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Por autorizar transgénicos para consumo humano sin estudios previos, 
activistas de Greenpeace clausuraron la Secretaría de Salud.

Por autorizar transgénicos para consumo humano sin estudios previos, activistas de Greenpeace clausuraron la Secretaría de Salud.

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DF, México — Salud ha mentido sistemáticamente: mientras niega tener conocimiento de que hubiera transgénicos en los alimentos, expedía autorizaciones a las empresas sin evaluar los riesgos. Con pruebas documentales, activistas decidieron "clausurar" esta dependencia y colocaron una manta que rezaba: "Esta secretaría pone en riesgo su salud".

Documentos oficiales de la Secretaría de Salud (Ssa) en poder de Greenpeace revelaron que esta dependencia ha expedido, desde 1995, autorizaciones a diversas transnacionales para comercializar, por lo menos, 22 variedades de canola, soya, algodón, maíz, papa y jitomates transgénicos para consumo humano en México, sin llevar a cabo ninguna evaluación científica que demuestre que dichos organismos no afectarán la salud de los consumidores.

Para denunciar esta atentado contra la salud pública, activistas de Greenpeace se encadenaron y clausuraron hoy simbólicamente la entrada principal de la Secretaría de Salud con una manta en la que se leía "Esta Secretaría pone en riesgo su salud". Esta demostración pacífica comenzó a las 7 de la mañana. Los miembros de la organización ambientalista anunciaron que permanecerían ahí hasta que la dependencia se comprometiera a reevaluar las autorizaciones y los procedimientos con que se otorgaron.

"Es increíble que llevemos por lo menos 9 años consumiendo transgénicos y que además de que nadie nos informa que nuestros alimentos han sido genéticamente modificados, la dependencia responsable de velar por nuestra salud no haya llevado a cabo los análisis de riesgo sanitario necesarios para garantizar que un transgénico utilizado como alimento no afectará la salud de los consumidores mexicanos", dijo Areli Carreón, coordinadora de la campaña de consumidores de Greenpeace México.

Las autorizaciones para la comercialización destinada a consumo humano de cultivos transgénicos de soya, papa, algodón, canola, jitomate y maíz corresponden a las siguientes empresas: 20 a Monsanto, 1 a Híbridos Pionner de México y 1 a Dow AgroSciences.y fueron otorgadas únicamente en calidad de "visto bueno" -sin evaluación y sin sustento legal-, por parte de la Dirección de Normalización Sanitaria de la Secretaria de Salud y posteriormente de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Los 22 transgénicos aprobados de esta manera se encuentran en ingredientes como materia prima, aceites, harinas o jarabes usados en diversos alimentos procesados tales como conservas, panes, tortillas, alimentos de bebé, cereales, refrescos y cervezas pero ninguna etiqueta nos lo informa.

"Con el hallazgo de estas autorizaciones queda además en claro que la Secretaría de Salud le ha mentido a la sociedad. Desde 1999, Greenpeace le solicitó a esa dependencia pública información sobre la introducción y el consumo de organismos transgénicos a nuestro país, en particular del maíz, y funcionarios de esta dependencia negaron en reiteradas ocasiones, por escrito y en documentos oficiales, tener evidencias del ingreso a nuestro país de productos biotecnológicos, cuando ellos mismos las habían autorizado", afirmó Alejandro Calvillo, director de Greenpeace México.

Las autorizaciones se fundamentaron en el análisis de escritorio de la información suministrada por las empresas solicitantes y no en evaluaciones de riesgo realizadas por la propia Ssa. Es decir, la decisión de si dichos transgénicos pueden resultar alérgenos, tóxicos o representar algún riesgo para los consumidores mexicanos se basa en los estudios realizados por las propias empresas en el país de origen (en este caso Estados Unidos, donde numerosas organizaciones han señalado la laxitud con que se autoriza la liberación de transgénicos) y no mediante una minuciosa investigación científica e pública, independiente de los intereses de las empresas y realizada en nuestro país, en función de nuestros patrones de consumo y características.

El documento "Procedimiento de evaluación de inocuidad de OGM destinados al consumo humano", elaborado por la Cofepris en diciembre de 2003, establece como primer requisito para evaluar un transgénico el "contar con el documento de aprobación emitido por la autoridad competente del país de origen del OGM" pero no el realizar investigaciones de campo y en laboratorio. Los evaluadores se limitan a realizar una "ponderación de riesgos" que consiste en asignar una calificación a los posibles riesgos (insignificante, baja, media o alta) a partir de la información de las empresas.

"Como sabemos, las transnacionales agrobiotecnológicas nunca han hecho evaluaciones de impactos en la salud de mediano y largo plazos. Y dado que sólo les interesan sus beneficios económicos, ¿qué tipo de información estarán suministrando? Una evaluación de riesgo para la salud basada en lo que Monsanto pueda decir es una pésima broma", afirmó Carreón.

Este procedimiento de "evaluación" simula retomar las recomendaciones del Codex Alimentarius (1), pero las interpreta y aplica de manera tal que dicha evaluación es en realidad un mero trámite burocrático. De hecho, dicho procedimiento omite elementos fundamentales del Codex para garantizar la seguridad pública tales como la evaluación de las consecuencias adversas si éstas ocurriesen realmente, recomendaciones para gestionar estos riegos, el etiquetado de productos, su rastreabilidad, el monitoreo postcomercialización para retirar del mercado productos que pudieran causar problemas a la salud, la comunicación de riesgo, el escrutinio público (consulta pública) y el retiro indubitable de genes marcadores con resistencia a antibióticos.

Las seudoevaluaciones otorgadas por la Cofepris parten del concepto de "equivalencia sustancial (2) que desde julio de 2003 no es recomendado por el Codex Alimentarius, debido a que no constituye una evaluación de riesgo en sí misma, pues no se puede partir de considerar que un alimento convencional y uno transgénico son lo mismo.

Algunas de las mentiras vertidas por la Secretaría de Salud:

- El 26 de abril de 1999, José Meljem Moctezuma, director general de calidad sanitaria de bienes y servicios de la Ssa negó "tener evidencia de introducción al país de productos biotecnológicos", pese a que él en persona firmó autorizaciones para su comercialización para consumo humano desde 1996 (oficio número 401/_576/99).
- Acerca de si esa dependencia había autorizado el consumo de maíz transgénico, en junio de 1999, José Campillo, subsecretario de regulación y fomento sanitario, respondió: "Esta Secretaría no ha autorizado el consumo de este producto en el país y [dado] que su importación es regulada por la Sagar, la que, hasta donde conocemos tampoco ha autorizado este producto (oficio número 03/1215).
- Desde 1999 la Ssa dijo que considera importante la etiqueta de los alimentos indique si estos son o contienen transgénicos e incluso lo incorporó a la Ley General de Salud, pero no ha desarrollado las normas para aplicar esta medida (oficio número 03/1215).
- Luego de que Greenpeace presentara, el 13 de abril del 2000, una denuncia popular contra funcionarios de la Ssa por la introducción de productos o derivados de transgénicos al territorio nacional sin efectuar control sanitario en el proceso de importación de alimentos al que lo obliga la ley, Meljem respondió que no han detectado situaciones que requieran medidas de seguridad especiales y que en el caso del maíz, la única solicitud que recibió fue rechazada.
- El 17 de septiembre de 2003, Greenpeace presentó un procedimiento de queja por responsabilidad administrativa contra diversos funcionarios entre ellos, el secretario de Salud, en el que se reclamaba, entre otros puntos, que las normas sobre etiquetado no han sido publicadas. El Órgano Interno de Control de la Secretaría de Salud respondió que archivaría el expediente "por falta de elementos" (oficio número 12/1.0.3.0.1/690/2004).

Por todo esto, Greenpeace exige a la Secretaría de Salud:

- Cancelar inmediatamente las autorizaciones otorgadas.
- Retirar inmediatamente del mercado los productos que contenga esos transgénicos sin el procedimiento de evaluación adecuado.
- Acatar realmente las disposiciones del Codex Alimentarius para evaluar la inocuidad de los alimentos.
- Indicar de manera clara en la etiqueta de los alimentos si éstos contienen o son derivados de transgénicos.


Notas

1. El Codex Alimentarius son lineamientos acordados entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que se dan en el marco de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el marco del Codex los gobiernos abordan lo relativo a normas alimentarias y hay una mesa especial sobre los alimentos derivados de la biotecnología, que se reunió en julio del 2003 y en donde se acordaron los criterios para manejar lo relativo a alimentos transgénicos. México es parte de este grupo de discusión y elaboración de lineamientos.

2. La contraparte convencional es el equivalente sustancial u homólogo convencional, entendido como aquella variedad/organismo relacionado, sus componentes y productos sobre los cuales hay experiencias de seguridad establecida basadas en su uso común como alimento.


Para mayor información comunicarse con Cecilia Navarro a los teléfonos 5530-2165 ext. 220 o visitar la página www.greenpeace.org.mx.

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