicos y masivos de mamíferos marinos. El impacto real del ejercicio de la semana pasada puede ser mayor de lo que indican estos tres animales (más un cuarto que habría varado en las Islas Azores), ya que no todos los animales muertos llegan a varar en una playa.

El año pasado, con base en la ley estadounidense de protección de mamíferos marinos (Marine Mammal Protection Act), una juez estadounidense prohibió a la armada de este país el uso de sonares activos de baja frecuencia en el 40% del Océano Pacífico, dejando abierta la posibilidad de su uso en zonas consideradas "pobres" en vida marina. Claramente, éste no es el caso de las aguas entre las Islas Canarias, Madeira y Azores, bien conocidas por su importancia internacional para los mamíferos marinos.

Por ello, Greenpeace España ha pedido al Ministro de Defensa que presente este problema al Consejo de la OTAN y exija la aprobación de un estricto código de conducta que impida el uso de este tipo de sonares.

Lo mismo en el Pacífico

Una semana antes, pobladores de la isla hawaiana de Kauai notaron que alrededor de 200 ballenas calderón pigmeo, que usualmente permanecen en la profundidad del mar, se encontraban nadando cerca de la playa y mostraban síntomas de desorientación y estrés, situación que no se había presentado en Hawaii desde hace más de 150 años. Inclusive una ballena murió varada.

Todo indica que este comportamiento de las ballenas se debió al uso de sonares por parte de la industria naval norteamericana. Así lo señalan organizaciones como el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, las cuales han pedido que disminuya el empleo del sonar. Aunque dicha industria rechaza las acusaciones, un juzgado federal la encontró responsable por no haber considerado los efectos sobre el ambiente antes de emplear el sonar.

No obstante, la industria naval ha persistido en el uso del sonar ya que, en su opinión, la cantidad de accidentes en mamíferos marinos "es mínima".

En México, lo siguen pensando

En México, las autoridades ambientales, que deben conocer en detalle estos casos, están evaluando conceder permiso de exploración submarina al barco Maurice Ewing, equipado con sonares de alta potencia y cañones de aire que resultan letales para ballenas y otras especies marinas.

Las pruebas que el Maurice Ewing pretende realizar en el cráter de Chixulub en Yucatán pueden alcanzar niveles sonoros de hasta 262 decibeles. Esa estridencia supera en casi cien decibeles la máxima capacidad de tolerancia de las ballenas picudas o zifios (170 decibeles), una de las familias de mamíferos marinos más vulnerables a este tipo de experimentos. Además, cabe señalar que el sistema auditivo es vital y extraordinariamente sensible en especies como delfines y ballenas.