El informe
"Frágil: nuestra salud reproductiva y la exposición química"
recopila los resultados de estudios científicos que muestran, por
primera vez, un cuadro exhaustivo sobre el incremento de desórdenes en
la salud reproductiva, debido a la creciente presencia de productos
químicos en nuestras vidas.
Los estudios, realizados sobre contaminantes orgánicos persistentes
(COP) y otras sustancias químicas peligrosas, han demostrado que los
recuentos de esperma han bajado a la mitad en los últimos 50 años
en muchos países y que el descenso continúa en 1 por ciento anual; que
ha aumentado en 20 por ciento la esterilidad del esperma; que el
recuento de esperma en jóvenes europeos es muy bajo; que la
infertilidad afecta actualmente a entre 15 y 20 por ciento de parejas
en países industrializados (hace 30 años era 8 por ciento), y que las niñas llegan a la pubertad a edades
cada vez más tempranas. Además, el cáncer de
testículos se ha vuelto común.
Greenpeace encontró en la sangre de adultos y de niños una amplia gama
de sustancias químicas sintéticas elaboradas por los seres humanos y
encontró que, por lo general, la placenta no suele actuar como barrera
contra las sustancias químicas presentes en el cuerpo de la madre. Se
ha descubierto que tanto el líquido amniótico en el que se desarrollan
los fetos como el flujo sanguíneo hallado en el cordón umbilical
contienen sustancias químicas peligrosas. Muchos de los desórdenes
causados por la exposición a químicos se manifiestan desde que el bebe
está en el útero e inmediatamente después de nacer.
"Estas investigaciones evidencian el vínculo entre la exposición
química y los daños en nuestro sistema reproductivo. Cualquier
sustancia química que tenga potencial para dañar a los humanos debe ser
retirada y sustituida por opciones seguras", dijo David Santillo,
coautor del informe y miembro de la Unidad Científica de Greenpeace.
Los productos y sus amenazas
Entre los productos identificados se encuentran los productos
de higiene personal y los cosméticos (que contienen alquilfenoles, polímeros, disolventes y fijadores); productos de las industrias
eléctrica y electrónica, vehículos, textiles y muebles (a los que se incorporan retardantes de flama bromados);
biberones, discos compactos, resinas epoxi, usadas en el empaquetado de comida (con policarbonato);
plásticos (con bisfenol A);
fragancias
para detergentes, telas, acondicionadores, agentes de limpieza,
ambientadores, cosméticos como jabones, shampúes y perfumes (con almizcles sintéticos).
El mayor riesgo estriba en que la mayoría de los químicos que se
utilizan comercialmente nunca han sido probados para garantizar que
sean seguros para la salud humana y el ambiente.
"Este tipo de investigación debe ser considerada para enlistar
sustancias químicas que actualmente no han sido incluidas en el
inventario de emisiones de nuestro país (el Registro de Emisiones y
Transferencia de Contaminantes)", afirmó Marisa Jacott, coordinadora de
la campaña de tóxicos de Greenpeace México.
Más información en el comunicado de prensa:
Afecta la industria química nuestra salud reproductiva.