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Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

Una gran incertidumbre rodea al maíz transgénico.

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París, Francia — Porque su infracción "respondió a un estado de necesidad resultante de la difusión incontrolada de plantas transgénicas que constituyen un peligro actual e inminente para los bienes de otros, en el sentido de que pueden ser fuente de contaminación no deseada", el tribunal correccional de la ciudad de Orleans, en Francia, liberó a los 49 acusados de destruir campos sembrados con maíz genéticamente modificado.

El tribunal impuso a los llamados "faucheurs volontaires" (destructores voluntarios) una "multa solidaria" de 6 mil euros, contra los 398 mil auros que exigía la parte demandante, la trasnacional Monsanto, la principal productora de transgénicos en el mundo. Monsanto ya anunció que apelará la decisión.

De esta manera, el tribunal dio la razón al argumento sostenido desde la primera "acción destructora" (1999) realizada por organizaciones como la Confederación Campesina, con José Bové a la cabeza. Este mismo argumento ha sido sustentado por otros grupos como ATTAC y Greenpeace. (La Jornada, 12 de diciembre de 2005.)

Controles a una tecnología incierta

Las decisiones jurídicas no siempre han dado la razón a los "destructores". José Bové fue condenado a 14 meses de prisión por destruir plantas de arroz transgénico en el Centro Internacional de Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD) de Montpellier, la víspera de que fueran replantadas al aire libre en la zona de Camargo, en junio de 1999.

Actualmente, en la Unión Europea existen diversas restricciones a la importación de transgénicos.  Suiza, que no pertenence a la Unión Europea, acaba de optar por una moratoria de 5 años que prohíbe el cultivo de plantas genéticamente modificadas en su territorio. Esta decisión fue resultado de un referéndum en el que además el 55% de los votantes, así como los 22 cantones que integran la federación suiza, votaron porque no se desarrollen animales transgénicos. El referéndum fue resultado de una iniciativa popular lanzada en febrero de 2003 titulada "Por alimentos producidos sin manipulaciones genéticas".

En México se favorece a las corporaciones

Greenpeace México ha insistido ante las autoridades agrícolas, sanitarias y ambientales acerca de la necesidad de establecer estrictos controles a la importación de transgénicos y de realizar un monitoreo puntual de estos organismos, que permita una respuesta inmediata ante cualquier afectación al ambiente o a la salud de los consumidores. En caso de que las autoridades no puedan instrumentar estas medidas, se les ha exigido cerrar las fronteras a los transgénicos, principalmente en el caso del maíz, alimento básico en la dieta de los mexicanos y del cual México es centro de origen y diversidad, con lo cual este país es fundamental para garantizar la riqueza genética de este cultivo.

Pese a ello, las autoridades mexicanas no han adoptado medidas de control. Todo lo contrario, han dado todas las facilidades a corporaciones como Monsanto para que introduzcan sus granos genéticamente modificados mezclados con los convencionales y para que las empresas productoras de alimentos los utilicen en la preparación de su productos sin informar de ello a los consumidores.

Más información:
Guía roja y verde de alimentos transgénicos

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