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Con réplicas de tanques de almacenamiento de gas, activistas de Greenpeace demandaron apoyo para fuentes de energía seguras y renovables.
Ver imagenEmpresas como Shell, Sempra, Chevron y Texaco insisten en construir plantas de regasificación de GNL en la frontera norte de México, con el argumento de que servirán para asegurar el abasto de electricidad en nuestro país y traerán diversos beneficios a la región. La realidad es que este tipo de proyectos representan numerosos riesgos; de hecho, en Estados Unidos los proyectos para erigir este tipo de plantas han sido rechazados en Vallejo (California), Oxnard (Maine) y Eureka (Alabama), debido a la oposición de las comunidades por el peligro que representan.
México carece de una política energética integral a mediano y largo plazos. Mientras Estados Unidos no toca sus reservas estratégicas de combustibles fósiles, México explota aceleradamente sus reservas para abastecer a ese país, dirigiéndonos con ello hacia la dependencia externa y sin desarrollar el enorme potencial que existe en las energías renovables.
"La estrategia del secretario de Energía Felipe Calderón para resolver nuestros problemas energéticos es acatar las solicitudes de compañías transnacionales y aumentar las importaciones de combustibles fósiles en lugar de diversificar las fuentes que utilizamos para producir energía. Si bien es cierto que no podemos seguir dependiendo del gas natural de Estados Unidos, resulta absurdo que ahora se pretenda depender del gas de Indonesia, Australia, Rusia o el Golfo Pérsico. Esto aumenta nuestra vulnerabilidad tanto frente a conflictos en esas regiones como frente a la variabilidad de los costos de este combustible no renovable que seguirán incrementándose. Tarde o temprano pagaremos los costos", afirmó Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.
Además, el objetivo principal de las plantas de GNL que se pretende construir en Baja California es abastecer el mercado californiano, lo que nos convertirá en la maquila de energía de Estados Unidos. Por esta razón, junto a las esferas de GNL con los logos de las transnacionales, los activistas de la organización desplegaron una manta con los mensajes: "No más riesgos", "Elige las energías renovables" y exigieron a la Secretaría de Energía prestar atención a la creciente oposición ciudadana a estos proyectos y decir no a estas empresas que buscan ganancias a corto plazo y que convertirán a México en el patio trasero de Estados Unidos.
Al respecto, cabe añadir que California está tomando medidas para no depender del GNL: en el año 2002 la Asamblea de California decidió convertir a ese estado en líder de su país en energía renovable y tomar las medidas necesarias para que antes del 2017 al menos 20 por ciento de su energía sea producida por fuentes de energía limpia: viento, sol y geotermia. Y en su nueva legislación ha establecido que ese objetivo se cumpliría para el año 2010.
El Plan de Inversión sobre Recursos Energéticos de esta entidad detalla una estrategia para prevenir crisis energéticas resolviendo los déficit de abastecimiento de energía de California a través de la eficiencia energética, la conservación de energía y de la generación de energía por medio de fuentes renovables, limpias y seguras. En total, se planea invertir $12 mil millones de dólares en este rubro de ahora al 2007 (1).
Para obtener GNL es necesario enfriarlo a 165 grados centígrados bajo cero. Para ello se utiliza una tecnología criogénica. Los riesgos del GNL se deben esencialmente a la gran cantidad de gas que se "comprime": en un metro cúbico se almacenan 600 metros cúbicos de gas en su estado normal; esto puede causar graves accidentes, entre ellos el de Cleveland en 1944, que mató a 128 personas; de Staten Island en 1975, que mató a 45 personas o la nube de vapor en Boston en 1988 y, el más reciente, de enero de 2004, ahora en Algeria (segundo exportador de GNL), que dejó un saldo de 23 muertos y casi un centenar de heridos (3).
Estos riesgos también se evidencian en el costo de protección de cada embarque. Estos costos, en el caso de los embarques a Boston, son de unos $80,000 dólares por cada uno. De este monto al menos 30 mil dólares son pagados por la ciudadanía. Si tomamos en cuenta que llega un embarque cada tres días, estamos hablando de que cada año en ese país se gastan 3,630,000 dólares mismos que provienen de los impuestos de las comunidades (2). El costo de esta protección se ha elevado pues las medidas de seguridad se han ido haciendo más extremas debido al hecho de que estas instalaciones son susceptibles de ser blancos terroristas. Actualmente, por ejemplo en el caso de Boston las medidas de protección incluyen "escolta de patrullas marítimas, helicópteros, buzos policía, remolques contra incendio y el cierre del Puente Tobin, además de que las embarcaciones de la policía de Massachussetts están situadas estratégicamente a lo largo de la costa para prevenir posibles ataques de misiles terrestres (4). Al respecto, cabe destacar que debido a que las instalaciones de GNL de Baja California serán principalmente para proveer de gas natural a Estados Unidos, serían un blanco terrorista.
"Aún no es claro en México quién pagará por las medidas de seguridad, pues su costo se está elevando rápidamente. En Estados Unidos se gastan millones de dólares en proteger los tanques y las terminales. Legisladores y políticos mexicanos han advertido que México estará obligado a dar seguridad a un proyecto que será parte del sistema energético de los Estados Unidos, eso aparte de que el proyecto (Chevron Texaco) podría violar la soberanía de México y comprometer la seguridad nacional. En conclusión, existe el riesgo de un acto de sabotaje o terrorista en una planta instalada en México con el fin de afectar el abasto en el estado de California", agregó Moreno.
De aprobarse estos proyectos de GNL en la frontera, lo que el gobierno mexicano hará es instalar una bomba de tiempo en esa región. Hay que tener presente que México tiene una larga trayectoria de tragedias asociadas al uso de gas u otros combustibles: el accidente de 1984 en San Juan Ixhuatepec, que mató a 650 personas e hirió a otras 2,500; otro accidente en el mismo sitio ocurrido en 1986 mató a 4 personas e hirió a 1000; el accidente de Guadalajara de 1992, ocasionado por vertidos de combustible, provocó la muerte de 190 personas, dejó 500 heridos y 6,500 damnificados, y un accidente en el centro del procesador de gas natural más grande del país, en Cactus, Chiapas, en 1996 mató a 6 personas y lesionó a 30. Esto por sí mismo basta para no promover la instalación de este tipo de plantas en nuestro país.
Notas
1. Clean Growth: Clean Energy for California's Economic Future Energy Resource Investment Plan of the California Consumer Power and Conservation Financing Authority, febrero de 2002.
2. Paul W. Paformak, "Liquefied Natural Gas (LNG) Infrastructure Security: Background and Issues for Congress," Congressional Research Service, Library of Congress, septiembre 9, 2003.
3. Ben Raintes, Mobile Register, abril de 2004.
4. JINSA Editorial Assistant Jonathan Howland, abril 1, 2004.
Para mayor información, comunicarse con Cecilia Navarro a los teléfonos 5530-2165 ext. 220 o 04455-5172-9869.