El tribunal impuso a los llamados "faucheurs volontaires" (destructores
voluntarios) una "multa solidaria" de 6 mil euros, contra los 398 mil
auros que exigía la parte demandante, la trasnacional Monsanto, la
principal productora de transgénicos en el mundo. Monsanto ya anunció
que apelará la decisión.
De esta manera, el tribunal dio la razón al argumento sostenido desde
la primera "acción destructora" (1999) realizada por organizaciones
como la Confederación Campesina, con José Bové a la cabeza. Este mismo
argumento ha sido sustentado por otros grupos como ATTAC y Greenpeace.
(La Jornada, 12 de diciembre de 2005.)
Controles a una tecnología incierta
Las decisiones jurídicas no siempre han dado la razón a los
"destructores". José Bové fue condenado a 14 meses de prisión por
destruir plantas de arroz transgénico en el Centro Internacional de
Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD) de Montpellier, la
víspera de que fueran replantadas al aire libre en la zona de Camargo,
en junio de 1999.
Actualmente, en la Unión Europea existen diversas restricciones a la
importación de transgénicos. Suiza, que no pertenence a la Unión
Europea, acaba de optar por una moratoria de 5 años que prohíbe el
cultivo de plantas genéticamente modificadas en su territorio. Esta
decisión fue resultado de un referéndum en el que además el 55% de los
votantes, así como los 22 cantones que integran la federación suiza,
votaron porque no se desarrollen animales transgénicos. El referéndum
fue resultado de una iniciativa popular lanzada en febrero de 2003
titulada "Por alimentos producidos sin manipulaciones genéticas".
En México se favorece a las corporaciones
Greenpeace México ha insistido ante las autoridades agrícolas,
sanitarias y ambientales acerca de la necesidad de establecer estrictos
controles a la importación de transgénicos y de realizar un monitoreo
puntual de estos organismos, que permita una respuesta inmediata ante
cualquier afectación al ambiente o a la salud de los consumidores. En
caso de que las autoridades no puedan instrumentar estas medidas, se
les ha exigido cerrar las fronteras a los transgénicos, principalmente
en el caso del maíz, alimento básico en la dieta de los mexicanos y del
cual México es centro de origen y diversidad, con lo cual este país es
fundamental para garantizar la riqueza genética de este cultivo.
Pese a ello, las autoridades mexicanas no han adoptado medidas de
control. Todo lo contrario, han dado todas las facilidades a
corporaciones como Monsanto para que introduzcan sus granos
genéticamente modificados mezclados con los convencionales y para que
las empresas productoras de alimentos los utilicen en la preparación de
su productos sin informar de ello a los consumidores.
Más información:
Guía roja y verde de alimentos transgénicos