Desde muy temprano, el pasado 29 de septiembre, socios y amigos de Greenpeace compartimos una gran experiencia en Playa Ventura, Guerrero. Tuvimos la oportunidad de entrar en contacto directo con las enigmáticas y fascinantes tortugas marinas, ser testigos de las amenazas que enfrentan y, por ello, comprender la importancia de las labores de protección para preservar a esta especie que desafortunadamente está en peligro de extinción.
Tras un largo y caluroso viaje, llegamos al campamento tortuguero “El Garapacho” donde nuestros amigos de Odisea nos esperaban con unos deliciosos cocos. De inmediato nos instalamos en nuestras habitaciones o tiendas de campaña en la playa y pasamos al comedor a reponernos del largo viaje.
Campamento tortuguero Greenpeace 2006 en "El Garapacho", Playa Ventura, Guerrero.
Más tarde, varios voluntarios ayudaron en la limpieza de un nuevo vivero creado para garantizar que nazcan miles de tortugas bajo la protección y los cuidados necesarios. Este vivero se construyó, en buena medida, gracias a la aportación económica de los socios de Greenpeace que asistieron a este campamento. Mientras tanto, en el cielo flotaban papalotes de colores que volaban otros asistentes, y en la arena algunos más daban forma a esculturas de tortugas.
Ya entrada la noche, todos nos reunimos para escuchar a Mauricio, coordinador de “El Garapacho”, quien nos explicó todo acerca del desove de tortugas, del cuidado que requiere esta especie para sobrevivir y los peligros que corre antes de llegar a la edad adulta, cuando regresa a anidar en la playa donde vio la luz por primera vez.
Al menos una tortuga
Campamento tortuguero Greenpeace 2006 en "El Garapacho", Playa Ventura, Guerrero.
Esa primera noche, bajo un cielo cubierto de estrellas y una luna resplandeciente, nos preguntábamos si podríamos ver al menos una tortuga. A las 11 de la noche nos dividimos en varios grupos; a cada uno se le asignó un kilómetro de playa para que lo patrullara. Niños y adultos permanecíamos con los ojos bien abiertos, atentos a la salida del mar de alguna tortuga golfina. Ni el cansancio ni el sueño nos hacían desistir ante la posibilidad de vivir esa gran experiencia. Esa noche algunos tuvieron la suerte de presenciar el arribo de tortugas y su desove, así como poner a salvo los huevos para darles una esperanza de vida.
Los rostros eran de asombro ante la imponente presencia de las tortugas marinas. Para algunos de nosotros era nuestra primera experiencia y fue impactante observar ese mágico ritual que sólo la naturaleza comprende a plenitud.
Otras veces el escenario era desolador y triste al ver con impotencia que algunas personas, los llamados “hueveros”, llegaban antes que nosotros para saquear los nidos y llevarse los huevos para comercializarlos. En ocasiones atrapaban incluso a la tortuga, privándola de su libertad y posiblemente de la vida. Eso nos impactaba, pero también nos daba más fuerza para continuar con nuestra labor y llegar primero a donde arribara una tortuga, y es que, desafortunadamente, nunca vimos patrullar a las autoridades para evitar y sancionar ese grave delito que nosotros presenciábamos.
Dejamos la playa más limpiaCientos de botellas de plástico, taparroscas, vasos y platos de plástico, botellas de vino, latas de aluminio, envases de tetrapack, colillas de cigarros y más basura se encontraba en esa playa. Durante el recorrido nocturno recogimos esos desechos. Cada bolsa que llevábamos se llenó de basura hasta el tope. Sabíamos que miles de kilómetros de playa tienen este problema y que todos debemos participar en esa tarea de limpieza. Nosotros hicimos nuestra parte en esta playa.
Comprendimos que incluso una “insignificante” tapa de refresco puede obstruir el camino hacia el mar de una tortuga recién nacida o, peor aún, puede ocasionar la muerte por asfixia de algún ser marino; entonces, la basura ya no era insignificante.
Las labores de patrullaje concluían alrededor de las cinco de la mañana. Nos invadía el cansancio, pero también la felicidad de haber puesto un grano de arena en la conservación de las tortugas marinas.
El sábado muy temprano algunos, los que despertaron a tiempo, dieron un paseo en lancha por la laguna (los demás lo hicieron el domingo). Posteriormente visitamos el manglar de la hermosa Playa de Piedra y nos regocijamos admirando ese maravilloso paisaje.
Una nueva vida
Campamento tortuguero Greenpeace 2006 en "El Garapacho", Playa Ventura, Guerrero.
Por la tarde del sábado, cuando el sol descendía, volvimos al nuevo vivero. Lamentablemente ese día, por condiciones climáticas, sólo nacieron 5 tortuguitas. Los niños las liberaron al mar con la esperanza de que vuelvan en algunos años; sin embargo, sentimos que estaban muy débiles (y sabíamos que por selección natural sólo sobreviven las más fuertes).
Esa noche, antes del patrullaje, a la luz de la luna encendimos una fogata y cantamos y bailamos un poco. Después nos fuimos a recorrer otra vez la playa en busca de más tortugas para poner a salvo sus huevos.
Una tormenta nos mostró otra forma de la naturaleza, con una tempestuosa lluvia, truenos que producían destellos en el cielo cubierto por nubes y un mar agitado.
Campamento tortuguero Greenpeace 2006 en "El Garapacho", Playa Ventura, Guerrero.
El domingo muy temprano, cuando estábamos todos a punto de desayunar, llegó Mauricio con unas tortuguitas recién nacidas. Todos estábamos emocionados: las observábamos asombrados, fascinados. Y procedimos a liberarlas.
Y emprendimos el regreso a la cuidad de México, bastante cansados pero esta experiencia vale cualquier esfuerzo.
Agradecemos a toda la comunidad Greenpeace que nos acompañó en esta aventura. Esperamos que nos envíen sus comentarios y compartan con nosotros sus fotos.