El reporte “Frágil: nuestra salud reproductiva y la exposición química”
recopila los resultados de estudios científicos que muestran, por
primera vez, un cuadro exhaustivo sobre el incremento de desórdenes en
la salud reproductiva, debido a la creciente presencia de productos
químicos en nuestras vidas.
Los estudios, realizados sobre contaminantes orgánicos persistentes
(COP) y otras sustancias químicas peligrosas, han demostrado que los
recuentos de esperma han bajado un 50 por ciento en los últimos 50 años
en muchos países y que el descenso continúa en 1 por ciento anual; que
ha bajado la calidad del esperma en hasta 20 por ciento; que el
recuento de esperma en jóvenes europeos es muy bajo; que la
infertilidad afecta actualmente a entre 15 y 20 por ciento de
parejas en países industrializados (a principios de los años 70 la
infertilidad era de entre 7 y 8 por ciento), y que las niñas llegan a
la pubertad a edades cada vez más tempranas en algunas regiones.
Además, el cáncer de testículos se ha vuelto algo común.
Greenpeace analizó la presencia en la sangre de adultos y de niños de
una amplia gama de sustancias químicas sintéticas elaboradas por los
seres humanos y encontró que por lo general, la placenta no suele
actuar como barrera contra las sustancias químicas presentes en el
cuerpo de la madre. Se ha descubierto que tanto el líquido amniótico en
el que se desarrollan los fetos como el flujo sanguíneo hallado en el
cordón umbilical contienen sustancias químicas peligrosas.
La proporción de nacimientos entre hombres y mujeres también ha
cambiado en algunos lugares y los defectos de nacimiento en el sistema
reproductivo están aumentando notablemente en bebes de sexo masculino.
“Estas investigaciones evidencian el vínculo entre la exposición de los
humanos a químicos y los daños en nuestro sistema reproductivo.
Cualquier sustancia química que pueda potencialmente dañar a los
humanos debe ser retirada y sustituida por opciones seguras", dijo
David Santillo, coautor del informe y miembro de la Unidad Científica
de Greenpeace.
Muchos de los desórdenes causados por la exposición a químicos se
manifiestan desde que el bebe está en el útero e inmediatamente después
de nacer. Entre esos químicos están:
- alquilfenoles, que se utilizan en productos de higiene personal;
- plaguicidas, usados en las industrias textil, del cuero y en actividades agrícolas;
- ftalatos, usados como plastificantes en PVC;
- polímeros, disolventes y fijadores, usados en cosméticos y
productos de higiene personal y que provocan toxicidad testicular,
reducción de la distancia anogenital, hendidura en el pene, hipospadia,
reducción de la fertilidad masculina y femenina y daños al feto;
- retardantes de flama bromados, utilizados en las industrias
eléctrica y electrónica, vehículos, iluminación, cableado, textiles,
muebles;
- poliestireno, usado en materiales aislantes y que provoca
defectos de nacimiento en roedores, daña el sistema nervioso y el
comportamiento;
- bisfenol A, utilizado en la producción de plástico;
- policarbonato, utilizado en biberones, discos compactos, parabrisas;
- resinas epoxi, usadas en el empaquetado de comida y que alteran
los órganos reproductivos masculinos, adelantan la pubertad y reducen
la producción de leche materna;
- almizcles sintéticos, utilizados en fragancias para detergentes,
telas, acondicionadores, agentes de limpieza, ambientadores, cosméticos
como jabones, champús y perfumes.
Estos químicos representan apenas una parte del problema. La mayoría de
los químicos que se utilizan comercialmente nunca han sido probados
para saber si son seguros o no para la salud humana y el ambiente.
“Este tipo de investigación debe ser considerada para enlistar
sustancias químicas que actualmente no se contemplan en el futuro
inventario de emisiones de nuestro país (el Registro de Emisiones y
Transferencia de Contaminantes)”, afirmó Marisa Jacott, coordinadora de
la campaña de tóxicos de Greenpeace México.
En la legislación de la Unión Europea (REACH /2) actualmente se esta
discutiendo la posibilidad de que existan controles e inspecciones
mucho más estrictas para el uso de químicos, pero ciertos fabricantes
de químicos están haciendo presión para que esto no suceda, es decir
para que la ley permita se continué con el uso de sustancias que se
sospechan pueden dañar nuestro sistema hormonal y órganos sexuales.
Greenpeace sostiene que no existe justificación alguna para que
se siga permitiendo el uso de químicos peligrosos que dañen el
desarrollo de los niños y que además puedan perjudicar su desarrollo
sexual. Gobiernos y miembros del Parlamento Europeo tendrán que votar
en la Unión Europea la regulación sobre químicos al final del año.
“México necesita una legislación en materia de sustancias químicas en
la cual se aplique el principio precautorio y que no autorice el uso de
sustancias y preparados químicos que pueden dañar la salud humana o el
ambiente. Si la Unión Europea está preocupada por los problemas de
salud que se están presentando en sus habitantes, es mucho más
alarmante para países como el nuestro, donde existe una exposición
ocupacional a sustancias mucho más persistentes, bioacumulables y
tóxicas”, concluyó Jacott.
Para más información comunicarse con
Cecilia Navarro a los teléfonos 5530 21 65 ext. 220 y 04455 5172 9869 o
visitar la página www.greenpeace.org.mx.